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MUNICH. Fin de semana en la bonita capital bávara.

Múnich es la capital del estado alemán de Baviera y un excelente lugar para pasar un fin de semana, sobre todo si tienes la suerte -como fue nuestro caso- de que el sol luzca todo el día, pues es una ciudad de agradables paseos donde la gente desea que llegue el buen tiempo para lanzarse a la calle.

Llegar a Múnich desde su aeropuerto es muy fácil, pues el tren interurbano te lleva desde la terminal hasta la estación central. En sus cercanías teníamos el hotel, por lo que después de dejar las maletas en la habitación nos lanzamos a descubrir la ciudad.

Si vais a viajar a Múnich os recomiendo nuestro artículo acerca de qué ver en Múnich, mucho más completo y escrito a raíz de una segundavisita a la capital bávara.

Que visitar en Munich durante 24 o 48 horas

Parece que cualquier visita a Múnich debe empezar por Marienplatz, donde hay uno de los ayuntamientos más espectaculares de Europa. Así, vamos caminando por las calles peatonales de fácil paseo, llenas de comercios y grandes almacenes hasta llegar a esta espectacular plaza dominada por el edificio neogótico del Nuevo Ayuntamiento, que se corona con una preciosa torre (donde se puede subir) y donde cada día al mediodía suena un carillón, mientras pasean unas figuras de madera.

En la misma plaza se puede tomar un café o una cerveza en alguna de las terrazas, desde donde se admira el ayuntamiento nuevo y el viejo y más allá, las torres de la Frauenkirche, una de las iglesias más emblemáticas de la ciudad, revestida enteramente de ladrillo y con dos esbeltas torres en su fachada occidental. La entrada a la Frauenkirche se hace desde una plaza a tres minutos de Marienplatz.


También es muy interesante la cercana iglesia Peterkirche, barroca, y que tiene su mejor reclamo en su campanario, pues las vistas que se pueden ver desde lo alto te dejan sin aliento, con el ayuntamiento en primer término, seguido de la Frauenkirche, detrás, y en la lejanía, toda la extensión de la ciudad de Múnich, con el Estadio Olímpico o las Torres de la BMW, hasta llegar a los Alpes, nevados todavía. A los pies de la Peterkirche está el Virtualmarket, uno de los mercados más interesantes de la ciudad, llenos de productos naturales como verdura, quesos de todo tipo y frutas de todo el mundo. Al Virtualmarket no sólo se puede pasear y comprar si no que está adecuado para comer si uno lo desea.

Si es necesario reponer fuerzas hay un montón de restaurantes. Pero lo más interesante son las centenarias cervecerías, donde las camareras, vestidas de típicas bávaras son capaces de transportar al mismo tiempo cuatro jarras de litro en cada mano. Un espectáculo. La cerveza es necesaria beberla acompañada, claro, de las típicas salchichas y embutidos bávaros bien regados con mostaza. Delicioso. La más famosa de las cervecerías es la inmensa Hofbräuhaus. Te guste o no la cerveza es cita ineludible en cualquier viaje a Múnich.


Otra visita imprescindible en Múnich es la Residenz, que fue la residencia de la familia real bávara y es el palacio más espectacular de la ciudad, construido con el típico estilo barroco que triunfaba en Europa, como en los Palacios Reales de Madrid o de Versalles. Las recargadas salas, que se pueden visitar en dos circuitos separados, hacen las delicias de cualquier entusiasta de este tipo de palacios.

Hay un montón de zonas verdes a Múnich, no en vano, en invierno llueve bastante y eso hace fácil mantener el césped. La mayor extensión verde es el Jardín Inglés, un parque que está a la altura de los grandes parques neoyorquinos o londinenses, con un montón de kilómetros cuadrados para correr, descansar, ir en bicicleta o incluso hacer súrfing en un pequeño río que lo atraviesa, como tres surferos que nos encontramos. Los domingos, el Jardín Inglés se llena de muniqueses que van a pasear y luego a tomar una cerveza en algunos de biergardens que hay, es decir, las inmensas cervecerías al aire libre que pueblan estos recintos. También hay un precioso templete neoclásico y una pagoda china, junto a uno de los biergardens.

