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Que ver en Lyon, Francia. La Colina de la Fourvière y el Viejo Lyon.

patrimonio humanidadQue ver en Lyon en dos días. Esta es nuestra premisa cuando llegamos a la última etapa de nuestro viaje por el Sur de Francia, a bordo del tren TGV que nos traslada desde la bonita ciudad de Nimes hasta la tercera ciudad francesa en población. Hay mucho que hacer y mucho que ver en Lyon, de manera que vale la pena distribuir bien el tiempo disponible en la ciudad y hacerlo, a ser posible, por barrios.

Hay que tener en cuenta que los monumentos que hay que ver en Lyon parecen no tener fin, hasta el punto de que se trata del conjunto monumental más extenso declarado Patrimonio de la Humanidad. En cierta manera, podemos considerar que dos ríos (el Saona y el Ródano) y dos colinas (la Fourvière y la Croix-Rousse) delimitan lo que podríamos llamar el casco histórico de la ciudad. Es por ello, que la mayoría de museos y monumentos que ver en Lyon se encuentran en alguno de los 4 barrios delimitados por esta peculiar topografía y que son los siguientes:

Al este del río Ródano se encuentran una serie de barrios residenciales. Aunque es verdad que hay varios parques, monumentos y museos que ver en esta zona de Lyon, nosotros ya no podremos abarcarla (por bien que tenemos el alojamiento en esta zona de la ciudad), de manera que nuestros recorridos se centrarán en los cuatro barrios anteriormente descritos.

En este post describiremos nuestros paseos por los dos primeros barrios (la colina de la Fourvière y el Viejo Lyon).

LYON. BREVE HISTORIA.

Antes de pasar a describir que ver en Lyon, nos gustaría hacer cuatro pincelas sobre la historia de la ciudad.

Lyon ha sido desde tiempos romanos una ciudad importante. La fundación de la ciudad romana la encontramos en la actual colina de la Fourvière y tuvo lugar el año 43 aC. Es por esto, que varios de los monumentos romanos más importantes que ver en Lyon, así como el fabuloso museo galo-romano, se encuentra en esta localización.


Claro que los romanos, al igual que ya hemos visto en otras ciudades de las Galias, fundaron la ciudad donde ya se localizaba un antiguo asentamiento celta. Y de hecho, el nombre dado por los romanos, Colonia Copia Claudia Augusta Lugdunum, hace referencia a este antiguo castro celta. En concreto, su etimología significa Castro de la Luz, y Luz (Lugus) era, precisamente, uno de los dioses celtas más importantes.

Si bien durante este viaje hemos visto que ciudades como Arles o Nimes se encontraban en plena Vía Domitia (es decir, la que conectaba la península itálica con la ibérica), en el caso de Lugdunum estaba situada en medio de un corredor norte-sur que permitió a Roma, avanzar en la romanización de las Galias.

Esta situación estratégica, unida a la confluencia de dos ríos navegables (el Saona y el Ródano) convirtieron la ciudad en capital de la Galia Lugdunensis (y en realidad de las tres Galias), y de facto, en una de las ciudades más importantes controladas por Roma más allá de la actual península italiana. De la importancia de la antigua Lugdunum da fe el hecho de que la ciudad dio a Roma hasta dos Emperadores: Caracalla y Claudio.

Fue este un momento de gran efervescencia en la ciudad, que poseía alguno de los más bellos monumentos de los que toda gran ciudad romana disponía: teatros, anfiteatros, grandes templos, mercados, arcos del Triunfo. Lugdunum fue durante los primeros siglos de nuestra era, una de las ciudades más bellas del mundo conocido. Este momento de máximo apogeo llega a su fin a finales del siglo III, cuando la capitalidad de la Galia es trasladada a Tréveris, actual ciudad alemana de Trier y que conserva algunos de los legados más extraordinarios de la antigua Roma, como por ejemplo, la majestuosa Porta Nigra de Trier.

Un segundo momento de gran actividad en la ciudad es el momento en que Catalina de Médicis, hija de Lorenzo el Magnífico, se casa con Enrique, hijo de Francisco I, rey de Francia. Cuando Enrique se convierte en Rey de Francia, con el nombre de Enrique II, Catalina se convierte en reina consorte de Francia.

