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Qué ver en Guadalajara. El Palacio del Infantado y algo más.

¿Hay algo más que ver en Guadalajara a parte del Palacio del Infantado? Esto era lo que me preguntaba cuando me dispuse a armar nuestro viaje del Puente de la Purísima de 2017. Debíamos economizar al máximo los 5 días de vacaciones de los que disponíamos de manera que no estábamos seguros de visitar Guadalajara o dejarla para otra ocasión.

Finalmente, el imán que supone el Palacio del Infantado, monumento incluido dentro de la lista indicativa del Patrimonio Mundial (una suerte de lista de nominados) fue demasiado potente, de manera que aprovechando que andaríamos por Cuenca, monumental ciudad que dista únicamente un par de horas de Guadalajara, incluimos la visita a esta capital castellanomanchega dentro del itinerario de viaje.

Y tras dedicarle unas 5 o 6 horas os puedo asegurar que los atractivos que hay que ver en Guadalajara son suficientes como para dedicarle una visita de al menos medio día, aunque lo deseable sería dedicarle el día entero. Eso sí, no esperéis encontraros con la ciudad más bella de España aunque a los lugareños les guste presumir de que viven en una de las capitales con más espacios verdes del país (distinción que se disputan con Álava) o de que el renacimiento entró en España por Guadalajara, de la mano de la familia Mendoza.

QUÉ VER EN GUADALAJARA EN 1 DÍA

Empezamos la visita turística de Guadalajara en la Oficina de Turismo del Parque de la Huerta de San Antonio. Allí nos hemos provisto de un mapa donde nos han marcado los lugares de más interés que hay que ver en Guadalajara. Además, hemos adquirido la Guadalajara Card, por 3 euros, que incluye la visita a varios sitios de imprescindible visita.

Nuestros pasos nos llevan hasta el Torreón de Álvar Fáñez, uno de los escasos vestigios de las murallas que defendieron la ciudad durante la época medieval. La leyenda cuenta que por allí entró Álvar Fáñez, compañero de batallas y parece que primo del Cid Campeador, dispuesto a conquistar la ciudad a los moriscos. Aunque no se sabe del cierto la veracidad o no de la leyenda, la puerta torreón lleva el nombre del belicoso noble y en la actualidad ha sido reconvertida en Centro de Interpretación del escudo heráldico de Guadalajara.

Enseguida llegamos al gran monumento que hay que ver en Guadalajara. Me refiero al Palacio del Infantado, una de las obras más notables del renacimiento español.

EL PALACIO DEL INFANTADO, LA JOYA DE GUADALAJARA

Fue Íñigo López de Mendoza, segundo Duque del Infantado, quien mandó erigir este palacio. Los Mendoza eran una familia nobiliaria de la más alta alcurnia, cuyo origen lo debemos encontrar en Álava. Varios de los más importantes personajes de este linaje se situaron en los más altos escalafones políticos, sociales o eclesiásticos del momento, de tal manera que la familia dispuso de todo tipo de posesiones y villorrios en la Castilla de la época. Uno de los hijos del citado Iñigo López de Mendoza, Pedro González de Mendoza, fue uno de los cardenales más importantes del momento, llegando a ser confesor de la propia Reina Isabel.

La cuestión es que el Duque de Mendoza encargó a Juan Guas el diseño de un nuevo palacio a partir de la década de los 80 del siglo XV. Se trata de un magnífico palacio que en un principio se debería considerar de finales del gótico. Sin embargo, a los Mendoza se les atribuye la llegada del Renacimiento en España, de manera que las reformas acontecidas en las décadas siguientes por los sucesivos Duques del Infantado, convirtieron al Palacio en una de las maravillas del renacimiento español, aunque con una suerte de soluciones artísticas y estéticas que la historiografía no se pone de acuerdo en atribuirlas al gótico isabelino, al renacimiento o al plateresco. Probablemente tenga de todo un poco y es que, al fin y al cabo, los tres estilos suelen mezclarse para casi convertirse en uno solo, según varios autores.

La cuestión es que la fachada es una auténtica maravilla, con una conjunto de cabezas de clavos poco habitual en España, aunque no único, y una puerta principal descentrada flanqueada por dos columnas y donde el escudo de los Mendoza cobra especial protagonismo.

