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TRIER, ALEMANIA. La Porta Nigra y la herencia romana en Tréveris.

patrimonio humanidadLa ciudad de Tréveris o Trier, al oeste de Alemania, y a sólo 9 kilómetros de Luxemburgo, es una de las ciudades más interesantes del país teutón. El hecho de que nueve de los monumentos de Trier estén incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad da fe de la importancia histórica que tiene esta ciudad, que está considerada ni más ni menos, que la más antigua de Alemania.

Un viaje de cinco días por esta zona de Europa, nos ha permitido conocer Luxemburgo (por ejemplo, el precioso castillo de Vianden), y de paso, tres ciudades Alemanas que tienen monumentos de extraordinaria relevancia, como Tréveris, Colonia (con una de las catedrales góticas más extraordinarias del mundo) y Aquisgrán (con la no menos exquisita Capilla Palatina). Pero es que cuando llegamos a Tréveris, los monumentos de relevancia se cuentan por decenas, hasta el punto de que nueve de ellos están bajo el paraguas protector de la Unesco.

En este post me centraré sin embargo, en los monumentos romanos de Tréveris que se encuentran en la lista del Patrimonio de la Humanidad, y en concreto, a cuatro de ellos, que son los imprescindibles y que nadie se puede perder en una visita a Trier: la Porta Nigra, la Basílica de Constantino, el Anfiteatro y las Termas Imperiales.

BREVE HISTORIA DE TRÉVERIS

La ciudad de Tréveris o Trier (a menudo se utiliza el nombre alemán para identificar la ciudad) fue fundada por el emperador Augusto, en el año 16 aC. Eran tiempos en que la expansión romana se había extendido mucho más allá de la península itálica. Con todo, parece ser que varias civilizaciones habrían colonizado la zona, bastante antes de la llegada de los romanos.

Aquella ciudad romana recibió el nombre de Augusta Treveronum, en honor a César Augusto (al igual por cierto, que Zaragoza) y en honor a los Tréveros (la tribu que habitaba la zona en el momento de la colonización romana) y pasó a ser una de las más destacadas de la región romana de la Germania (formada por las provincias de Germania superior, Germania inferior y Galia Belga). De hecho, Augusta Treveronum se convirtió en la capital de la Galia Belga.


La importancia de la ciudad fue tal, que enseguida fue conocida como la Segunda Roma. En aquél momento, se dotó a la ciudad de una gran cantidad de monumentos que dignificaran su importancia. Fruto de aquella época, podemos disfrutar, aún ahora, de una serie de vestigios de enorme importancia como la Basílica Imperial, el anfiteatro o las diversas termas. Pero sobre todo, hay un monumento que sobresale por encima de todos: la Porta Nigra, que por sí solo, justifica la visita de la ciudad de Trier.

A partir del siglo IV, la importancia de la ciudad decae, pues los romanos trasladan gran parte de su funcionariado y personal militar a Arlés.

Fue finalmente el 459 dC, cuando los Francos, un pueblo libre y que no estaba dominado por los romanos, se hizo con el control de la ciudad de Trier. A partir de la segunda parte del siglo IX , Trier se convierte en parte del Reino de Alemania, hasta que éste termina por convertirse en el Sacro Imperio Romano Germánico, la unión política de estados que se mantiene hasta finales de la Edad Moderna, concretamente hasta que en 1806 Napoleón dicta su disolución.

Hay pues, una buena cantidad de monumentos que se deben a esta época, como la Catedral de San Pedro o la Iglesia de Nuestra Señora, que también forman parte de la lista de la Unesco, pero de la que no hablaré en este post.

En 1986 hasta 9 monumentos de la ciudad de Tréveris fueron incluidos dentro de la lista del Patrimonio de la Humanidad, entre ellos los 4 que hemos descrito, pero también otros monumentos del legado romano (las termas de Santa Bárbara, la Columna de Igel y el Puente Romano) así como la Catedral y la Iglesia de Nuestra Señora.

QUÉ VER EN TRÉVERIS. EL LEGADO DE LA ANTIGUA ROMA EN TRIER.

LA PORTA NIGRA DE TRIER.

La Porta Nigra supone un monumento tanto excelso que por sí mismo justifica una visita Trier. Parece mentira que un monumento con una antigüedad de más de 1800 años se conserve tan bien. La Porta Nigra era la Puerta Norte de la ciudad romana de Augusta Treveronum, y fue edificada hacia 180 dC, es decir, unos 200 años después de que César Augusto la fundara. La ciudad romana de Trier tenía una forma más o menos rectangular y tenía cuatro puertas en sus puntos cardinales. De las cuatro puertas existentes en aquella época, sólo la Porta Nigra ha llegado a nuestros días, y nos puede dar constancia de la enorme importancia de la ciudad.


Como otras grandes construcciones del imperio romano, por ejemplo el acueducto de Segovia, los constructores no utilizaron mortero para unir los enormes sillares de piedra arenisca. Lo que sÍ que utilizaron es una especie de grapas de hierro, que unían los diversos bloques. Aunque el color inicial de la puerta no habría sido el negro, con el paso del tiempo, la piedra arenisca se va oscureciendo, por lo que fue adquiriendo la tonalidad que tiene actualmente y que le valió, a partir del edad Media, la denominación de Porta Nigra, es decir, Puerta Negra. Esta tonalidad se acentuó en el siglo XX por obra y gracia de la contaminación.

