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VALL D’EN BAS. Paseando por Tierras de Servidumbre.

La Vall d’en Bas en un municipio catalán de la gerundense comarca de La Garrotxa formando por un buen número de núcleos poblacionales dispersos, aunque bastante cercanos entre sí. La verdad es que aunque habíamos tenido la oportunidad de visitar La Garrotxa en varias ocasiones, jamás habíamos llegado a acercarnos hasta la Vall d’en Bas, de manera que esta vez no queríamos perder la oportunidad. Y ya os digo ahora que ha merecido la pena.

Son varios los asentamientos rurales que se encuentran repartidos por la Vall d’en Bas y que podrían ser incluidos en una lista de los pueblecitos más bellos de Catalunya. Además, el municipio se asienta en medio de una naturaleza exuberante, con varios ríos y riachuelos (particularmente, el río Fluvià cuya cabecera se encuentra en La Vall d’en Bas), bellas sierras con el pico del Puigsacalm como principal reclamo, extraordinarias cataratas como el Salto de Sallent que en época de deshielo se muestra espléndido y una interesante oferta agroturística que os comentaré posteriormente, puesto que es esta una tierra rica en granjas de carácter ganadero y agrícola.


RECORRIENDO LOS PUEBLOS DE LA VALL D’EN BAS.

SANT PRIVAT D’EN BAS

Pernoctamos en la bonita masía catalana Can Rubió, cercana a Joanetes (uno de los núcleos rurales que forman el municipio de la Vall d’en Bas) a fin de poder aprovechar la mañana.

Nuestra primera visita es la de Sant Privat d’en Bas, cuya población total no llega al millar de habitantes, aunque la gran mayoría de ellos no viven en el centro histórico si no en algunas urbanizaciones cercanas.

Poco o nada hay que hacer en estos pequeños pueblos más allá de disfrutar de la arquitectura tradicional que usa la piedra como material casi único de construcción, subir y bajar cuestas, embelesarse con los balcones llenos de macetas con flores de colores (en primavera, sobretodo) y disfrutar de lo que ahora se conoce como slow-travel. Es decir, pasear sin prisas y, casi, sin rumbo.

Sant Privat hace las funciones de capital administrativa de la Vall d’en Bas. Pero ello no es obstáculo para disfrutar de una tranquilidad absoluta. Entramos al pueblo por un arco que nos lleva directamente al epicentro de este núcleo poblacional, que está dominado por una plaza donde se alza la iglesia, que no podremos visitar por estar cerrada, y varias viviendas. Ambiente 100% rural con la sierra del Puigsacalm y las montañas de Falgars y Llancers como telón de fondo. A nuestros oídos solo llega el cercano rumor del río Gurn que pasa junto al pueblo. Una única tienda resiste en esta plaza y, pese a que es domingo, está abierta. Se trata de una charcutería, de nombre Can Gari, donde una anciana nos cuenta que venden sus propios embutidos desde hace más de 85 años. No dudamos en hacernos con una butifarra blanca con chicharrones y una longaniza de espectacular sabor.

Antes de tomar rumbo al siguiente pueblo nos acercamos hasta el riachuelo que no hemos dejado de oír. Se trata del río Gurb, que baja con fuerza debido a las nevadas acontecida en las últimas semanas.

A lo lejos, además, observamos el majestuoso Salt de Sallent, de unos 80 metros de caída vertical. Un sendero circular lleva hasta la base del mismo. Y la verdad es que nos hubiera gustado acercarnos hasta allí. Quedará para otra ocasión.





EL MALLOL

Nuestro siguiente objetivo es El Mallol, que dista no más de cinco minutos en coche de Sant Privat. En realidad, un sendero peatonal une los dos núcleos poblacionales.

El Mallol se sitúa en lo alto de una levísima colina. Antiguamente, la Vall d’en Bas fue sede de un vizcondado, cuyos señores habrían tenido su residencia, precisamente, en El Mallol. No era mala idea situar la fortaleza en este alto, pues desde esta pequeña colina las vistas de las tierras adyacentes son francamente bellas. Nada queda del castillo o fortaleza amurallada que una vez fue sede del vizcondado en cuestión. Sin embargo, el paseo por El Mallol, un pueblo con grandes pendientes pero fácil y rápido de recorrer, es de lo más entretenido. Una vez más, arquitectura rural con los distintos tipos de piedra como material casi único de construcción.

En la zona más alta del pueblo se localiza la iglesia de San Bartomeu, que también está cerrada. Entre las construcciones más interesantes se hallan la antigua cárcel o la Casa del Notario, aunque más que buscar grandes monumentos se trata de pasear disfrutando de la tranquilidad del momento.

La Vall d’en Bas, y particularmente El Mallol, tiene cierta importancia histórica por haber sido el epicentro de la que fue conocida como Revolución Remença. Con este nombre se conocía el pago que los payeses estaban obligados a sufragar a sus señores en concepto de rescate. Es decir, por el mero hecho de abandonar la tierra de cultivo. Ello acabó derivando en que, pese a ser hombres libres, estos trabajadores de la tierra no podían jamás abandonar la tierra que cultivaban para sus señores y con los que quedaban unidos por medio de la servidumbre.