Sin embargo, la verdadera maravilla de este Palacio del Infantado la encontramos en su patio central. Ya nos metemos de lleno en el Renacimiento para disfrutar de este Patio de los Leones, que así se llama, dispuesto de forma rectangular y donde encontramos una doble arquería superpuesta, a base de arcos mixtilíneos decorados con imágenes de leones, lo que da nombre al patio, que se sustentan por columnas de orden toscano. Una maravilla.

Por desgracia prácticamente no podemos disfrutar de los artesonados que hasta el primer tercio del siglo XX decoraban las galerías del Palacio. La Guerra Civil Española se los llevó por delante y solo queda una pequeña muestra en uno de los vértices del piso inferior.


En las dependencias del Palacio del Infantado se localiza el Museo Provincial que no tendremos tiempo de visitar, aunque sabemos que conserva algunos extraordinarios frescos de la época.



IGLESIAS, PALACIOS Y PANTEONES DE GUADALAJARA

Tras el Palacio del Infantado nos dirigimos a una de las iglesias que hay que ver en Guadalajara. Se trata de la Iglesia de Santiago, de traza mudéjar.

A los pocos metros nos encontramos con el Convento de la Piedad, cuya entrada renacentista es también una maravilla, como igualmente lo es la portalada plateresca del Palacio de Antonio Mendoza que se ubica en la misma plazoleta donde se alza el citado convento y con el que en realidad formaba una sola construcción.

En la actualidad, el Palacio de Antonio Mendoza desempeña las funciones de escuela pública. Sin embargo, al menos durante nuestra visita en fin de semana, no hay problema alguno en poder admirar su fabuloso patio, que fue reformado durante el siglo XIX, momento en el cual se añadieron una suerte de embaldosados de tipo sevillano. El patio central del palacio, con dos pisos adintelados se atribuye a Alonso de Covarrubias, uno de los más importantes arquitectos del Renacimiento Español. Los capiteles de piedra sustentan cornisas de madera, en una solución poco habitual en los patios españoles.

La monumental escalera que da accesos al primer piso es francamente bella e igualmente ornamentada con los azulejos sevillanos que decoran la plata baja del patio. Poco se ha conservado del artesonado original, aunque si nos fijamos en el techo de la zona donde se ubica la escalera en cuestión tendremos una sorpresa agradable.


Seguimos nuestra ruta para llegar hasta el Palacio de la Cotilla o de los Marqueses de Villamejor. Se trata, desde luego, de un palacio mucho más sencillo que los visitados hasta el momento. Sin embargo, en su interior alberga una joya de lo más original y bien poco habitual en España. Me refiero al Salón Chino, decorado con pinturas sobre papel de arroz. Una obra maestra absoluta del siglo XIX que merece una rápida visita.


Casi enfrente de este palacio se ubica la Concatedral de Santa María, la más importante de las iglesias que hay que ver en Guadalajara, aunque nadie debe esperar encontrarse aquí con una catedral comparable a los grandes templos europeos.

La Concatedral de Santa María fue alzada en el lugar donde se habría ubicado una vieja mezquita musulmana y comparte sede episcopal con la Catedral de Sigüenza. El templo fue alzado entre los siglos XIII y XIV en estilo mudéjar. Algo que nos sorprende son las varias puertas diseñadas mediante arcos en herradura, bien poco habitual en las catedrales españolas. También llama la atención el pórtico sobre columnas de la fachada, que es un añadido del XVI, ya en pleno renacimiento.


Subiendo por la Cuesta de San Miguel que queda enfrente de la Concatedral nos topamos con uno de los edificios más sorprendentes que hay que ver en Guadalajara: la Capilla de Luis de Lucena. Parece ser que el tal Luis de Lucena fue un importante médico y humanista del renacimiento. La cuestión es que el personaje fue requerido a Roma para sanar al Santo Padre de unas dolencias en los dientes, momento en que la muerte le sorprendió, de manera que fue enterrado en la misma capital italiana. Ello conllevó que la Capilla mortuoria de Luis de Lucena jamás llegase a desempeñar las funciones por las que había sido alzada.

