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VIAJAR A COREA DEL NORTE. PYONGYANG. La capital del país del presidente eterno.

Viajar a Corea del Norte es uno de nuestros más contradictorios recuerdos viajeros. Pyongyang es la capital del país más hermético del mundo, Corea del Norte. Tópicos muy reales como el último país estalinista o la Única monarquía comunista no evitan que el viaje a Corea del Norte sea una de las más curiosos que hemos hecho en nuestra vida. El Gran Hermano de Orwell existe en el siglo XXI y nosotros lo quisimos comprobar.

El título del post hace referencia a «El país del presidente eterno» porque fue este libro de Roger Mateos (2008), que contaba la experiencia de un viaje a Corea del Norte, lo que me hizo decidir definitivamente a buscarme la vida para poder visitar este país. Y digo definitivamente, porque la primera vez que me puse Corea del Norte entre ceja y ceja fue el día que vi el reportaje de Jon Sistiaga «Amarás al líder sobre Todas las cosas», donde el periodista entró en el enigmático país asiático, cámara en mano, para explicar cómo se vivía en ese país.

A Jon Sistiaga y a Roger Mateos les dedico, modestamente, este post. En esta entrada me centraré en la capital del país, Pyongyang.

CÓMO VIAJAR A COREA DEL NORTE

Viajar a Corea de Norte no es tan fácil como hacerlo a Tailandia o a Japón. No puedes presentarte en Pyongyang y decir «Hola, vengo a visitar el país». De hecho, es que no te dejan ni subir al avión que te llevará a Pyongyang.

Y es que los requisitos para viajar a Corea del Norte son concretos: para entrar, necesitas visado. Y conseguirlo no es nada fácil. Probablemente es uno de los dos o tres visados más difíciles de conseguir de todo el mundo. De hecho, no puedes viajar a Corea del Norte por libre y si lo quieres hacer, debes hacerlo a través de una agencia de viajes estatal, la KITC (Korea International Travel Company) que es la encargada, junto con la autoridad competente, de decidir si el viajero es o no es apto para viajar al país.

Cualquier touroperador mundial que quiera incluir Corea del Norte dentro de su catálogo, se pondrá de acuerdo con la agencia nacional coreana para conseguir el permiso pertinente. Y la verdad es que son muy pocos los touroperadores que tienen este permiso en cualquier parte del mundo.

Por ello, nos pusimos en contacto con varios de ellos, entre ellos el catalán Viatjes Pujol, que fue el pionero en España en ofrecer los viajes a Corea del Norte en su catálogo. Sin embargo, tenía precios desorbitados para nosotros. Finalmente, por la confianza que nos dio, por la fluidez en el intercambio de mails y llamadas y sobre todo por precio, elegimos la agencia KTG http://www.north-korea-travel.com/). Sus viajes a Corea del Norte parten de Beijing, la capital china, normalmente con un vuelo a Pyongyang. Y después del tour, vuelven a Beijing, en un tren desde la capital norcoreana.

Elegimos un tour de nueve días. Después de enviar múltiple documentación y pagar por adelantado el viaje, recibimos la autorización para el visado, que la debíamos obtener definitivamente a la embajada de Corea del Norte en Beijing. Finalmente, parecía que viajar a Corea del Norte sería posible.

Por ello, viajamos de Barcelona a Beijing, haciendo un par de noches en la capital de China para asegurarnos de que tendríamos el visado en nuestras manos cuando llegáramos a Pyongyang. Recuerdo el momento de entrar en la embajada de Corea del Norte en Beijing, como uno de los momento más emocionantes. Hasta que tuvimos el visado en nuestras manos no teníamos nada claro que entraríamos a Corea.

CÓMO ES UN VIAJE A COREA DEL NORTE

Hay quien dice que no se puede viajar por Corea del Norte si no que se puede viajar a Corea del Norte. Es decir, hay que ceñirse al programa de la agencia estatal. Ella se encarga de elegir los hoteles, los itinenarios, los espectáculos a los que podrás asistir, los restaurantes donde comerás y a la hora que volverás al hotel y ya no podrás salir de él. El turismo en Corea del Norte está escasamente desarrollado, y son las agencias estatales quienes deciden por el viajero, que es lo que puede (debe) visitar en cada momento.


Al llegar al aeropuerto fuimos invitados a dejar los móviles, que quedaron precintados y bajo custodia de los guías. Estamos en 2011. Algunas informaciones aseguran que esto ha cambiado y que actualmente puedes entrar con tu teléfono, siempre y cuando no disponga de GPS, a cambio de alquilar una SIM del país. Si llevas una cámara de fotos que los comisarios de aduanas les parece demasiado potente, también tienes que dejarla en el aeropuerto. Una joven inglesa lloraba desconsolada porque no podía entrar su cámara réflex. Nosotros, con nuestra compacta, no tuvimos problemas. Durante nuestro viaje a Corea del Norte pudimos tirar las fotos que quisimos, excepto contadas excepciones.

