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Que ver en PALERMO en 1 día. El Palacio de los Normandos y otros tesoros de la capital de Sicilia.

Que ver en Palermo

patrimonio humanidadQue ver Palermo en un día sería una tarea imposible lo sabíamos desde el momento en que preparamos nuestro viaje a Sicilia. Sin embargo, no disponíamos de más jornadas, de manera que únicamente pudimos incluir una sola noche y una estancia de unas 24 horas en la que es una de las más interesantes de las ciudades de Sicilia.

La historia de Palermo se remonta a más de 3000 años de antigüedad, cuando los fenicios se asentaron en la isla de Sicilia. Sin embargo, fue con la llegada de los árabes, durante el siglo IX, cuando la población adquiere notoriedad. Posteriormente, los normando procedentes de Francia la convirtieron en la capital de su reinado. Precisamente, de esta época son algunos de los más extraordinarios monumentos que hay que ver en Palermo y que son fruto de la amalgama de estilos propiciada por la distinta procedencia de los artesanos que en ellos trabajaron, ya fueran griegos, árabes o bizantinos.

QUÉ VER EN PALERMO EN 1 DÍA

LA CAPILLA PALATINA DEL PALACIO DE LOS NORMANDOS DE SICILIA

Llegamos a Palermo procedentes de Cefalú, donde hemos tenido la oportunidad de conocer su fabulosa Catedral, también de estilo árabe-normando. En poco más de una hora hemos arribado a la capital siciliana y nos disponemos a visitar la población. Tras dejar el equipaje en nuestro hotel para esta noche, aparcamos cerca del Palacio de los Normandos, el más importante de los monumentos que hay que ver en Palermo y en cuyo interior de localiza el punto culminante de la arquitectura árabe-normanda: la Capilla Palatina.

Aunque su aspecto exterior sea más el de una fortaleza que el de un bello y delicado palacio, el interior del palacio de los Normandos y, particularmente, su Capilla Palatina suponen una de las visitas imprescindibles de Sicilia.

El Palacio, actual sede del parlamente siciliano, se debe al empeño arquitectónico y artístico de Rogelio II, conde de Sicilia desde 1105 hasta 1130 y, posteriormente, Rey de Sicilia hasta su muerte acaecida en 1154.

Los normandos supieron conjugar los distintos estilos artísticos de las diversas escuelas arquitectónicas del momento de manera que no es difícil encontrar en la Capilla Palatina reminiscencias árabes (como en los mocárabes que decoran los techos) o bizantinas (evidentísimas en el extraordinario conjunto de mosaicos que abarcan la práctica totalidad de la capilla). En este sentido, aunque se habla de arquitectura árabe-normando, los extraordinarios mosaicos de la capilla la convierten en una de las joyas del arte bizantino (de una época posterior, eso sí, que el conjunto de iglesias bizantinas de Rávena, por ejemplo).

La delicadeza del Pantocrátor, la belleza de las distintas historias del antiguo testamento allí representadas o el esplendor del pan de oro, convierten la Capilla Palatina de Palermo en uno de los momentos más esplendorosos de la historia del Arte.
Por desgracia no tenemos la oportunidad de visitar el Palacio de los Normandos más allá de la Capilla Palatina por ser hoy día de sesión parlamentaria.


LA CATEDRAL DE PALERMO

Nuestro siguiente destino es la Catedral de Palermo, otro de los edificios más importantes que hay que ver en Palermo. Para llegar a ella pasamos por debajo de la Porta Nuova, construida con motivo de la llegada de Carlos V a Palermo, en 1535, tras derrotar a los tunecinos. Bajamos por Via Vittorio Emanuele dejando a la derecha los jardines de Villa Bonano y en menos de 10 minutos llegamos a la Catedral.

La verdad es que el diseño de la Catedral de Palermo es sorprendente y bien diferente a la gran mayoría de catedrales que podemos encontrar en los países occidentales. Su plano también corresponde también al estilo árabe-normando imperante durante el siglo XII. Junto a otros monumentos como las catedrales de Monreale y Cefalú, la iglesia de la Martorana de Palermo (que visitaremos posteriormente) o la ya visitada Capilla Normanda forma parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad.


Entramos por el bellísimo pórtico diseñado en estilo catalano-aragonés y que queda enfrente de un bonito, pero sencillo parque (que recuerda a algunos patios árabes). La catedral no es nada esbelta. Al contrario, desde esta fachada que acaba por ser la principal, es más bien alargada. Aquí ya podemos observar sus almenas o las curiosas decoraciones de las paredes y que la alejan del estilo románico o gótico. Su interior, sin embargo, es mucho más austero que las catedrales de Cefalú o Monreale, pues carecen de los bellos mosaicos bizantinos de aquellas.

