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Qué ver en Nantes. Una de las grandes sorpresas de Francia.

Visitar Nantes ha resultado una auténtica sorpresa. La verdad es que esta ciudad francesa, situada a solo 60 km de la desembocadura del río Loira, tiene mucho más atractivo turístico del que pensábamos. Particularmente, tras la reconversión que ha sufrido en los últimos 30 años.

Nantes fue una ciudad importante del Ducado de Bretaña desde que en el siglo XI la hija del Condado de Nantes se esposara con la heredera del Ducado de Bretaña. En esta ciudad se puede visitar, por ejemplo, el magnífico Castillo de los Duques de Bretaña, que es uno de los monumentos más relevantes de Nantes. Sin embargo, a finales del XV la población fue incorporada al Reino de Francia tras la boda entre la duquesa Ana de Bretaña y Carlos VIII de Francia.

Con el tiempo, Nantes se convirtió en un destacado emporio comercial. Particularmente, durante los siglos XVII y XVIII. Su puerto era uno de los más activos de Europa. Y no solo en tráfico de mercancías, si no también en lo que hace referencia al más infausto de los comercios: el de personas. Nantes se convirtió en uno de los 5 puertos esclavistas más importante del continente. Más de medio millones de esclavos partieron de sus muelles, casi siempre en dirección a América, para no regresar jamás.


La Revolución Industrial y la abolición del esclavismo trajeron nuevos aires a Nantes. Entre las empresas más populares encontramos a LU, la conocida compañía productora de galletas. Sin embargo, fueron los astilleros de Nantes los que dieron trabajo a miles de obreros hasta que fueron cerrados a finales del siglo XX. Aún podemos encontrar en Nantes algunos vestigios de aquella industria. Particularmente, en la conocida como Isla de Nantes, uno de los lugares más interesantes que ver en Nantes.

La ciudad industrial de los siglos XIX y XX ha dado paso a una ciudad de servicios, que intenta poner a los ciudadanos en el centro de la ecuación y donde la sostenibilidad y el arte ocupan un espacio destacado. Proyectos como el festival veraniego Voyage a Nantes o el Estuaire Nantes-Saint Nazaire, han convertido la ciudad en una de las más activas de Francia en lo que hace referencia al arte contemporáneo. Especialmente importante ha resultado la reconversión de la Isla de Nantes. Hoy es un importante foco cultural y uno de los lugares favoritos para el recreo de los nanteses. Por su parte, el centro de la ciudad se ha revitalizado también, con un enorme cantidad de paseos comerciales y peatonales, enormemente atractivos para el lugareño, pero también para el visitante. Con todo, creo que Nantes tiene suficiente interés como para dedicarle un par o tres de días.

Una buena manera de empezar a conocer la historia y los lugares más importantes que ver en Nantes es apuntándose a un tour guiado en español (podéis mirarlo aquí).

Estos son los lugares más interesantes que ver en Nantes:

DÓNDE DORMIR EN NANTES

HOTEL DE LA FRANCE. Uno de los mejores hoteles de la ciudad y situado en pleno centro, junto al lado de la Plaza Graslin. Desde aquí tendréis todos los lugares que hay que ver en Nantes a tiro de piedra. Se trata de un hotel de 4 estrellas, con todo tipo de comodidades, pero con mucha personalidad, alejado a los hoteles de cadena. El desayuno es perfecto. El hotel dispone de un pequeño gimnasio, que no tuve tiempo de utilizar.

QUÉ VER EN NANTES. LAS VISITAS IMPRESCINDIBLES.

MERCADO DE TALENSAC

Empezamos nuestra visita a la ciudad por el mercado de Talensac. A nadie le debe extrañar que uno de los lugares más interesantes que ver en Nantes sea su mercado. Es así en casi todas las ciudades francesas, donde los mercados rebosan olor y color.