Enseguida nos asignaron los guías. Como éramos un grupo internacional de unas veinte personas de al menos 8 nacionalidades, nos pusieron una guía de habla española (para los tres catalanes) y una de habla inglesa (para los otros, entre los que había, americanos, ingleses, canadienses, irlandeses, suizos y alemanes). Había también un tercer guía, que hacía muy poco las tareas de guía y que parecía vigilar a las dos oficiales.

Las guías y el vigilante de las guías no sólo son las encargadas de las explicaciones históricas o artísticas de cada lugar, son también las que se encargan de que no te pierdas ni un solo momento más allá de su vista. Imposible entrar en ninguna tienda por tu cuenta, ningún bar, ninguno de recreo (nos dijeron que había pistas de patinaje o karaokes, por ejemplo), a ningún mercado. Todo está estrictamente prohibido. Incluso, salir del hotel una vez realizadas las visitas del día. Viajar a Corea del Norte no permite largos paseo en solitario, precisamente.

Como anécdota, comentar que un día salimos del hotel. Dimos una vuelta de una media hora, hablamos (poco) con la gente, hicimos algunas fotos inocentes e incluso, nos dejamos invitar a unos helados. El día siguiente, los guías nos reunieron ofendidos, explicando a todo el grupo que se habían enterado de que tres miembros habíamos salido del hotel (los tres catalanes) y que de repetirse, el grupo podría verse obligado a abandonar el país. Sin duda, alguien había dado la voz de alarma de que tres extranjeros corrían sueltos por las calles de Pyongyang. A buen seguro, tres espías imperialistas, bajo la óptica de la influenciada población coreana, que vive bajo un régimen policial desde la partición de la nación.


El recorrido escogido por la organización tiene dos frentes principales : el político y el artístico. Te llevan a todo lo que hace referencia a la grandeza del estado -mausoleos de héroes de guerra, entre otros-, a la doctrina imperante (la Juche, derivada del estalinismo) -como granjas de colectivización o museos dedicados a las metas tecnológicas alcanzadas por el estado-, estatuas y monumentos de todo tipo, tamaño y color, siempre para ensalzar el poder del Juche y de sus dirigentes… Las figuras de Kim Il Sung (padre de la patria) y Kim Jong Il (presidente actual en el momento de nuestra visita) son representadas por doquier en cualquier rincón del país.

El otro punto principal de la doctrina Juche hace referencia al desarrollo artístico. Por eso, te hartas de disfrutar de la extraordinaria técnica artística en los más diversos campos : gimnasia, circo (nada que envidiar al Circ du Soleil), música (cientos de niños de menos de 6 años tocando con perfección todo tipo de instrumentos), pintura,… la perfección en masa que vimos durante el viaje a Corea del Norte, fruto de la repetición metódica y obsesiva (los niños hacen cada día, al menos 4 o 5 horas de extraescolares artísticas) es impensable en cualquier país occidental, donde el talento se da en cuentagotas. El punto culminante del viaje es la asistencia a los Mass Games, una suerte de espectáculo artístico y Gimnasia, que se hace en un estadio para 150.000 personas. Después lo comentaré, pero ya adelanto que nunca he visto nada igual y nunca lo volveré a ver.


Del día a día poco. Lo que veías por la ventana del autobús mientras ibas de una visita a otra: caras largas y serias, trajes grises tipo mao, pero ninguna sensación de pobreza o desnutrición en las zonas que visitamos. Algún parque de Pyongyang, donde la gente parecía divertirse o hacer el picnic como en cualquier ciudad del mundo. Algunos pintando al aire libre, otros disparando en una feria semiimprovisada, algunos jugando al fútbol.

Imposible visitar ningún mercado, ningún lugar de recreo más allá del parque (aunque pasamos varias veces por una inmensa pista de hielo), ninguna posibilidad de entrar en un estadio de fútbol o una bolera. Y menos de poder hablar con la población local. Incluso, en alguna ciudad fuera de la capital, parecían marchar si te acercabas. No querían comprobar si los occidental llevamos cola y cuernos como seguro hace años que les explican.

ALGUNAS VISITAS IMPRESCINDIBLES EN PYONGYANG.

La capital de Corea de Norte es una ciudad de grandes avenidas y edificios pero huérfano de coches y publicidad en las calles. Esto la hace diferente. Ver avenidas con asfalto preparado para 4 carriles por dirección y casi no ver coches es realmente chocante.

Nosotros estábamos alojados en el hotel Yogkaido, un rascacielos de 40 pisos situado en una isla en medio del río. Así te aseguran de que no te escapes… Desde el restaurante giratorio de la azotea la vista de toda la ciudad es espectacular, abarcando varios kilómetros a la redonda.