Capítulo aparte merecen los museos de la capital bávara, que pasa por ser una de las ciudades europeas más espectaculares en este aspecto. Hay tres museos que son imprescindibles y además, fruto de la política cultural de la ciudad, visitarlos en domingo sólo cuesta un euro (precios de 2007). Son la Antigua Pinacoteca, con cuadros de los clásicos, la Nueva Pinacoteca, que abarca el siglo XVIII y XIX y la Pinacoteca de Arte Moderno, que como nos suele pasar en este tipo de museos salimos sin haber entendido nada de nada. En fin, será que no estamos preparados para este tipo de ¿arte?.



Otra plaza llena de museos es la König Platz, que se enmarca en tres edificios neoclásicos de factura muy sobria y que al parecer, era la preferida del infausto Adolf Hitler. Uno de los edificios es la copia del la entrada de los Propileos de la Acrópolis de Atenas. En esta plaza está la Gliptoteka dedicada al arte clásico, que no visitamos.

El deporte en Múnich tiene una importancia capital, no en vano, fue la sede de los Juegos Olímpicos de 1972, de infausto recuerdo debido a la Operación Septiembre Negro que terminó con la muerte de una serie de deportistas de la delegación israelí. Fueron los Juegos Olímpicos de la coronación de Mark Spitz como auténtico rey de la natación mundial al ganar siete medallas de oro. Visitamos la villa olímpica, así como el Parque Olímpico, paseando por los alrededores del Estadio, la Piscina, el Olimpiahalle,… Se trata de un agradable paseo muy habitual por los muniqueses en fin de semana, pues está apartado del centro histórico y se está lleno de explanadas verdes. Desde una colina se ve todo el recinto olímpico.



También visitamos el Allianz Arena, estadio impresionante que fue construido con motivo del Mundial de Fútbol de Alemania, de 2006. Aprovechamos que había partido, el Bayern de Múnich contra el Kaiserlautern, para ver los alrededores, que estaban llenos de ambiente y justo cuando terminó el partido, entramos dentro del estadio.

Nos sorprendió que después del partido, las cervecerías estaban llenas de las dos aficiones, vestidas con los colores respectivos de sus equipos, compartiendo mesa sin ningún problema.




Visitar Dachau desde Munich

El tranquilo y agradable pueblo de veraneo de Dachau, muy cercano a Múnich (para llegar a Dachau desde Munich se puede tomar el tren interurbano en menos de media hora) se convirtió en la década de los 30 del siglo pasado en un campo de prisioneros de los enemigos del III Reich y poco a poco, durante el transcurso de la II Guerra Mundial (1941-1944) en un campo de prisioneros y en algunos casos (por lo visto, de manera menos industrial que en Auswitchz), en un campo de exterminio.

Miles de personas enemigas del nacionalsocialismo y luego, sencillamente diferentes o como ellos decían, inferiores fueron obligados a trabajos forzosos. Gitanos, soviéticos, prostitutas, homosexuales. Todo el que se salía de la normalidad era susceptible de ser perseguido y encarcelado.

Aunque los nazis intentaron destruir las pruebas cuando perdieron la guerra, la mayoría de campos de concentración y exterminio han quedado para el recuerdo de lo que nunca más debe suceder, y su visita es una cita ineludible con la historia. Sólo recordando el pasado se evitarán episodios similares al futuro.

Arbeit Macht Freit. Esto es lo que pone a la valla de entrada al campo. Es decir: el trabajo os hará libres. Cuando se abría la valla, la enorme explanada estaba llena de barracones donde estaban los prisioneros. Ahora sólo quedan los cimientos y alguno que se ha reconstruido para recordar el horror. Al fondo todavía quedan los crematorios, y rodeando el campo, las famosas vallas electrificadas para evitar que nadie escapara.

También es muy interesante el museo anexo donde se explica la historia del campo desde su construcción hasta su liberación.


Definitivamente, Múnich es una ciudad ideal para hacer una escapada y disfrutar de su historia, sus paseos, sus parques y su cerveza.

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