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CASA COLL I REGÀS. Visita a la Joya del Modernismo en Mataró.

La Casa Coll i Regàs es la joya del modernismo en Mataró y la visita más interesante que se puede hacer en la capital de la comarca del Maresme.

Este precioso edificio de la calle Argentona es obra del genio de Josep Puig i Cadafalch, uno de los mejores arquitectos modernistas de finales de siglo XIX que era, precisamente, hijo de la ciudad de Mataró. El edificio se puede visitar en el seno de una visita audioguiada gratuita o en el transcurso de un recorrido por la que es conocida como Ruta Modernista de Mataró, que recorre algunos de los monumentos modernistas más interesantes de la ciudad, como la tienda La Confianza, el Mercado del Rengle o la casa natal de Puig i Cadafalch. Esta visita es igualmente gratuita.

ACTUALIZACIÓN DE 2017. En la actualidad, el interior de la Casa Coll i Regás ya no está incluida en la visita de la Ruta del Modernismo que proyecta el Ayuntamiento de Mataró. La Casa Coll i Regás es propiedad de la Fundación Iluro y se puede visitar de jueves a domingo en visitas guiadas. Información y reservas en visites@casacolliregas.cat o llamando al 682156765.

VISITA A LA CASA COLL I REGÀS

La Casa Coll i Regàs fue un encargo del empresario textil de Mataró Joaquim Coll i Regàs al que era su amigo, el arquitecto Josep Puig i Cadafalch, que fue llevado a término en 1896. El edificio se realiza en el marco de un gran florecimiento de la corriente modernista en toda Europa y en concreto, en Cataluña. Puig i Cadafalch es uno de los grandes nombres del momento. De su ingenio son algunas de las mejores obras del modernismo en Cataluña como la Casta Amatller de la que se puede disfrutar durante una Ruta Modernista por el centro de Barcelona.

Lo primero que destaca es la fachada del edificio, donde la piedra, el hierro forjado, y los azulejos son los protagonistas casi absolutos. Lo que más llama la atención es el precioso balcón de piedra a modo de tribuna, decorado con 4 preciosas columnas helicoidales y culminado con una bonita decoración a base de azulejos.


La portada, de situación asimétrica a la izquierda de la fachada, queda culminada por un precioso y delicado conjunto escultórico, obra de Eusebi Arnau, conocido como la Filosa. Se trata de una chica hilando la lana, que evoca el oficio del dueño, empresario textil. En cambio, es el cuidadoso trabajo con hierro forjado lo que dominan las dos ventanas de la plata baja, tanto la que queda en situación centrada, más grande, como la que queda a la derecha, más pequeña. El trabajo de la piedra es sin embrago, evidente y excelente, tanto en estos grandes ventanales como en los que hay en el primer piso, a ambos lados del balcón y que le dan un cierto aire neogótico, nada inhabitual en el modernismo catalán de finales del siglo XIX. No hay que perderse las ménsulas de la fachada, donde la escultura de varios insectos y animales es un elemento realmente curioso y simpático.




En el segundo piso de la fachada, en cambio, encontramos una galería con tres ventanas menos decoradas, a ambos lados del eje central. La fachada queda culminada por una estructura en triángulo a modo de cornisa que, igual que en la casa Amatller de Barcelona, ​​estaría inspirada en los edificios del norte de Europa.

La fachada de la Casa Coll i Regàs, más allá de este precioso trabajo en piedra, hierro forjado y ladrillo, está decorada con el clásico esgrafiado modernista.

La Casa Coll i Regàs tiene igualmente un interior bien lujoso, en particular en la planta baja, que es la que se puede visitar y que era la que recibía las visitas en tiempos en que la familia de Joaquim Coll i Regàs en ella residía.

La planta baja queda ligeramente elevada respecto al nivel de la calle, lo que ayudaba en la ventilación de la casa. La disposición interior hace pensar que la casa sea más grande de lo que realmente es, pues se trata de una vivienda de doble cuerpo, es decir, de únicamente unos once metros de anchura.

Las baldosas, tanto del suelo, como las que hay en las paredes de las diversas estancias, fueron especialmente diseñadas para la ocasión y evocan el mundo textil así como las iniciales del propietario, Joaquim Coll i Regàs. De este modo, la JCR se va repitiendo a lo largo del recorrido por las diversas cámaras, que suelen estar separadas por grandes puertas de madera decoradas con enormes vitrales. Estas puertas están metidas en arcadas escalonadas que suelen separar las diversas estancias.

La sala de distribución de la primera planta es probablemente la más lujosa de la Casa Coll i Regàs. La luz entra directa de forma zenital gracias a la solución empleada de situar una claraboya en el centro. Dos conjuntos de columnas a derecha e izquierda, decoradas con bonitos basamentos y capiteles dividen esta sala de distribución en tres espacios. El de la izquierda lleva, a través de una bonita escalera, al primer piso del edificio. En esta sala de distribución no hay que perder detalle de los zócalos, de las baldosas decorativas, nuevamente haciendo alusión a los motivos florales y textiles y a la bonita decoración con hierro forjado que enlaza las dos columnas de la zona izquierda de la entancia y que decora también la barandilla de la escalera que sube al primer piso.



Por encima de estas columnas, y escrito en letras góticas sobre azulejos, encontramos una declaración de principios en forma de cita: «en la casa en la que se trabaja, no falta nunca el grano y la paja».

La estancia siguiente es la del lavamanos, llamada así por el precioso y decorado lavamanos, donde llama la atención la hermosa pila de piedra en forma de concha, el grifo realizada con hierro forjado y el bonito alicatado con el que se decora este lavamanos.

Otra gran puerta de madera y vidrio separa la sala del lavamanos de la del comedor de la Casa Coll i Regàs. Es precisamente la sala del comedor la mayor de la planta baja. El suelo vuelve a estar decorado con baldosas especialmente diseñadas para esta vivienda, pero lo que más nos gusta de esta habitación es el precioso esgrafiado de las paredes con escenas de cigüeñas y cisnes. También es de especial interés el artesonado del techo.




Una nueva puerta separa el comedor de una galería cerrada por una cristalera que da al patio de la vivienda. Es esta una estancia menos refinada, aunque también hay que destacar el hermoso artesonado del techo. Es fácil suponer que en esta galería debían pasar no pocas horas la familia Coll i Regàs, tal vez dedicada a la lectura, aprovechando la luz natural que seguro entraba por los vitrales que dan al patio.

Antes de dar por terminada la visita gratuita a la Casa Coll i Regàs de Mataró volvemos atrás para entrar en el despacho, que es también más austero que las estancias que recibían a los visitantes de la familia. En cualquier caso, en esta habitación nos gusta especialmente la chimenea, encima de la cual hay un árbol genealógico que hace referencia a la familia del propietario y el cortejador de piedra que hay a ambos lados de la ventana que da a la calle Argentona. El cortejador (o festejador en catalán) aparece en las viviendas catalanas a partir de los siglos XIV y XI y Puig y Cadafach, gran estudioso de la arquitectura tradicional catalana, lo sitúa en esta estancia.

Era habitual en aquella época que los jóvenes pudieran hablar cara a cara en los festejadores, eso sí, a menudo acompañados de la vela, que comprobaba que el encuentro se realizara en la más estricta pulcritud.

La verdad es que la visita gratuita audioguiada a la Casa Coll i Regàs de Mataró es la más importante que hay dentro de la Ruta del Modernismo en Mataró.

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