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RÁVENA, ITALIA. La ciudad de los mosaicos.

patrimonio humanidadRávena, una ciudad de tamaño medio situada en la italiana región de la Emilia Romaña, merece el título de Capital Mundial de los Mosaicos Bizantinos. Solo algunas ciudades como Estambul, Monreale, Venecia o la propia Roma disponen de mosaicos bizantinos que puedan hacer sombra a los de Rávena. Ello la convierte en una de las ciudades más bonitas de Italia.

Sin embargo, es tal la cantidad de iglesias y monumentos que ver en Ravena cuyo interior está iluminado con la presencia de estos bellos mosaicos bizantinos, que cualquiera de las ciudades anteriores palidece ante la italiana ni que sea, como digo, en cantidad.

Pero, ¿porque esta pequeña ciudad italiana dispone de más de una decena de monumentos con mosaicos de impresión? Esto es debido a que Ravena se convirtió, durante un pequeño periodo de tiempo en, ni más ni menos, que la capital de las regiones occidentales del Imperio Bizantino. Fue en tiempo del Emperador Justiniano, uno de los más grandes dignatarios de la historia, momento en que la ciudad fue conquistada por Bizancio (en el 540).


Casi 150 años antes, Rávena había llegado a ser, incluso, capital del Imperio Romano de Occidente, cuando el emperador Honorio huyó de Roma y se instaló en esta ciudad.
La cuestión es que con la conquista de Rávena por parte de la Bizancio de Justiniano, en 540, la ciudad se convierte en la capital bizantina para las regiones occidentales, motivo por el cual será especialmente embellecida. Ni más ni menos que 8 monumentos de aquel periodo han sido incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad, lo que atestigua la importancia de los vestigios de aquel momento histórico.

Los monumentos más importantes que hay que ver en Ravena requerirían de un día entero en la ciudad. Sin embargo, nuestra visita se limitó a unas cinco horas, tiempo suficiente para conocer más de media docena de ellos, incluidos seis de los presentes en la lista del Patrimonio Mundial.

No tuvimos tiempo, sin embargo, de visitar alguno monumentos que sí que nos hubiera gustado conocer, como el Mausoleo de Teodorico, la Basílica de Sant’Apollinare in Classe y la Domus del Suelo de Piedra. Quedará para otra ocasión.

DÓNDE DORMIR EN RAVENA

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QUÉ VER EN RÁVENA, LA CIUDAD DE LOS MOSAICOS BIZANTINOS

SAN VITAL Y EL MAUSOLEO DE GALA PLACIDIA.

La Basílica de San Vital es el gran monumento que hay que ver en Rávena. Si solo se dispone de un breve lapso de tiempo para visitar las riquezas de la ciudad hay que empezar por aquí. Dejamos el coche en un parking, a solo 5 minutos a pie de la basílica, que nos asegura el aparcamiento sin límite de tiempo por solo 3 euros.

Esta basílica supone uno de los momentos cumbre del arte bizantino. Nada hace pensar, con su fachada realizada a base de obra vista y sus pesados arbotantes, el esplendoroso interior que atesora San Vital. La basílica fue consagrada en 547, a los pocos años de la conquista de Rávena por parte del Imperio Bizantino. No se trataba de un templo construido de novo si no de la remodelación de un templo anterior, que fecharía del año 527, cuando Rávena formaba parte de los dominios ostrogodos.

Quizá sean estos de San Vital uno de los conjuntos de mosaicos más bellos de Rávena, junto con los de Sant’Apollinare Nuevo, encontrándose, además, entre los 6 o 7 más bellos de todo el arte bizantino. Y más, teniendo en cuenta que los mosaicos de Rávena se salvaron de la que es conocida como Querella Iconoclasta, cuando durante los siglos VII y VIII gran parte de las imágenes del mundo bizantino fueron destruidas. Las pequeñas teselas, de vivos colores, parecen estar tocadas por la vara divina.

Con la llegada de Bizancio, San Vital se convierte en el templo oficial para el gobernador de la región occidental del Imperio Bizantino, de manera que no es extraño que fuera especialmente embellecido.

En el intradós encontramos un conjunto de medallones donde se representan las figuras de Cristo, los doce apóstoles y los Santos Gervasio y Protasio. En la bóveda, encontramos a un Cristo helenizado, que ofrece la corona del martirio a San Vital. Con la mano izquierda recibe la maqueta del templo del obispo Ecclesio, algo muy habitual en los programas decorativos bizantinos.

Los mosaicos de San Vital también muestran escenas del Antiguo Testamento, como el Sacrificio de Isaac, que se alternan con escenas realistas donde se muestran los Emperadores Justiniano (en la pared lateral izquierda del tímpano) y su esposa Teodora (a la derecha).





