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CASTILLO DE HOHENZOLLERN. El Castillo Real de Prusia.

El Castillo de Hohenzollern, no solo es uno de los castillos más bonitos de Alemania, si no que es el prototipo del castillo ideal. En lo alto de una montaña, dominando todos los valles que lo circundan, con murallas que lo defienden y con sus almenas y torreones.

Es lo que podríamos llamar, un castillo de película, y se encuentra en el estado de Baden Wurtemberg, por lo que nos ha parecido ideal, incluirlo en nuestro viaje a la Selva Negra, que hemos ampliado con el norte de este estado federal alemán.

BREVE HISTORIA DEL CASTILLO DE HOHENZOLLERN

El Castillo de Hohenzollern es una de las residencias más espectaculares de la familia Hohenzollern, que ha sido la que ha ostentado el poder político y económico de Prusia y Brandemburgo, lo que supone el germen del estado alemán, desde la edad media hasta finales de la I Guerra Mundial.

El castillo actual, sin embargo, no es el original, pues en la misma localización se construyó un primer castillo ya en el siglo XI, que fue destruido tras un asedio por parte de las ciudades imperiales de Suabia, en el siglo XV.


Poco después se reconstruyó nuevamente el castillo, de manera que en 1461 ya se ha finalizado su construcción. Pero después de la guerra de los Treinta años, el castillo pasa a manos de los Habsburgo que lo controlan hasta la Guerra de Sucesión Austriaca (1740 a 1748) en que el castillo es ocupado por las tropas francesas. Aunque pasada la guerra, los Habsburgo recuperan el control del castillo de Hohenzollern, este terminó siendo abandonado a finales del siglo XIX y quedó en un estado semiruinoso que perduró en el tiempo. Incluso, parte de su estructura fue víctima del pillaje, utilizándose los sillares para la construcción de otros edificios.

Cuando Federico Guillermo IV de Prusia visitó la localización, con el fin de rememorar desde donde sus antepasados habían dominado Prusia, no tuvo dudas y quiso construir nuevamente el castillo. Esta vez, sin embargo, se inspiró en una mezcla de estilo neogótico que recuerda algunos de los castillos ingleses y franceses. Del segundo castillo sólo se conserva la Capilla de San Miguel, pues todo lo demás es, como digo, de nueva construcción. Sin embargo, para este tercer castillo se respetó la planta medieval del segundo castillo.

Finalmente, el actual Castillo de Hohenzollern es finalizado en tiempos ya de Guillermo I de Alemania, en 1867 y supone un versión caballeresca y menos fantástica del Romanticismo de Alemania, que tiene en el Castillo de Neuschwanstein, su versión más fantástica.

A pesar de la grandiosidad del castillo, éste está concebido a modo de homenaje, pues en realidad los Hohenzollern no vivieron nunca de manera continuada en la fortaleza.





A 55 quilómetros de Hohenzollern encontramos otro precioso castillo, el de Sigmaringen, que perteneció a la linea suabia de los Hohenzollern. También es posible visitar este suntuoso castillo, lo que supone un muy buen complemento a la visita al castillo de Hohenzollern.

VISITA AL CASTILLO DE HOHENZOLLERN

Después de haber visitado la preciosa ciudad de Ulm, que cuenta con el edificio de piedra más alto del mundo (su Catedral) y de haber hecho una parada en la bonita ciudad de Tubingen, donde hemos aprovechado para comer, llegamos al aparcamiento del Castillo de Hohenzollern, que se encuentra a medio camino de subida de la montaña conocida como Zollerberg. A medida que vamos subiendo la colina las vistas del castillo son cada vez más preciosas, con la inconmensurable silueta del castillo en lo alto de la montaña.


Dejamos el coche en el parking del castillo, que se encuentra a unos dos kilómetros de la entrada. Aquí mismo se pueden comprar las entradas y subir con un autobús lanzadera (de pago) que nos deja a las puertas del castillo. También se puede hacer el trayecto a pie, por la carretera. Nos han dicho que son unos 25 minutos de fuerte pendiente.

Desgraciadamente el sendero que hace pendiente, pero que permite llegar más rápido al castillo, está cerrado.

Cuando llegamos arriba del cerro nos encontramos con la bellísima estampa del castillo de Hohenzollern, y además, con nieve aquí y allá, producto de que ha estado nevando durante toda la jornada. Aunque ha salido el sol, hace bastante frío.

Pasamos un primer torreón defensivo y encaramos a pie el trozo final, que nos deja en la puerta del patio del castillo. Pasamos un último torreón, y entramos de lleno en el patio del castillo, donde encontramos a su alrededor, las diversas dependencia, entre ellas las dos capillas del Castillo de Hohenzollern: la de San Miguel, medieval y católica, y la de Cristo, neogótica y realmente impresionante. Esta Capilla de Cristo es de culto protestante, con una decoración exquisita con grandes vitrales cuidadosamente decorados. En esta pequeña capilla descansaron Federico el Grande y Federico Guillermo I, pero actualmente sus restos no se encuentran en el castillo. En cambio la primitiva capilla de San Miguel es católica.

Hacemos un poco de tiempo en el patio central, mientras jugamos con Marc a tirarnos nieve, y después empezamos la visita guiada que nos llevará por las diversas dependencias privadas de la fortificación.





Un primer salón está profusamente decorado de forma que nos describe el árbol genealógico de las diversas ramas de los Hohenzollern. La visita es guiada, por lo que la explicación es extensísima, pero en alemán. Entendemos bien poco lo que nos cuentan, pero sí que podemos observar que la dinastía comienza muchos siglos atrás y las ramificaciones son diversas, con las líneas prusiana y suaba de los Hohenzollern, que de hecho, aún ahora, se reparten la titularidad del castillo.

Esta primera estancia se abre al precioso Salón de los Condes, un grandioso salón dedicado a las grandes comidas y a las fiestas. El suelo, las columnas que separan las tres naves, los capiteles dorados, las arañas que cuelgan de las nervaduras neogóticas… todo está pensado para impresionar en este Salón de los Condes, que es una de las joyas del castillo.

Una serie de galerías encadenadas, que forman la biblioteca del castillo y que están decoradas con ocho pinturas, nos llevan hasta otra de las estancias más bonitas: el Salón Azul, que recibe este nombre no porque las paredes estén tapizadas de este color si no porque lo está parte de su mobiliario, como los sofás y las sillas. En esta cámara destaca el precioso artesonado del techo, la bonita chimenea o la preciosa galería desde donde la Reina podía leer. De hecho, ésta era la cámara de la reina.

Volvemos atrás para visitar los bajos del castillo, donde se encuentra el tesoro y donde destaca, sobre todo, la Corona de los Reyes de Prusia, una obra suprema, llena de piedras preciosas incrustadas en oro. Es esta la Corona conocida como Corona de Guillermo II o Corona de Hohenzollern, que data de 1889, y fue realizada con motivo de la coronación de Guillermo II como Rey de Alemania.

Bajamos hacia las casamatas a través de los sótanos del castillo, hacia un extraordinario mirador que rodea, a modo de camino de ronda, todo el castillo de Hohenzollern y que da fe de la privilegiada situación en que se encuentra

Así termina nuestra visita al Castillo de Hohenzollern, una de las visitas imprescindibles en el estado de Baden Wurtemberg, que nos ha parecido precioso y al mismo tiempo, nos ha permitido conocer un poco más, sobre una dinastía que dominó Prusia durante varias centurias.






Imagen de portada bajo licencia CC: Lukas Riebling

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