La mayoría de grandes edificios y monumentos están dedicados a la idea Juche y sus dirigentes: la torre de la eternidad, el Parque y Teatro de Mansudae, el Palaucio de Kumsudam (donde está enterrado el padre de la patria Kim il Sung y donde tuvimos que ir vestidos con corbata), el cementerio del mártires revolucionarios (donde fuimos invitados a dejar un ramo de flores en honor a los caídos por la patria), la preciosa Biblioteca del Pueblo, la Torre Juche, símbolo de la estado y que tiene 170 metros de altura, el barco US Pueblo, que dicen que era un barco espía americano que fue capurado por los coreanos en 1968; el Arco del Triunfo, más grande del de París, como no podía ser de otro manera, el Metro de Pyongyang, del que pudimos disfrutar de un viaje entre dos estaciones, evidentemente no escogidas al azar y en que no nos fue posible mezclarlo con la población local, ya que en nuestro vagón no dejaron entrar ningún coreano. Cabe decir, que las dos estaciones que visitamos eran muy bonitas y recordaban, salvando las distancias, el de Moscú.




También visitamos la enorme Plaza Kim Il Sung, sede de la mayoría de celebraciones y desfiles que podemos ver por televisión. Tiene un parecido notable con la Plaza Tiananmen de Beijing, pero casi no hay gente. Ni tampoco un McDonalds, claro. Ni turismo. Prácticamente el turismo en Corea del Norte se limita a los grupos de chinos que visitan el país.

Subimos al cerro Moran, donde un grupo de adolescentes se entretenían pintando acuarelas. Y también visitamos el Monumento al partido, una gran escultura con símbolos del Partido de los Trabajadores : a la hoz y el martillo soviéticos, ha añadido un pincel (que parece más bien un proyectil), dada la importancia que el Juche da al desarrollo artístico de la persona. Desarrollo artístico que siempre debe ir orientado a los sentimientos revolucionarios. El Teatro es revolucionario, la Opera es revolucionaria, el cine es revolucionario… el Circo no, parece que el circo es sólo para entretenerse. Cosa rara.






Durante el viaje a Corea del Norte también visitamos varios museos. Cabe decir que todos iban encarados hacia la propaganda oficial y estaban vacíos de visitantes, salvo algún grupo de escolares. Entre otros vimos el museo de la Guerra de Corea, donde nos explica la brutalidad de japoneses y americanos y el Museo de la Tecnología coreana, donde explican el desarrollo tecnológico del país, lo que les ha llevado a enviar satélites al espacio, lo que muy pocos países en el mundo lo pueden decir.

Otra visita interesante fue poder entrar en un Hospital Materno infantil. Nos contaron que tenían una tecnología muy avanzada y de hecho pudimos ver ecógrafos y salas de radiología. Ese hospital no se veía nada dejado. O al menos, lo que nos enseñaron de él.
Finalmente podimos disfrutar de diversas actividades artísticas. En el Palacio de los Niños, donde miles de niños van cada día a hacer extraescolares durante 4 horas diarias, disfrutamos de un espectáculo pluridisciplinar que nos dejó boquiabiertos. Cientos de talentosos niños de menos de 10 años todos ellos tocando diversos instrumentos, haciendo teatro, haciendo de payasos, haciendo acrobacias. Realmente espectacular.


LOS MASS GAMES DE PYONGYANG

Si se quiere visitar el país, se debería viajar a Corea del Norte durante la celebración de los Mass Games. Los Mass Games, conocidos también como la gimnasia de masas son un increíble espectáculo que se hace cada año, desde 2002 en Pyongyang durante tres o cuatro meses en el Estadio Primero de Mayo de Pyongyang, un enorme recinto donde caben ciento cincuenta mil espectadores. Miles de gimnastas y acróbatas se preparan durante meses para hacer el espectáculo humano más preciso e impactante que nunca hemos visto. Todos a una, ni el más mínimo error eres capaz de detectar en este espectáculo que deja boquiabierto. Luz, música, acrobacia, fuegos artificiales. Estás casi dos horas sin poder ni parpadear.

Toda una tribuna del estadio, se convierte además en la mayor pantalla visual del mundo. Los miles de espectadores están adiestrados para cambiar de cartulina cada pocos segundos, mostrando incontables mosaicos. La historia del país es la protagonista de los mosaicos, así como la guerra contra los japoneses y los americanos y el nacimiento de Kil Il Sung (el sol del siglo XX).

Como una imagen vale más que mil palabras os dejo unas cuantas fotos de este enorme espectáculo.

Espero que os animéis un día a viajar a Corea del Norte. Nosotros lo volveremos a hacer de aquí a veinte años, cuando arriba de la plaza Kim Il Sung haya un enorme cartel de Toshiba. Todo llegará. Muros mayores han caído.





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