Damos un buen rodeo por la catedral, visitando el tesoro de la misma, la cripta (donde se encuentran enterrados arzobispos varios) y la zona que podríamos llamar del Panteón Real, pues es donde yacen los cuerpos de algunos de los más importantes dignatarios de la dinastía Normanda que reinó Sicilia, como Rogelio II y Federico II. Finalmente, subimos hasta la terraza de la Catedral donde se observa una bonita vista de la ciudad. Merece la pena subir a la terraza. Desde allí vemos a Isa que se ha quedado en la plaza esperándonos.



DE LOS QUATTRO CANTI A LA MARTORANA

Seguimos por Via Vittorio Emanuele, una de las que tiene más ambiente en la ciudad. Anticuarios, viejas trattorias, panaderías y muchas tiendas de recuerdos a la que entramos para comprar unos artesanales exprimidores de limón, realizados en cerámica y que deben ser típicos de toda Sicilia por que los hemos ido encontrando durante todo el viaje. La calle está jalonada de viejas iglesias y palacios, muchos de ellos con un estado de conservación más bien escaso, algo que ya hemos vivido en nuestra visita a Siracusa o Catania.

Llegamos, al fin, a la intersección con Via Maqueda, otra de las avenidas más importantes de Palermo. Es el punto conocido como Quattro Canti aunque su nombre oficial es el de Plaza Vigliena. En cierta manera, podríamos decir que es algo así como el centro del viejo Palermo.

Es momento de mirar arriba y admirar las cuatro esquinas que forman este bello conjunto urbanístico y arquitectónico con fuentes, estatuas en sus hornacinas, columnas clásicas y blasones en lo alto de los edificios. Sin duda uno de los lugares más escénicos que hay que ver en Palermo.


Si doblamos por Via Maqueda llegamos enseguida a otro de los más bonitos rincones de Palermo, la Piazza Pretoria, donde localizaremos, en su centro y ocupando la práctica totalidad del espacio, la fuente homónima. La Fontana Pretoria está formada por una serie de circunferencias concéntricas donde se ubican un buen número de esculturas.

Curiosamente, la Fontana Pretoria no fue diseñada para ocupar este lugar si no que se ubicó inicialmente en la villa toscana del noble español Don Pedro de Toledo, cuya hija Leonor desposó con Cosme I de Medici, gran Duque de Toscana. La ciudad de Palermo, sin embargo, compró la fontana en 1573 y la ubicó en este lugar. La plaza está rodeada de algunos de los edificios más nobles de Palermo, como las iglesias de San Giuseppe dei Teatini y de Santa Caterina (que no podemos visitar por encontrarse cerradas) y el Palacio Pretorio, actual sede del ayuntamiento de Palermo.


Casi adyacente a esta plaza se localiza una segunda plazoleta, de tamaño más modesto y de nombre Piazza Bellini. Es aquí donde podremos visitar otro de los monumentos imprescindibles de Palermo y que nadie debe perderse. Hablamos de la iglesia de Santa María dell’Ammiraglio, más conocida como la Martorana.

Como muchas otras iglesias de Palermo, la construcción de la Martorana se remonta a muchos años antes de que el edificio fuera convertido en iglesia. La Martorana, pues, fue también mezquita antes que templo católico. El exterior de la iglesia, de estilo barroco, fue modificado en el siglo XV y tiene, más bien, poca gracia. Sin embrago, la belleza de la Martorana viene dada por el sincretismo de estilos promovidos en tiempos árabe-normandos y, particularmente, por el uso del mosaico que, al igual que en caso de la Capilla Palatina, fueron realizados por artesanos de origen bizantino. Es este edificio otra de las obras culminantes de este estilo, formando parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad.

Una vez más, pantocráteres, escenas bíblicas varias y las imágenes de los monarcas recibiendo corona de manos de Cristo forman parte del programa iconográfico. Os dejo con unas cuantas fotos aunque difícilmente dan fe de tanta belleza.






No podemos entrar, sin embrago, a la iglesia de San Cataldo, adyacente a la Martorana, edificada en tiempo del emir Guillermo I. Según parece, su interior es mucho menos ostentoso. La iglesia permanece cerrada en estos momentos.

Y en estas que nos ha pasado volando la mañana de manera que es momento de tomar rumbo hasta el cercano Mercado de la Vucciria, uno de los más afamados de la ciudad y otro de los puntos que hay que ver en Palermo. No se trata, en realidad de un mercado cubierto, si no de un mercado al aire libre y que se localiza en las calles que quedan por detrás de Via Roma. Este mercado podría encontrarse en cualquier ciudad de Sicilia, pero también en Nápoles, por ejemplo. Se trata de un mercado popular donde hay que andar con mil ojos. Anticuarios, tiendas de toda la vida, pescaderías y un buen número de restaurantes que suponen un buen lugar para degustar la cocina palermitana. La pasta será una vez más la protagonista de nuestro ágape. En este caso pasta a la sarda (es decir, con salsa de sardinas, que parece que es muy típico de esta zona) y pasta con pesto de pistacho (riquísimo también).

En esta zona de la ciudad no podemos dejar de admirar la fachada de San Doménico, una de las más notables de Palermo y que ocupa la plaza homónima. Como otras iglesias palermitanas, la encontramos también cerrada.