Francesc de Verntallat, nacido en la población, fue uno de los fundadores y dirigentes de un primer sindicato agrario, allá por el siglo XV, que luchó por los buenos usos y las libertades. Es lo que se conoce como Revolución Remença. Su lucha tuvo, finalmente, su premio, pues los agricultores consiguieron, de Fernando el Católico, una sentencia arbitral que liberaba a los payeses catalanes de la servidumbre en cuestión. Fue, en aquel momento, un enorme avance social de trascendencias históricas.




HOSTALETS D’EN BAS

Desde el Mallol nos desplazamos hasta Hostalets d’en Bas, el último de los pueblos que visitaremos de este municipio de La Vall d’en Bas. El origen de este pequeño burgo es posterior al de El Mallol y Sant Privat. Debemos situarlo en el siglo XVIII, al crecer un pequeño conjunto alrededor de un hostal localizado en lo que era el camino real que unía las poblaciones de Vic y Olot. De ahí le viene el topónimo de Els Hostalets d’en Bas.

En realidad, este pequeño núcleo se limita a un par o tres de calles de las que la más pintoresca es la Calle Texeira que desemboca en la iglesia. Es esta la calle más reconocida, en realidad, de toda la Vall d’en Bas, habiendo sido inmortalizada numerosas veces por muchísimos pintores. En la parte derecha de la calle se sitúan viviendas de dos pisos, con balcones en el primer piso (y a menudo también en el segundo) decorados con macetas con geranios. Al final de la calle se encuentra la iglesia del pueblo donde dos mujeres rezan el rosario.

No tenemos mucha suerte con la meteorología porque al llegar a Els Hostalets d’en Bas empieza a llover y nos fastidia el paseo.

La verdad es que, como El Mallol y Sant Privat, este pequeño pueblo se pasea en pocos minutos, aunque podemos observar que dispone de varios restaurantes que tienen bastante buena pinta y que sirven, a buen seguro, buena cocina como corresponde a estas tierras de La Garrotxa.



MAS RUBIÓ. Utilizamos como base para visitar La Vall d’en Bas esta preciosa y maciza masía catalana convertida en alojamiento rural. Desde hace un par de años es llevada con extremo cariño por Gemma y su marido. Disponen de varias habitaciones, cada una con su propia y distinta decoración. Se trata de un lugar amable y cálido donde uno se encuentra como en casa. Y además, situada en un entorno precioso y a tiro de piedra de los principales atractivos de La Vall d’en Bas.

VISITA DE UNA GRANJA AGRÍCOLA DE LA VALL D’EN BAS.

Son varias las granjas de la Vall d’en Bas que permiten al viajero entender cómo es la vida de payes en estas comarcas gerundenses. En un primer momento teníamos la intención de visitar la Granja La Xiquella, una explotación de vacas lecheras que se encarga de elaborar su propio queso artesanal gracias a que disponen de una quesería artesanal. Sin embargo, nuestra visita a La Vall d’en Bas coincidió con una feria quesera en otras latitudes de manera que, durante este fin de semana, no reciben visitantes por haberse desplazado hasta la feria.

La cuestión es que fue mirando un folleto en nuestro alojamiento como descubrimos la existencia de la Granja La Coromina, en Joanetes, otro de los pueblecitos del municipio de La Vall d’en Bas. Se trata de otra explotación de vacas lecheras que admite visitas cada domingo. Por 5 euros por persona nos dieron una explicación de lo más interesante sobre lo que significa administrar una explotación ganadera, además de poder hacer un amplio recorrido por sus instalaciones.

Quedamos francamente sorprendidos del alto nivel de tecnificación empleado en cada uno de los procesos que se llevan a término en la explotación. Nos explican de la separación de las 200 cabezas bovinas según se trate de jóvenes terneras, vacas primíparas o multíparas, por ejemplo. También nos explican que la práctica totalidad del cereal utilizado como alimento para los animales se cultiva en la propia granja, utilizándose el propio estiércol de las vacas para mejorar la fertilidad del campo.

Durante la visita a La Coromina podemos observar el proceso de ordeño mecánico que se lleva a término tres veces al día y que está perfectamente monitorizado a fin de tener bajo control cualquier variable que pueda indicar que algún animal está sufriendo algún tipo de enfermedad que conlleve la disminución de su producción lechera.

La visita termina con la degustación de algunos productos elaborados con la leche de la explotación, como yogures o quesos. Sin embargo, nos comentan que los derivados no se realizan en la propia granja si no en otras haciendas cercanas.

No sería justo decir que es Marc el único que disfruta dando de comer a las vacas, acariciando los pequeños conejos (además de vacas disponen de otros animales para consumo propio) o atendiendo a las explicaciones. La verdad es que tanto Isa como yo encontramos la visita a la granja sumamente interesante.




Nos quedamos a cenar en el propio Mas Rubió y fue un auténtico acierto. Nos comentan que ellos mismos cultivan gran parte de los alimentos que degustaremos, como las calabazas protagonistas del puré del primer plato o las coles con que se elabora el trinxat, plato tan típico de todo el Pirineo. La butifarra también está deliciosa y cierra un ágape típicamente catalán. El desayuno es igualmente casero. Gemma se encarga de elaborar el membrillo, la mermelada o los pasteles. Delicioso es poco.

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