Salimos por una puerta lateral de San Vital para encontrarnos con un pequeño jardín donde se localiza el segundo de los monumentos que hay que ver en Rávena: el mausoleo de Gala Placidia.

El mausoleo, que también forma parte del Patrimonio de la Humanidad, ha sido considerado desde hace años, el lugar de último reposo de la hermana del Emperador Honorio, quien huyendo de Roma estableció la capital del Imperio Romano de Occidente en Rávena. Pese a ello, las dudas al respecto parecen ser más que razonables, de manera que es probable que no sea Gala Placidia quien, efectivamente, yazca en el mausoleo que lleva su nombre.

Se trata de una pequeña edificación con planta de cruz griega que data del año 425 y cuyos mosaicos serían, probablemente, los más antiguos de toda la ciudad, suponiendo un momento de transición entre el arte paleocristiano y el bizantino. Probablemente, el edificio habría sido, en su momento, el oratorio de una iglesia que ya no existe, la Iglesia de la Santa Cruz.

El edifico, al igual que San Vital, está revestido de ladrillo y piedra. En el interior, tanto las paredes como la cúpula están decoradas con mosaicos. Los doce apóstoles (ocho de ellos en la cúpula), Jesucristo o San Lorenzo, forman parte del programa iconográfico del Mausoleo de Gala Placidia.

Observamos que no es solo uno si no tres los sarcófagos que encontramos en esta pequeña construcción. El del centro es el que, presuntamente, habría albergado en cuerpo de Gala Placidia. Los otros dos tienen varios pretendientes. Para el de la derecha se postulan los Emperadores Valentiniano III y Honorio, hermano de la misma Gala Placidia. Para el de la izquierda parece que hay algo más de consenso en ser atribuido a Constancio III, Emperador y esposo de Gala Placidia.


BAPTISTERIO NEONIANO Y MUSEO ARCIVESCOVILE

Un paseo de menos de 15 minutos nos llevará hasta nuestros dos siguientes objetivos. Se trata del Baptisterio Neoniano y del Museo Arcivescoville. Ambos forman parte de las lista de 6 monumentos de Rávena incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad.

El Baptisterio Neoniano es el edificio más antiguo de los 8 inscritos en la lista del Patrimonio Mundial y uno de los primeros ejemplos de baptisterio que se conservan en el mundo entero. Según parece, antes que baptisterio cristiano habría desempeñado la función de baños o termas romanas. No será este el único baptisterio que tendremos la oportunidad de conocer en la ciudad de los mosaicos. Curiosamente, son dos los baptisterios que hay que ver en Rávena y ambos están incluidos en la lista de la Unesco.

Sin embargo, mientras el Baptisterio Neoniano era utilizado por los cristianos que seguían la rama más ortodoxa del primer cristianismo, el baptisterio de los Ariani era usado por la secta arrianista del Cristianismo, que afirma que Jesucristo fue creado por Dios Padre y a él está subordinado, rechazando la doctrina trinitaria que afirma la existencia de un único Dios que se manifiesta como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Al igual que otros edificios de Rávena, el Baptisterio Neoniano está construido con el ladrillo como material fundamental. Se trata de una estructura octogonal edificada a finales del siglo IV, como dije, en el espacio que habían ocupado unas antiguas termas romanas. Por desgracia no se ha conservado la gran basílica asociada al baptisterio.

Una vez más, este monumento incrementa su espectacularidad al penetrar en su interior. El bello mosaico de la cúpula nos muestra el baptismo de Cristo por parte de Juan Bautista en el Río Jordán. Rodeando la escena bíblica están representados los doce apóstoles.

En el suelo, en medio del baptisterio, encontramos la pila bautismal. Es de mármol y es aquí donde los fieles se bautizaban por inmersión. Vale la pena observarlo bien, pues en el Baptisterio de los Ariani falta este elemento.

Las paredes laterales del baptisterio, enmarcadas por bellas columnas con capiteles, están igualmente decoradas con mosaicos.



A los pocos metros del Baptisterio Neoniano se localiza el Museo Arcivescovile. Son diversos los objetos de valor que se encuentran en el Museo Arzobispal, como el extraordinario trono diseñado en marfil, del siglo VI o lo poco que se pudo recuperar de los mosaicos de la antigua catedral de Rávena que fue destruida por un seísmo. Sin embargo, nuestros ojos (y nuestras piernas) se dirigen a buscar la pequeña Capilla Arzobispal, que forma parte, también, de la lista del Patrimonio de la Humanidad.