Cabe decir que la Porta Nigra original constaba de dos torres de cuatro pisos. Actualmente, una de las torres tiene tres pisos y la otra, sólo dos. Es decir, la original Porta Nigra era aún más monumental que la que podemos ver actualmente.

Curiosamente la venerable puerta romana fue convertida en iglesia a la muerte del eremita Simeón. Este monje griego no tuvo mejor idea que pedir ser emparedado en la puerta en 1028. Murió en 1035, siete años más tarde. El monje fue canonizado y en su honor, la Porta Nigra se convirtió en iglesia. No es hasta la conquista de Napoleón, a principios del siglo XIX, cuando la Porta Nigra recupera su estado original, cuando después de conquistar la ciudad de Tréveris, Bonaparte manda derribar la iglesia.

BASÍLICA DE CONSTANTINO.

Hay que ponerse en antecedentes para entender la importancia que tiene el enorme edificio de la Basílica de Constantino. De no ser así, la Basílica podría pasar sin pena ni gloria y se podría pensar que se trata de una iglesia moderna sin interés.

Pero es que la Basílica de Constantino, también conocida como Aula Palatina es una edificación que data nada menos que del año 310, es decir, que tiene más de 1700 años de antigüedad. Es entonces cuando se puede entender el enorme mérito de un edificio de planta basilical, hecho de ladrillo y que tiene unas medidas excepcionales para la época: 67 metros de largo, 27 de ancho y 33 de alto. El edificio es pues rectangular, aunque en una de sus esquinas termina de forma semicircular gracias al ábside construido. Este espacio era la zona reservada para el trono del emperador romano. Hay que tener en cuenta que la Basílica de Constantino formaba parte de un complejo más amplio donde estaba el Palacio Imperial.

Aunque actualmente, el interior de la Basílica está desnudo (de hecho, actualmente realiza funciones de templo protestante), en la época romana, la Basílica de Constantino era revestida de mármoles y decorada con estatuas que estaban dispuestas dentro de nichos.

La Basílica de Constantino la ha visto de todos los colores durante su larga historia. Casi fue destruida a finales del primer milenio, pero fue nuevamente reedificada, para hacer las funciones de Palacio Episcopal, en una época en que los obispos de Tréveris hacían funciones también de Príncipes Electores del Sacro Imperio.

A mediados de siglo XIX, sin embargo, la construcción se transforma en iglesia protestante. La mala suerte volvió a recaer en la Basílica de Constantino que casi queda derruida víctima de las llamas, en 1944. El edificio sin embargo, fue nuevamente reconstruido. Es por ello, que después de tantas construcciones, uno ya no sabe exactamente que es original y que ya no lo es. En cualquier caso, la Basílica de Constantino forma parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad.


ANFITEATRO DE TRIER

La ciudad de Trier tiene en su anfiteatro otro de los vestigios más importantes de la época de dominación romana. Toda ciudad romana de importancia, como ya pudimos conocer en nuestra visita a Pompeya, daba gran relevancia a los espacios de ocio para sus ciudadanos. Era habitual pues, que más allá de las viviendas, las plazas y los mercados, en las ciudades romanas hubiera espacios dedicados a las palestras, los estadios, los anfiteatros o los teatros. Como es sabido, las luchas entre gladiadores era uno de los espectáculos que más divertían a los ciudadanos romanos, y éste tenía lugar en los anfiteatros.

El anfiteatro de Tréveris data del año 100 dC y daba cabida a 20.000 espectadores, lo que prueba la importancia de la ciudad en aquella época. El césped ha cubierto la antigua grada, pero la verdad es que la vista del anfiteatro, desde arriba, es imponente. Además, dos aberturas en la elíptica arena, permiten bajar a los sótanos y calabozos que hay debajo.
Hoy en día, el anfiteatro no es utilizado ni para luchas de gladiadores reales ni para espectáculos de animales como en la antigüedad. En cambio, el anfiteatro de Trier, que también forma parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad, sí que es utilizado para conciertos y también para el curioso festival romano llamado Brote und Spiele, que literalmente significa «Pan y circo», y que recrea anualmente los espectáculos de la antigua Roma, entre ellos, el de los gladiadores.


TERMAS IMPERIALES

Y para acabar con esta recopilación de los vestigios romanos más importantes que encontramos en la ciudad de Trier, llegamos a otro de los recintos de la que toda ciudad romana gozaba: las termas. Eran varias las termas que había en la antigua ciudad de Tréveris. Entre ellas, las conocidas como Termas de Santa Bárbara o las del Viehmarkt. Pero las que mejor se conservan, y que vale la pena visitar, son las Termas Imperiales, que de hecho fueron las últimas en ser edificadas. En cualquier caso, las tres termas de Trier forman parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad.


Las Termas Imperiales datan del siglo IV, en tiempos de Constantino el Grande. Para entender la importancia y la grandiosidad que tenían sólo hay que dar un dato: eran las terceras más grandes de todo el Imperio.

A pesar de la destrucción que sufrieron tras la caída del Imperio Romano, y en particular, cuando a partir de la Edad Media, las Termas fueron utilizadas como cantera, hay que poner sólo un poco de imaginación para entender la excelencia de este monumento. Así, se podrá reconocer las tres partes en que se dividían los baños en todas las termas: el caldarium, el temparium y el frigidarium.

Ciertamente, la ciudad de Trier nos deja impresionados por la importancia de los vestigios romanos que dan fe de la importancia que la ciudad tuvo en aquella época y que la hicieron digna merecedora del sobrenombre de Segunda Roma.

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