Con la barriga llena retomamos nuestro paseo por Palermo. Cruzamos algunas calles más bien estrechas hasta retomar Via Maqueda, una de las más comerciales de la ciudad y donde gran parte de las tiendas de barrio han dado paso a las multinacionales que podemos encontrar en casi todas las grandes urbes de Europa.

Sin embrago, son dos los edificios que queremos visitar aunque solo sea desde el exterior: el Teatro Massimo y el Teatro Politeama Garibaldi. En momentos como este es cuando desearíamos haber dispuesto de algo más de tiempo para recorrer la ciudad, pues visitar Palermo en un día requiere sacrificar algunas visitas.

El Teatro Massimo es un edificio ciertamente monumental. Se trata de una obra de finales del siglo XIX construida con el afán de rivalizar con los grandes templos de la lírica europea. Se trata, ni más ni menos, que del mayor de los teatros operísticos de Italia y el tercero de todo el continente. De estilo neoclásico, presenta una fachada que puede recordar alguno de los templos griegos que hemos tenido la oportunidad de visitar durante nuestro recorrido por Sicilia.


El teatro Mássimo sufrió un largo periodo de abandono durante bastantes décadas, aunque en 1997, y tras un inacabable periodo de remodelación, abrió nuevamente las puertas. La escena final del Padrino III, la tercera parte de la fenomenal trilogía de Francis Ford Coppola fue rodada aquí.

Seguimos por la misma avenida, en dirección norte, aunque esta vez el nombre de la vía ha cambiado a Ruggero Settimo. En pocos minutos llegamos al segundo gran teatro de la ciudad, el Teatro Politeama Garibaldi ,que fue edificado bastantes años antes que el teatro Massimo. En la fachada del edificio destaca una gran portalada que recuerda un arco del triunfo. Este arco está coronado por un conjunto escultórico de bronce que representa a unos jinetes a caballo. Su planta circular, sin embargo, nos recuerda al londinense Royal Albert Hall. En pequeño, quizá.

LAS CATACUMBAS DE PALERMO

Tras pasear por esta zona más comercial de Palermo nos dirigimos hasta la última visita que hay que ver en Palermo en 1 día. O al menos, teniendo en cuenta el tiempo que hemos dispuesto para visitar la ciudad. No queremos abandonar Palermo sin conocer las famosas catacumbas capuchinas.

Desde luego, las Catacumbas de Palermo son un lugar de lo más lúgubre, de manera que Isa y Marc prefieren quedarse esperando en la plaza que queda justo enfrente del Convento de los Capuchinos, que es donde se localizan. En los sótanos del convento se exponen, ni más ni menos, que hasta 8000 cadáveres. La mayoría de ellos, vestidos con sus últimos ropajes. La calidad de los mismos, aunque lógicamente envejecidos por el paso del tiempo, nos puede hacer suponer el estrato social que ocupaban. Incluso, a veces, su profesión. Tal es así con algunos soldados o frailes. Lo curioso es que muchos de aquellos cadáveres han quedado momificados. Este es el caso del más famoso de los cadáveres que se localizan en las catacumbas. Es conocido como la Bambina y se trata de una chiquilla de 2 años, de nombre Rosalía Lombardo que, pese a haber perecido en 1920, parece que haya traspasado en las últimas horas. Francamente sorprendente.


Es esta una visita imprescindible de Palermo, aunque no apta para los más impresionables. Y con esta visita de la Catacumbas damos terminado, prácticamnete, nuestro recorrido que nos ha llevado a conocer todo aquello que hay que ver en Palermo en un día. Una ciudad con muchísimo interés y del que hubiera sido aconsejable poder disfrutar de una segunda jornada. Son muchos los parajes, playas, monumentos y ciudades que ver en Sicilia y demasiado escaso nuestro tiempo.

Es momento de buscar algún lugar para cenar. Esta vez escogerá Marc y dirigirnos después a nuestro hotel para descansar un poco. Mañana tomaremos destino Monreale, para seguir conociendo acerca de algunas de las maravillas del arte árabe normando en Sicilia.


DATOS PRÁCTICOS

Llegar a Palermo: la verdad es que lo más cómodo es desplazarse el coche por Sicilia. Es verdad que no es Alemania, pero la conducción resultó menos dramática que lo que pensábamos. También se puede llegar a Palermo en tren. Existen servicio a Catania (más de 3 horas) y Siracusa (más de 4 horas).

Para desplazarse desde Palermo hasta Monreale: (os hablaré de esta maravilla en otro post): se puede optar por el coche o desplazarse en autobús público. Sin embargo, parece que este servicio está actualmente suspendido por falta de presupuesto, de manera que el viajero hará bien de enterarse de su existencia en el momento de su visita.

Hotel en Palermo: nos hospedamos en The Rose House, una sencilla pero muy nueva casa de huéspedes que nos costó 45 euros la habitación triple. Se puede contratar en alguna agencia de booking online. Desde allí teníamos un paseo de unos 15 minutos hasta el centro de la ciudad.

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