Desde primera hora de la mañana, este mercado inaugurado en 1937 bulle de actividad. Se trata de un mercado cubierto que abre cada día excepto lunes. Fuera del recinto, aunque en realidad formando parte del mismo mercado, se sitúan las tiendas de frutas y verduras. Los fresones, particularmente, tienen un aspecto espectacular. En el interior encontramos las pescaderías, carnicerías, queserías o tiendas gourmet de todo tipo. Particularmente, pastelerías. En Le Fondant Baulois nos tientan con la Gateau Nantaise, la tarta que es especialidad de la ciudad, con sabor a ron, vainilla y canela. Deliciosa. Bien cerquita, en Vincent Gerlais, degustamos unos deliciosos macaron. Acabamos de desayunar, pero ¿a quien le amarga un dulce? Las pescaderías nos muestran todo tipo de pescado fresco del Atlántico, así como ostras bretonas. Y las queserías, ¿qué decir? Entre especialidades regionales se mezclan decenas de quesos franceses. De verdad, no dejéis de visitar el Mercado de Talensac.


TORRE DE BRETAÑA

Justo en frente se alza el edificio más alto de la ciudad, la Torre de Bretaña. Es un rascacielos de 32 pisos inaugurado en 1976. Una de las mejores vistas que hay que ver en Nantes las tenéis desde su terraza panorámica, situada en el bar El Nido. La verdad es que solo por ver la ciudad desde las alturas ya merece la pena que os acerquéis hasta aquí. Además, la decoración, obra del artista Jean Julien, es de lo más curiosa.


PLAZA ROYALE E IGLESIA DE SAN NICOLÁS.

Tomamos rumbo al centro histórico. Concretamente, al Barrio de Graslin. Enseguida llegamos a la Place Royale, una de las más bellas y armónicas que ver en Nantes. Es de finales del siglo XVIII; y lo que más llama la atención es la gran fuente que la domina, que fue añadida en 1865 y que simboliza el río y la vocación marítima de Nantes.

Desde la misma plaza observamos la iglesia de San Nicolás, que asoma desde una calle de la esquina. El templo tiene rango de basílica, aunque no es tan antigua como podríamos pensar, pues fue alzada a mediados del siglo XIX, aunque en estilo neogótico. Entramos, pero están haciendo misa, de manera que nos quedamos al fondo.

PASSAGE POMMERAYE

Este pasaje es una delicia y uno de los lugares más elegantes de Nantes. Fue creado a mediados del siglo XIX, en un momento en que en muchos lugares de Europa se alzaron este tipo de galerías comerciales cubiertas. La verdad es que tanto por su arquitectura, a ratos neobarroca y a ratos neoclásica con una buena columnata incluida, como por su decoración, con múltiples esculturas, merece ser incluida en cualquier lista de los lugares que ver en Nantes.


PLACE GRASLIN Y COURS CAMBRONNE

Salimos nuevamente a la calle por Rue Crébillon, para llegar enseguida a Place Graslin, que es la que da nombre al Barrio. En esta plaza circular se ubica el Teatro de la Ópera o Ópera Graslin. La fachada es neoclásica, como atestigua su elegante columnata, y corresponde a finales del siglo XVIII.

En la misma plaza merece la pena visitar el que es el más famoso de los restaurantes de Nantes: la Cigale. Si no os apetece comer ahí, echadle al menos un vistazo, con la excusa de tomar un te o una chocolate caliente a media tarde. Se trata de un maravilloso local de delicada decoración modernista, con frescos en los techos, múltiples espejos y un sin fin de elementos decorativos que nos llevan directamente a finales del siglo XIX. De verdad que, aunque se trate de un restaurante, es también uno de los monumentos más bonitos que ver en Nantes, como lo pueden ser el Café New York de Budapest o el San Carlo de Turín.


Casi adyacente a la Place Graslin se ubica el Cours Cambronne, un pasaje a cielo abierto que se ha convertido en uno de los rincones más encantadores de Nantes. Localizado en medio de dos hileras de edificios, justo en el centro domina la escena la estatua del General Cambronne. Sin embargo, una escultura mucho más pequeña resulta bastante más encantadora. Se llama el Elogio de la Transgresión y es una obra de Philippe Ramette. No sabemos si la niña de la obra pretende subir al pedestal o escarpar del mismo, pero os aseguro que es una maravilla.

CATEDRAL DE SAN PEDRO Y SAN PABLO, LA IGLESIA MÁS IMPORTANTE QUE VER EN NANTES.