Se explica que probablemente fue el propio Luis de Lucena quien diseñara la capilla, aunque se sabe que las pinturas del interior habrían sido fruto del genio de un artista florentino, de nombre Rómulo Cincinato, y realizadas ya tras la muerte del humanista. Son una maravilla que no os debéis perder bajo ningún concepto y que, por cierto, queda incluido dentro de las visitas de la Guadalajara Card. Hay quien llama a la capilla, quizá con cierta presunción, la Capilla Sixtina de Guadalajara. Cierto es que el tal Cincinato no es Miguel Ángel, pero la verdad es que la visita merece mucho la pena.


Pasamos por delante de la Puerta de Bejanque, otro de los vestigios de la vieja muralla medieval, para llegar hasta otro de los monumentos que hay que ver en Guadalajara de forma ineludible. Me refiero a la Iglesia de San Francisco y, particularmente, a su cripta.

La verdad es que la iglesia es sí es de lo más insulta. Muy fría y sin ningún tipo de alma. Sin embargo, sólo por visitar su curiosa cripta ya merece la pena acercarse hasta aquí. Es aquí donde se localiza el Panteón de los Mendoza. Eso sí, tal familia no se podía contentar con un panteón sencillo, de manera que alzaron uno a imagen y semejanza, ni más ni menos, que del Panteón Real de el Escorial. Y es que no son pocos los expertos que explican que el poder que ostentaba esta familia estaba casi a la altura del de la misma familia real.

El panteón en cuestión, donde abundan los mármoles de distintos colores, fue saqueado en distintas ocasiones. La última de las cuáles, durante la invasión francesa de 1813 de la mano de Napoleón, de manera que nada queda en los distintos sepulcros que allí se ubican.

Regresamos al centro en un santiamén y nos disponemos a almorzar, pues hasta la tarde no reabrirá sus puertas en Panteón de la Condesa Vega del Pozo, el último de los lugares que hay que ver en Guadalajara. La oferta en la Calle Mayor es abundante, con varios menús a precio razonable. Sin embargo, preferimos comer a base de tapas y raciones.

EL PANTEÓN DE LA CONDESA VEGA DEL POZO DE GUADALAJARA

A las 3 y media de la tarde estamos enfrente de nuestro último objetivo: el citado Panteón de la Condesa Vega del Pozo. Hemos llegado hasta aquí en coche, pues queda un pelín alejado del centro y ya desde este lugar tomaremos rumbo a nuestro próximo destino.

Es este otro lugar que hay que ver en Guadalajara de forman ineludible. Aquí está enterrada María Diega Desmaissieres, duquesa de Sevillano y condesa de la Vega del Pozo y auténtica mecenas de la población de Guadalajara. Y por lo visto, nada discreta la señora, pues el lugar que mandara construir como lugar de último reposo es francamente de impresión. Se trata de un gran edificio de aires bizantinos con planta de cruz griega y culminado con una preciosa cúpula decorada con cerámica vidriada. No menos ostentoso es su interior, donde lo que más destaca es el grupo escultórico que representa el cortejo fúnebre de María Diega Desmaissieres, una obra sublime de Ángel García Díez. Una pena que no se permita fotografiar el interior.

Y ahora sí, tras visitar este último lugar cerramos esta ruta que nos ha llevado a conocer los principales monumentos, plazas, iglesias y palacios que hay que ver en Guadalajara, una ciudad que, sin ser la más bonita de España, bien merece una visita.

CÓMO LLEGAR A GUADALAJARA

En tren. Hay varios trenes diarios desde Madrid. Los AVE tardan 25 minutos en cubrir el trayecto y los Express, unos 40. Desde Zaragoza se tarda 1 hora en AVE.

En avión. El aeropuerto más cercano es el de Madrid-Barajas, que recibe vuelos procedentes de toda España y del extranjero. Desde allí hay que tomar la carretera R2 dirección Guadalajara. Una buena opción es alquilar un coche con el metabuscador de Easyterra, que os dará el precio de alquiler de coche más barato entre los distintos operadores de rent a car.

Por carretera. Desde Madrid hay que ir a buscar la A-2 dirección Castilla La Mancha. Tomar la salida 56 de la A-2, durección Guadalajara. Nosotros vinimos desde Cuenca. En este caso, una hora y medio de camino tomando la N-320.

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