El Camino de Santiago es una de las grandes rutas culturales y espirituales de Europa.
Desde la Edad Media, miles de peregrinos recorren a pie, en bicicleta o a caballo distintos itinerarios que confluyen en la ciudad de Santiago de Compostela, donde se veneran, según la tradición cristiana, los restos del apóstol Santiago el Mayor.
Con el paso del tiempo, esta peregrinación ha trascendido lo estrictamente religioso para convertirse también en una experiencia cultural, histórica, paisajística y personal.
En este artículo os hablaremos específicamente de un recorrido menos trillado: el Camino de Oporto a A Guarda que forma parte del Camino Portugués (https://www.mundiplus.com/caminos/a-pie/camino-desde-oporto-a-a-guarda/).
LOS DISTINTOS CAMINOS DE SANTIAGO
Lejos de ser un único trazado, los Caminos de Santiago forman una amplia red de rutas que parten de lugares muy diversos. Dependiendo del punto de inicio, la duración y el número de etapas pueden variar notablemente, desde recorridos de varias semanas hasta tramos más breves que permiten completar la experiencia en pocos días. Esta flexibilidad es una de las grandes riquezas del Camino, ya que se adapta a distintos perfiles de peregrinos.
Para quienes desean obtener la Compostela, el certificado oficial de la peregrinación, es necesario cumplir algunos requisitos básicos: recorrer al menos los últimos 100 kilómetros a pie (o 200 kilómetros en bicicleta), sellar la credencial del peregrino al menos dos veces al día en los últimos tramos y declarar una motivación religiosa, espiritual o cultural. Cumplidas estas condiciones, cualquiera de las rutas oficiales permite llegar válidamente a Santiago.
Dentro de esta red de itinerarios, existen algunas rutas especialmente conocidas por su tradición, su afluencia de peregrinos o su valor histórico.
El Camino Francés es el más popular y emblemático. Parte tradicionalmente de Saint-Jean-Pied-de-Port, en Francia, cruza los Pirineos y atraviesa el norte de España hasta llegar a Santiago de Compostela.
Con cerca de 780 kilómetros, suele completarse en unas treinta o treinta y cinco etapas y destaca por su excelente infraestructura, su abundancia de servicios y su riqueza monumental. Pamplona, Logroño, Burgos y León son algunas de las ciudades más emblemáticas por donde pasa el recorrido.
El Camino del Norte recorre la cornisa cantábrica desde Irún hasta Galicia. Es una ruta más exigente físicamente, con continuos desniveles, pero ofrece paisajes espectaculares de mar y montaña. Durante siglos fue una alternativa al Camino Francés, especialmente en épocas de inestabilidad en el interior peninsular.
El Camino Inglés, más corto, tiene su origen en los antiguos peregrinos que llegaban por mar desde las islas británicas y el norte de Europa. Hoy suele iniciarse en Ferrol o A Coruña y permite completar la distancia mínima necesaria para la Compostela en menos de una semana, lo que lo convierte en una opción atractiva para quienes disponen de poco tiempo.
EL CAMINO PORTUGUÉS: DOS VARIANTES PRINCIPALES
Entre todas las rutas jacobeas, el Camino Portugués se ha consolidado como una de las más transitadas después del Camino Francés. Su crecimiento en las últimas décadas se debe a su buen clima, a la hospitalidad de las poblaciones que atraviesa y a la posibilidad de elegir entre dos variantes claramente diferenciadas.
El Camino Portugués Central discurre por el interior de Portugal y Galicia. Desde Oporto, atraviesa ciudades históricas, zonas rurales y antiguos caminos medievales hasta cruzar la frontera en Tui y continuar por el sur de Galicia hacia Santiago. Es una ruta equilibrada, con un marcado carácter cultural y tradicional, y bien estructurada en cuanto a etapas y albergues.
La segunda opción es el Camino Portugués por la Costa o litoral. Esta variante, más reciente en su consolidación, acompaña al océano Atlántico desde Oporto hacia el norte, siguiendo playas, paseos marítimos y pueblos marineros. Frente al carácter más interior del camino central, el litoral ofrece una experiencia abierta al paisaje marino, con etapas generalmente más llanas y un fuerte componente paisajístico.
EL CAMINO DE OPORTO A A GUARDA: PEREGRINAR JUNTO AL ATLÁNTICO
El tramo que une Oporto con A Guarda representa una de las secciones más atractivas del Camino Portugués por el litoral. Con una distancia aproximada de 99 kilómetros, este recorrido suele realizarse en unos seis días, aunque las etapas pueden adaptarse fácilmente según el ritmo del caminante.
El camino comienza en la ciudad de Oporto, normalmente desde su catedral, y pronto se dirige hacia la costa atlántica. Desde los primeros kilómetros, el peregrino se ve acompañado por playas extensas, pasarelas de madera y el sonido constante del mar. Localidades como Matosinhos, Labruge o Vila do Conde marcan los primeros días de marcha, combinando entornos naturales con núcleos urbanos de tradición marinera.
A medida que se avanza hacia el norte, el itinerario continúa por zonas de dunas, pinares y paseos costeros hasta llegar a ciudades de mayor entidad como Viana do Castelo, uno de los hitos culturales del recorrido. Su casco histórico, el estuario del río Lima y la basílica de Santa Luzia, visible desde muchos kilómetros antes, convierten esta etapa en una de las más memorables.
Los últimos tramos en territorio portugués atraviesan áreas más rurales y tranquilas hasta alcanzar Caminha, situada en la desembocadura del río Miño. Desde allí, el cruce en embarcación hacia A Guarda supone un momento simbólico del camino, marcando el paso de Portugal a Galicia.
La llegada a A Guarda pone fin a este tramo costero inicial. La villa, dominada por el monte Santa Trega y abierta al estuario del Miño, ofrece un entorno perfecto para el descanso y la reflexión. Aunque este recorrido por sí solo no alcanza los 100 kilómetros exigidos para la Compostela, A Guarda se convierte en un excelente punto para continuar el Camino hacia Santiago, ya sea siguiendo la costa o enlazando con la variante central.
El Camino de Oporto a A Guarda es, en definitiva, una propuesta ideal para quienes buscan una primera aproximación al Camino de Santiago o desean vivir la peregrinación desde una perspectiva distinta, donde el océano marca el ritmo y el paisaje se convierte en compañero constante de cada paso.