No voy a decir que la Catedral de San Pedro y San Pablo es la más espectacular que hemos visitado, porque sería exagerado. Pero, ciertamente, se trata de la iglesia más importante que ver en Nantes. Es de estilo gótico, aunque no empezó a alzarse hasta 1434. Además, está considerado como uno de los templos que ha tardado más tiempo en terminarse, pues no fue finalizado hasta 1891. La cuestión es que la desgracia se cebó con la Catedral de San Pedro y San Pablo en 1972, cuando fue pasto de las llamas. Lo que vemos actualmente, por tanto, es fruto de la reconstrucción llevada a término desde entonces.

Sus medidas no están nada mal, con más de 100 metros de la largo. Las bóvedas se alzan, incluso, a más altura que las de Notre Dame de París (hasta los 37.5 metros). Sin embargo, el interior es bastante austero destacando, particularmente, el maravilloso sepulcro de Francisco II, Duque de Bretaña, y Margarita de Foix. Está considerada una joya del renacimiento. La fachada, por cierto, recuerda algo a la de Notre Dame, aunque da la sensación que a sus torres le faltan algún tramo para estar completas.


NANTES PASS. La tarjeta que incluye todo el transporte público de Nantes, pero también entrada gratuita a varios de los lugares más importantes que ver en Nantes, como el Castillo de los Duques de Bretaña, la Torre de Bretaña o el Museo de Arte (que no tuve tiempo de visitar). También se incluye el Carrusel de los Mundos Marinos o la Galería de las Máquinas, a escoger.

CASTILLO DE LOS DUQUES DE BRETAÑA

Rue M. Rodier conecta la Catedral con el Castillo de los Duques de Bretaña, otra de las visitas imprescindibles de Nantes. El resultado de esta fortaleza es el que se deriba del paso de los siglos. De esta manera, si el exterior nos muestra una fortaleza medieval con sus puertas monumentales, sus torreones y sus fosos, los edificios del interior corresponden ya a la época renacentista, recordándonos, en cierta manera, algunos de los tan populares castillos del Loira.

La cuestión es que era esta la residencia favorita de los Duques de Bretaña, quienes ejercieron el poder en toda la región hasta que Ana de Bretaña terminó casándose con el que sería Rey de Francia (y no una, si no es dos ocasiones, de manera que se trata de la única mujer que ha sido Reina de Francia dos veces distintas). De esta manera, como decía, el Reino de Francia acabó fagocitando el Ducado de Bretaña, que pasó a formar parte del primero.

En la actualidad, el Castillo de los Duques de Bretaña está museizado y muy renovado. No os esperéis, por tanto, el típico castillo ducal o real, ornamentando como antaño. Aquí se ubica el Museo de Historia de Nantes que nos muestra el desarrollo de la ciudad desde sus orígenes, haciendo especial hincapié en su relación con la trata de personas, durante la infausta época de la esclavitud, el desarrollo industrial posterior y el periodo de las dos Guerras Mundiales.

JARDÍN DE PLANTAS.

Termino la tarde de esta primera jornada en esta ciudad visitando el que es el jardín más bonito que hay que ver en Nantes. Y os aseguro que no exagero si os digo que se trata del más bello jardín urbano que he visitado jamás. O, al menos, entre los que recuerde.

Leemos que aquí podemos encontrar hasta 10.000 especies de platas y árboles. Lo cierto es que más allá de la incomparable colección, este jardín nos encanta por la gran cantidad de lagos y charcos y por la abundatísima fauna que alberga. Particularmente aves, desde luego, pero también podemos observar un buen número de tortugas y hasta una charca donde las ranas se dejan oír, sin parar, en lo que parece un auténtico concierto. Finalmente, y con paciencia, podemos identificar a más de una docena de ellas. También sobresalen, en este Jardín de Plantas de Nantes, varios invernaderos decimonónicos, donde crecen especies que requieren de especial calor. Además, el parque dispone de una bastante importante zona de juegos para niños así como un buen número de obras de arte contemporáneo, como hemos ido encontrando a lo largo y ancho de Nantes.



MEMORIAL DE ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD, EL LUGAR MÁS CONMOVEDOR QUE VER EN NANTES.

La segunda jornada en Nantes la quiero dedicar a visitar la Isla de Nantes. Sin embargo, me queda de camino un lugar que no quiero perderme bajo ningún concepto. Se trata del Memorial de Abolición del Esclavismo.

