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KEUKENHOF. Tulipanes holandeses en el jardín más bonito de Holanda.

Visitar el Keukenhof, el parque de los tulipanes holandeses, debería formar parte de los imprescindibles para los viajeros que visiten Ámsterdam en primavera. En mi caso, tras tres visitas a la capital holandesa fuera del periodo de apertura del parque de Keukenhof (dos escasos meses al año) no quería perder la oportunidad de poder pasearme por uno de los lugares más bucólicos de Holanda, conocido a menudo como el parque de los tulipanes holandeses.

De todos es sabido de la pasión de los holandeses por las flores. También que el tulipán es algo así como la flor nacional. Pues bien, en el Keukenhof se plantan, año tras año, millones de flores, particularmente narcisos y tulipanes, para dar lugar a uno de los parques florales más bellos del mundo entero, si no el que más.

Si queréis visitar el Keukenhof desde Amsterdam en una excursión organizada y en español podéis hacerlo. El precio incluye el viaje, la guía en español y la entrada al Keukenhof. Podéis mirar los precios y contratar el tour en esta web.


CÓMO LLEGAR AL KEUKENHOF. PRECIO DE LA ENTRADA.

Aunque el Keukenhof está muy cerca de Ámsterdam (35 kilómetros que deberían ser unos 40 minutos de coche), la visita en transporte se hace bastante pesada. Primero hay que ir desde Ámsterdam Central hasta Harlem en tren y posteriormente, tomar el autobús que te deja a 5 minutos andando del Keukenhof.

Otra posibilidad es tomar un tren o bus hasta Schiphol Plaza (el aeropuerto) y allí tomar el bus 858 que te lleva al Keukenhof. El Amsterdam & Region travel ticket cubre todo el recorrido pero no es barato, pues cuesta 18.50€. La entrada general al parque del Keukenhof en 2017 tiene un coste de 16€.

Otra posibilidad es realizar una excursión organizada desde Amsterdam, con bus directo desde la capital y entrada incluida. Podéis mirar los precios y contratar aquí.


TULIPANES HOLANDESES EN EL KEUKENHOF

Cada año, el Keukenhof dedica el parque a un tema concreto, que en 2017 es el del diseño holandés. Para los neófitos en la materia, esto tiene poca relevancia. En realidad lo que merece la pena es perderse por las varias decenas de hectáreas de este parque que sirve de escaparate internacional de la floricultura holandesa, una de las más reconocidas del mundo.

Hasta 100 empresas proporcionan los bulbos necesarios para dar lugar a los hasta 7 millones de tulipnaes holandeaas y otras flores que anualmente convierten los parterres del Keukenhof en una sinfonía de colores deslumbrante. El Keukenhof tiene su origen a mediados del siglo XX. Ya desde 1641 existía un castillo en esta zona al que el arquitecto paisajista Zocher añadió un jardín, a mediados del siglo XIX, que podría considerarse la base para el actual parque.

Sin embargo, fue en 1949 cuando un grupo de cultivadores y exportadores de bulbos, una de las industrias más florecientes de los Países Bajos, sugirieron la posibilidad de convertir los jardines en una exposición de flores primaverales. Dicho y hecho, el parque Keukenhof abrió por vez primera durante la primavera de 1950 y desde entonces, año tras año viene desarrollándose de manera ininterrumpida habiéndose convertido en uno de los espectáculos más bellos del país.

Para que cada marzo el parque abra las puertas, los trabajos deben empezar varios meses antes. Es así como a mediados de septiembre se inicia el plantado de los siete millones de bulbos de tulipanes holandeses y otras flores que florecerán al cabo de varios meses. Se trata de un trabajo manual y que dura un trimestre entero. Sin embargo, no todo son tulipanes en el Keukenhof. A parte de los narcisos, ya comentados, en los distintos pabellones que actúan a modo de semiinvernadero podemos disfrutar de distintas exposiciones florales. Alguna de ellas, con claro predominio de la flora tropical, como atestiguan el gran número de especies de orquídeas que son las protagonistas del Pabellón Beatrix, uno de los varios que iremos encontrando durante nuestro paseo matutino por el Keukenhof.



MÁS ALLÁ DE LOS TULIPANES HOLANDESES. ARTE CONTEMPORÁNEO Y PASEOS EN BICICLETA Y BARQUITO EN EL KEUKENHOF.

También nos llama la atención las distintas obras de arte contemporáneo que se encuentran repartidas por el parque. Todo ello dispuesto para el disfrute del visitante en una conjunción de arte y naturaleza domesticada francamente bella. Durante el paseo también nos cruzamos con un pequeño lago con surtidores y cisnes y con un buen número de canales y riachuelos, tan típicos del paisaje holandés. Igual de típico, por cierto, que el molino que se dispone a la derecha de la entrada, justo a los pies de unos enormes campos de cultivo donde los tulipanes están, a principio de primavera, solo a medio florecer. La del molino de viento con los campos de tulipanes a sus espaldas es una de las estampas más típica del parque. Sin embargo, para ello se debe visitar el Keukenhof ya entrada la primavera y no al inicio de esta estación como ha sido nuestro caso.

El Keukenhof se localiza, en realidad, en la zona de Lisse, una de las más apreciadas por la industria de la flor, motivo por el cuál, año tras año, atrae a un buen número de visitantes ávidos de disfrutar de tamaño espectáculo. En este sentido, son varios los itinerarios dispuestos para ser disfrutados en bicicleta para los que dispongan de más tiempo y les apetezca. Más adecuado imposible, en este país donde la bicicleta es el medio de locomoción reinante.

Si vas a visitar Amsterdam os recomiendo que echéis un vistazo a nuestro post acerca de los lugares que hay que ver en Amsterdam de manera imprescindible. Es una guía con las visitas que nos os podéis perder en la capital de Holanda.





Más allá de todas estas hectáreas de tupanes holandeses, los jardines de Keukenhof disponen también de una zona infantil, con un sencillo laberinto de setos y una zona de juegos, con tirolina incluida e, incluso, una pequeña granja con cochinillos, cabras y otros animalillos.

Otra posibilidad es alquilar una barquita para desplazarse por los canales que rodean los campos de tulipanes de Lisse. Son las conocidas como barcas silenciosas, porque se desplazan sin hacer ruidos, a fin de poder disfrutar del espectáculo floral sin estridencias exteriores. Quedará para otra ocasión.

Visitar el Keukenhof me llevará un par de horas. Desde luego, el parque da para más. Sin embargo, aunque las prisas no son jamás buenas compañeras de los viajeros, a menudo son inevitables si se desea abarcar lo máximo posible en los demasiado escasos días de vacaciones de los que se dispone.

Vistar el Keukenhof no decepciona. La verdad es que es una estupenda excursión de medio día que merece ser tenida en cuenta si se visita Ámsterdam en primavera.




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