Se trata de un pequeñísimo oratorio en forma de cruz griega, dedicado a San Andrés, que formaba parte del Palacio de los Obispos y que data de finales del siglo V o inicios del VI, cuando Pedro II era el Arzobispo de Rávena.

Una vez más, los mosaicos son lo más bello de la capilla. Por desgracia, no nos permiten fotografiarla. En la bóveda de lo que podríamos llamar el transepto de la cruz griega encontramos cuatro ángeles sosteniendo un crismón, que simboliza la presencia de Cristo. Se considera una de las más antiguas capillas paleocristianas que han llegado a nuestros días.

Una entrada conjunta permite entrar a 5 de los 8 monumentos inscritos dentro de la lista del Patrimonio de la Humanidad: San Vital, el Mausoleo de Gala Placidia, San Apolinar Nuevo, el Baptisterio Neoniano y el Museo Arzobispal. Es válido para 7 jornadas, aunque el recorrido se puede hacer en unas horas.

IGLESIAS DE SAN FRANCISCO Y DE SANT’APOLLINARE NUEVO

Nuestro siguiente destino se encuentra a menos de cinco minutos. Se trata de la iglesia de San Francisco ubicada en la plaza homónima. A falta de mosaicos en su cúpula o en sus paredes laterales lo más interesante es su bella cripta inundada que permite observar los mosaicos existentes en el pavimento de la misma. Si no está iluminada debe introducirse una moneda para que la cripta recobre la luz.


Enseguida llegaremos a Sant’Apollinare Nuevo, que es otro de los grandes templos que hay que ver en Rávena y que forma parte, también, de la lista del Patrimonio de la Humanidad. Fue Teodorico el Grande, rey ostrogodo, quien mandó construir este templo en el año 505. Es decir, se trata de un templo anterior a la conquista de la ciudad por parte del Imperio Bizantino. Con la llegada de estos, el templo sufrió algunos cambios de importancia empezando por el propio culto que pasó del rito arriano propio de los ostrogodos al católico propio de los bizantinos. Ello también conllevó que se perdieran gran parte de los mosaicos originales que hacían referencia a aquella rama del Cristianismo que era considerada poco menos que hereje.

Una vez más, la fachada de ladrillo no permite augurar la belleza de su interior, de tres naves. La nave central se separada de las laterales gracias a un bello conjunto de columnas de mármol con capiteles que sustentan una combinación de arcos de medio punto. Los mosaicos de esta nave central corresponden, como explicaba, a la época ostrogoda y, sobretodo, a la época bizantina, tras la toma de la ciudad por este imperio y tras la transformación del templo llevada a cabo por orden del obispo Agnello.

En los mosaicos encontramos escenas de la vida de Cristo o del palacio de Teodorico. Quizá lo más conocido sean sendas procesiones de los Santos Mártires y las Santas Vírgenes que se localizan en la parte más baja y que corresponden a la época bizantina.






BAPTISTERIO ARRIANO

El Baptisterio Arriano o Baptisterio de los Ariani es el último de los monumentos que forman parte del Patrimonio de la Humanidad en Rávena que tenemos la oportunidad de conocer. La entrada es, además, gratuita. Queda un pelín escondido pues hay que tomar una bocacalle que parte de la Vía Armando Díaz. Se trata del baptisterio usado por los cristianos que profesaban el rito arriano. Es decir, corresponde también a la época ostrogoda de Rávena, antes de la dominación bizantina. Fue Teodorico el Grande, uno de los más importantes gobernantes de la antigüedad, quien encargó su construcción a finales del siglo V.

De fuera destaca su diseño octogonal, una vez más construido con piedras y ladrillos. En esta ocasión no encontraremos la pila bautismal que sí que hemos tenido la oportunidad de conocer en el Baptisterio Neoniano. Sin embargo, los mosaicos de la cúpula son, una vez más, de impresión. Al igual que en el Neoniano, en los mosaicos del Arriano está representada la escena del bautismo de Cristo por parte de San Juan Bautista. El río Jordán está personificado en la figura de un dios pagano. Rodeando esta escena encontramos, también aquí, los doce apóstoles guiados por San Pedro y San Pablo que desfilan en procesión. A diferencia del Baptisterio Neoniano, las paredes laterales están esta vez desnudas de mosaicos. Sin embargo, se sabe que originalmente también aquí habrían estado originalmente recubiertos.



Y con el Baptisterio Arriano termina nuestra visita por algunos de los monumentos más importantes que hay que ver en Ravena y que nos ha ocupado una tarde entera. La ciudad italiana de los mosaicos no nos ha defraudado, aunque la premura del tiempo nos ha impedido conocer otros edificios que forman también parte de la lista del Patrimonio Mundial como la Iglesia de San Apollinar en Classe o el Mausoleo de Teodorico.

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