Nantes, como ya he dicho anteriormente, tiene su historia más negra en los años en que comerció con el género humano. El de Nantes fue el puerto negrero más importante de Francia y el tercero de Europa tras los de Liverpool y Londres. Se sabe que más de 2000 navíos partieron desde este puerto con centenares de miles de negros que jamás regresarían a casa. Se estima que de los 12 millones de esclavos que Europa comerció, más de 500.000 partieron de estos muelles. Que menos, por tanto, que la ciudad les rinda un sentido homenaje en un recorrido subterráneo, de unos 90 metros de largo, donde se explican aquellos tiempos.

ARTE CONTEMPORÁNEO EN LA CALLE.

Dos propuestas, surgidos en los últimos años, han llenado de arte contemporáneo las calles de Nantes. Se trata de Estuaire y de El Viaje a Nantes. En la primera propuesta, Estuaire, se propuso a bastantes artistas que diseñaran una serie de obras de arte de gran tamaño entre Nantes y Saint Nazaire, en la desembocadura del Loira. Algunas de ellas se convirtieron en permanentes y pueden visitarse en la actualidad. Es el caso de los Anillos de Daniel Burren, L’Absence, de Van Lieshoout o Mètre a Ruban, de Lilian Bourgreat.

La segunda propuesta es la del Viaje a Nantes. Se trata de una suerte de festival de verano, consistente en crear nuevas obras de arte contemporáneo. Algunas de ellas pasan el filtro de la temporalidad y se convierten en permanentes. Es el caso del curioso Aire de Jeaux, de Kinya Maruyama, una área de juegos para niños, de madera y que simula ser una especie de dragón, la Canadienne, del estudio Fichtre, que nos muestra una cabaña tipi convertida en terraza de bar, o las curiosas mesas de Ping Pong de Laurent Perbos, de formas imposibles. Especialmente me gustó el Árbol de Baloncesto, que se localiza en la Isla de Nantes.

 

LA ISLA DE NANTES. LAS MÁQUINAS DE LA ISLA, EL ELEFANTE, EL CARRUSEL Y OTROS LUGARES.

Tras visitar, en silencio, el Memorial de la Abolición de la Esclavitud, tomo rumbo a la Isla de Nantes. Se trata de una isla natural situada en medio del río Loira, unida al resto de la ciudad de Nantes por varios puentes.

Voy a dedicar un post específico a la Isla de Nantes que, en las últimas dos décadas, se ha convertido en uno de los lugares imprescindibles que hay que ver en Nantes. Lo que se visita es, sobretodo, su parte occidental.

La Isla de Nantes se ha reconvertido, casi milagrosamente, después de que la industria de los astilleros terminara por cerrar a finales del siglo XX. En la actualidad, lo que acoje la Isla de Nantes es un buen número de edificios de lo más modernos, pero sumamente interesantes, como el nuevo Palacio de Justicia de Jean Nouvel o la Escuela de Arquitectura y, particularmente, tres propuestas de lo más innovadoras. Una de ellas, es el famosísimo Elefante de Nantes. Se trata de un maravilloso elefante mecánico, pero a una escala 5 veces superior a los paquidermos, y que hace las delicias de pequeños y mayores durante sus paseos por la Isla de Nantes. La segunda propuesta, es el bellísimo Carrusel de los Mundos marinos. Se trata de dar una vuelta de tuerca a los clásicos carruseles del siglo XIX y XX. En este caso, los que dan vueltas son animales marinos, surgidos de la imaginación de los diseñadores. La tercera novedad es lo que se conocer como Las Máquinas de la Isla, que no es más que la visita al taller que se dedica al diseño de estas curiosas criaturas mecánicas. Aquí se tiene la oportunidad de conocer los nuevos proyectos e, incluso, de subir a las nuevas criaturas y accionarlas. Lo que os digo, os hablaré en otro post de la Isla de Nantes, porque os aseguro que se trata de esto que os comento y de bastante más.



Pues bueno, estos son los lugares principales que hay que ver en Nantes, una ciudad que os aseguro que ha superado nuestras expectativas y que creo que se hace merecedora de una escapada de un par o tres de días. No creo que pueda decepcionar a nadie.

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