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PALMIRA, SIRIA. La ciudad de la Reina Zenobia.

Palmira, la ciudad de la Reina Zenobia de Palmira, encarna la defensa de un pequeño estado ante todo un Imperio, el romano. La Reina Zenobia declaró Palmira ciudad independiente de Roma, pero la metrópoli acabó sometiendo la ciudad del desierto sirio, tras una de las más grandes historias de coraje por parte de un pueblo. La visita a Palmira era, cuando visitar Siria era posible, una de las más extraordinarias del precioso país de Oriente Medio, ahora reducido, lamentablemente a ruinas.


Tenemos un trayecto bastante largo hasta Palmira de manera que nos levantamos pronto para empezar a hacer kilómetros primero en dirección norte, hacia Homs, y luego hacia al este, dirección al desierto. Y es que Palmira, la auténtica joya de la arqueología Siria, está situada en medio de una enorme planicie desértica, pero justo en un punto donde hay un gran palmeral, del que le toma el nombre.

Aunque dormimos los primeros kilómetros, poco a poco nos vamos despertando y aprovechamos para preguntar a Radwan, nuestro guía, sobre su país. Temas como la educación, la salud o la región se suceden. Nos cuenta (en un perfecto castellano fruto de los cuatro años que estuvo estudiando ingeniería en Cuba) que él es musulmán, pero como muchos otros, ni reza cinco veces al día, ni deja de comer cerdo si le apetece, ni deja de beber si sale con los amigos (dice que le encanta la cerveza). Nos cuenta que le gusta ver a las mujeres poco tapadas, pero que prefiere que la suya lleve pañuelo en la cabeza (aquí diríamos que es un poco moro). En cualquier caso, enseguida aclara, que a su mujer le gusta llevar pañuelo en la cabeza y que si se lo quiere sacar no tendría ningún inconveniente.

Nos cuenta también que ya pocas mujeres llegan virgen al matrimonio, sobre todo en las grandes ciudades (también aclara enseguida que su mujer sí que llegó inmaculada, y se divierte contándonos con todo lujo de detalles, la noche de bodas que tuvo con su mujer muerta de miedo). Radwan nos cuenta que muchas de ellas se hacen cirugía estética antes de casarse para reconstruirse el himen. También nos explica cómo son, todavía ahora, muchas bodas en Siria. Nos cuenta que los padres son los que arreglan la boda y que a menudo los novios no se conocen hasta el último momento. De hecho dice que él no conoció a su mujer hasta volver de Cuba. Mientras él estaba en el Caribe (según nos relata, con nula castidad), su madre fue la encargada de buscarle pareja. Dice que al principio su mujer no lo quería verlo ni en pintura, pero que al dejarse barbilla las cosas cambiaron. En cualquier caso, nos cuenta que poco a poco las cosas están cambiando y cada vez más (sobre todo en las ciudades) son más los jóvenes los que deciden con quien quieren casarse.

En fin, que entre explicaciones diversas y después de hacer una parada de media hora en el Bagdad Café 66, en medio de la carretera del desierto, llegamos a la antigua Ciudad de Palmira, la ciudad de la Reina Zenobia.


BREVE HISTORIA DE LA CIUDAD DE LA REINA ZENOBIA DE PALMIRA

Esta ciudad-estado es famosa sobre todo por la resistencia que presentó al Imperio Romano bajo el reinado de la Reina Zenobia de Palmira. Palmira, que durante años se había beneficiado de los estratégicos pactos comerciales con Roma, manteniendo siempre, una cierta independencia, quiso romper definitivamente con el Imperio. Por eso llegó a ir a la batalla y la ganó. En pocos años, la Reina Zenobia construyó un imperio que llegaba hasta Egipto. Roma, sin embargo, no consintió el avance de la ciudad de Palmira. De modo que el periodo de mayor esplendor de Palmira terminó al cabo de muy pocos años, cuando los romanos derrotaron y saquearon la ciudad de Palmira.

Corría el siglo III d.c. y pese a sus posteriores reconstrucciones, la ciudad nunca recobró el esplendor de su pasado. La extrema ambición de la Reina Zenobia de Palmira, que ha pasado a la Historia por su belleza y también por su inteligencia, fue la que llevó a la ciudad-estado a los momentos más álgidos de su historia, pero tambiés a su rápida destrucción. De hecho, la independencia de Roma duró sólo del 266 a 272 dC.


UN PASEO POR LAS RUINAS DE PALMIRA

Nada más llegar a Palmira nos dirigimos al Valle de las Tumbas, donde están las ruinas de un montón de tumbas. Algunas están ciertamente en muy buen estado y son realmente interesantes. Hay cuatro tipos de tumbas: la tumba-casa, la tumba-torre (de estas hay un montón), la tumba-hipogeo y la tumba-mausoleo.

Visitamos una de las tumbas-torre más bien conservadas, la de los tres hermanos y luego una de las tumbas-hipogeo más preciosas que hay. También en el Museo Nacional, en Damasco, habíamos visto una tumba-hipogeo de Palmira que fue trasladado a Damasco al construirse el museo.


Después nos acercamos a las impresionantes ruinas de Palmira. Empezamos por el inmenso Templo de Bel, donde Radwan nos obsequia con todo tipo de explicaciones. Aquí se nos ha unido un padre y una hija brasileña. Radwan se descentra cada vez que mira la hija (esta chiquilla me trazo loco -nos confiesa-). Tras pasar bajo el precioso Arco Monumental, entramos en la Vía Porticada, y a continuación pasamos por el Templo de Baal Shamir, el Teatro, el Ágora, los Baños, el Mercado, el Ninfeo, el Senado,… Un montón de edificios que se suceden uno tras otro en un apoteósico viaje al pasado.


Hemos estado un par de horas caminando por el recinto, y además, es la una de la tarde, por lo que el sol quema de verdad. Comemos en un restaurante de carretera para guiris (de hecho, nosotros lo somos) y luego nos acercamos a la piscina del hotel, de la cadena Cham Palace, donde descansamos hasta que el sol empieza a estar más bajo.

Y es que a las seis y media hemos quedado con el conductor, que nos llevará nuevamente a las ruinas de la ciudad de Palmira (donde damos una vuelta de más de una hora) y finalmente nos acercamos hasta el Castillo de Qala’at ibm Maan, que está en lo alto de un cerro, desde el que se domina toda la ciudad de Palmira y desde el que se disfruta de una de aquellas puestas de sol que sólo se pueden ver en el desierto.



Antes de volver al hotel, pasamos nuevamente por las ruinas, que ahora han quedado solitarias y alumbradas. Hacemos un corto paseo por la Vía Porticada, que la tenemos para nosotros solos, antes de ir a cenar.

La visita a la Ciudad de Palmira y la historia de la defensa de la ciudad por parte de la Reina Zenobia de Palmira, quedará para siempre en nuestra memoria.





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