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Consuegra. Visita al Castillo y los Molinos de Viento de Consuegra.

Castillo y Molinos de Consuegra

Consuegra, una población de la provincia de Toledo de no más de 10.000 habitantes, es parada indispensable dentro de la Ruta del Quijote, el recorrido que evoca los paisajes que habría conocido el Ingenioso Hidalgo, cuyas andanzas relató Miguel de Cervantes en la más famosa de sus novelas.

Aunque merece la pena echar un vistazo al centro histórico de Consuegra, dos son los motivos que convierten a esta pequeña ciudad en un hito dentro de esta Ruta del Quijote. Y ambos se localizan en lo largo de la suave colina que domina Consuegra y que recibe el nombre de Cerro Calderico. Me refiero al Castillo de la Muela (o simplemente, el Castillo de Consuegra) y a uno de los conjuntos más numerosos de molinos de viento que pueden visitarse en toda la región.

EL CASTILLO DE LA MUELA O CASTILLO DE CONSUEGRA

Lo primero que hacemos al llegar a Consuegra es tomar la carretera que asciende al Cerro Calderico para visitar el Castillo de la Muela.

Se trata de uno de los castillos mejor conservados entre los que hay que ver en Castilla la Mancha, lo cual no es poco teniendo en cuenta la altísima densidad de fortalezas existentes en esta Comunidad Autónoma.

El Castillo de la Muela o Castillo de Consuegra tiene su origen, muy probablemente, en una vieja fortaleza musulmana que nos remite a los tiempos anteriores a la Reconquista. Se trataría de un alcázar alzado en el siglo X por orden de Almanzor, que por aquel tiempo era el canciller del Califato de Córdoba.

Se sabe sin embargo, que el Castillo de Consuegra pasó a manos de la Taifa de Sevilla. Precisamente fue el último rey abadí, Muhámmad al-Mutámid, quien lo cedió al rey castellano Alfonso VI por un pacto matrimonial que lo uniría con una princesa árabe, de nombre Zaida.

Sin embargo, Alfonso VI perdería nuevamente el castillo a manos de los musulmanes. Esta vez, fueron los almorávides, otra dinastía árabe, quienes se adueñaron de la fortaleza, durante la conocida como Batalla de Consuegra. Finalmente, los cristianos recuperaron el Castillo de Consuegra en el siglo XII, siendo este entregado, junto a la población existente en la falda del cerro Calderico, a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén.

En los siglos siguientes, el Castillo de Consuegra evolucionó para convertirse en una de las más importantes obras de ingeniería militar del sur de Europa. De planta más o menos cuadrada y enmarcado por cuatro torres semicirculares que se ubican en cada uno de sus cuatro lados, la silueta del Castillo de la Muela, junto al conjunto de molinos de viento que se alzan a lo largo de la cresta del cerro, se han convertido en una de las imágenes más reconocibles de la Ruta del Quijote.

La visita al Castillo de Consuegra se realiza por libre y tiene un coste de 4 euros (la entrada incluye la visita al Molino Bolero, del que luego hablaré). Durante el recorrido se visitan las murallas, el patio de armas, la distintas estancias y galerías, el recuperado aljibe, las viejas cocinas o las inevitables mazmorra.



Sin embargo, es la vista a los torreones lo que más disfrutamos. Por un lado, con la ciudad de Consuegra a nuestros pies; y por el otro, con unas bonitas vistas de la larga hilera de molinos de viento dominando la colina.

LOS MOLINOS DE VIENTO DE CONSUEGRA

Los Molinos de Viento de Consuegra son el gran aliciente de la población, de manera que tras visitar el Castillo de la Muela nos disponemos a conocerlos. Su estampa, en lo alto del Cerro Calderico, es de las que definen una región entera: la Mancha. De esta manera, aunque visitamos otros pueblos con molinos durante nuestra Ruta del Quijote, probablemente sea en Consuegra donde la imagen de los molinos casi alineados resulte más espectacular.

En total se han conservado hasta 12 molinos de viento en Consuegra. Sus nombre, como no podría ser de otra forma, han sido tomados de la famosa novela cervantina y responden a Clavileño, Caballero del Verde Gabán, Chispas, Espartero, Cardeño, Vista Alegre, Rucio, Alcancía, Sancho, Mochilas, Mambrino y Bolero.

Todos ellos responden a la misma morfología. Se trata de molinos de viento de base circular, revestidos en color blanco y con cuatro aspas, que es lo más habitual entre los molinos de viento, aunque en algunas ocasiones los hemos encontrado de seis aspas.

En este sentido, los Molinos de Viento de Consuegra están dispuestos en tres plantas, como es habitual. El moledero es la planta superior (luego lo visitaremos en el Molino Rucio), la camareta es la planta intermedia, que es donde se recoge la harina ya molida. La planta baja es conocida como la cuadra.

La visita al Cerro Calderico y al exterior de los Molinos de Viento de Consuegra es gratuita. Sin embargo, merece la pena visitar algunos de los molinos que están abiertos, para así conocer su maquinaria. Por ejemplo, el Molino Bolero, que es donde está la oficina de turismo y cuya entrada está incluida con el ticket del Castillo de Consuegra (si no queréis visitar el castillo, la entrada al Molino Bolero cuesta 1.5€).

Más interesante incluso resulta la visita al Molino Rucio, cuya molienda se realiza cada día. De esta manera, podemos observar cómo se desempeñaba este molino de viento desde que fue construido en 1837 hasta mediados del siglo XX. Con una maquinaria, dicho sea de paso, que fue reaprovechada de un molino más viejo, del siglo XVI.


La molienda, como dije, se realiza cada día. Se puede acudir a ella gracias a las visitas comentadas que se realizan cada 20 minutos. La verdad es que no hay muchos molinos de viento que sigan funcionando en pleno siglo XX, de manera que merece la pena visitarlo (la entrada cuesta solamente 1,50€).




La visita a los Molinos de Viento de Consuegra y al Castillo de la Muela son las dos estrellas de esta bonita población manchega. Sin embargo, antes de marcharos merece la pena echar un vistazo al núcleo histórico con su bonita Plaza de España, con el precioso ayuntamiento renacentista, a las Iglesias del Santísimo Cristo de Veracruz, de Santa María la Mayor y de San Juan.

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