Con Catalina de Médici, que llegó a ser regente de Francia, el Renacimiento llega a Lyon, de manera que gran parte de las preciosas mansiones que podemos encontrar en el Viejo Lyon corresponden a esta gloriosa etapa.

QUÉ VER EN LYON. LA COLINA DE LA FOURVIÈRE.

Son muchos los monumentos que ver en Lyon de manera que nos levantamos pronto para dirigirnos a uno de los puntos de más interés de la ciudad: la Colina de la Fourvière. Llegamos fácil, primero tomando el metro (parada Vieux Lyon) y luego el funicular que sube hasta la colina.

Es aquí donde encontramos el núcleo fundacional de la antigua Lungdunum. Sin embargo antes que ver los monumentos romanos de Lyon, nos encontramos de frente con una de las basílicas más bonitas de toda Francia: Notre Dame de Fourvière.


Auténtico faro, desde lo alto de la colina parece controlar toda Lyon. Y en realidad, casi desde cualquier lugar de la urbe es visible esta basílica, la cual, comprobamos ayer, está iluminada de noche, formando una de las estampas más bonitas de la ciudad.

Notre Dame de la Fourvière fue construida en el último tercio del siglo XIX y son, en realidad, dos iglesias, una encima de la otra (modelo que podría haber tomado de la Sainte Chapelle de París). Su diseño es ciertamente peculiar, con elementos neorománicos y neobizantinos, un poco al estilo del Sagrado Corazón de París.

El interior es ciertamente espectacular, pues la práctica totalidad de las bóvedas, así como parte de las paredes están cubiertas enteramente por bellos mosaicos. La verdad es que parece no haber recoveco sin ornamentación, formando uno de los conjuntos iconográfico más impactantes entre los templos cristianos. Tras visitar la iglesia superior bajamos a la inferior, que aun siendo de una factura mucha más sobria, es igualmente elegante.


Visitada la Basílica de la Fourvière es hora de disfrutar de algunos de los vestigios de la antigua Lugdunum que hay que ver en Lyon. Y es que en esta colina encontramos no uno, sino dos teatros que hacen referencia a aquella época: el Odeón y el Teatro Romano de Lyon.

El Teatro Romano de Lyon es uno de los primeros que se construyeron en las Galias, pues su fecha de construcción se remonta al año 15 aC. Este recinto tuvo una capacidad de 10.000 espectadores, y la verdad es que disfrutaba de una de las más espectaculares vistas que se pueden tener, con los ríos Saona y Ródano en el horizonte. A su lado, el más pequeño Odeón, tenía una capacidad para unos 3000 espectadores y habría sido un escenario para funciones menores. El Odeón fue construido sobre el año 100 dC.

Aunque la conservación de ambos recintos no es la que hemos podido observar en el Teatro Romano de Orange, uno de los más bellos del mundo, la verdad es que el paseo matutino entre dichas ruinas, se hace muy placentero.



Museo Galo-Romano, un amplio y comodísimo de visitar museo que nos traslada también a la época de la colonización romana. La verdad es que cuando realizamos nuestro posts sobre los Museos Arqueológicos más bonitos del mundo no lo conocíamos, pues de haber sido así, hubiera podido ser incluido también en dicha lista. El museo hace un amplio repaso a aquellos años, con cientos de bellas esculturas, lápidas y todo tipo de piezas. Sin embargo, lo que más nos llama la atención son los bellísimos y bien conservados mosaicos que se encontraron en alguna villas de Lugdunum y otros municipios de los alrededores. Con la ayuda de una audioguía disfrutamos durante una hora de algunas piezas imprescindibles.

Visitado el Museo Galo-Romano de Lyon es hora de hacer camino hacia la falda de la colina, donde encontramos la Vieja Lyon o Vieux Lyon. Bajamos a través de un bonito jardín que se encuentra a los pies de la Basílica de Notre Dame. Aunque desde el mirador adyacente a la Basílica, las vistas de la ciudad son extraordinarias, por la mañana el sol nos viene de cara, de manera que nos prometemos volver a subir antes de que anochezca.





VIEUX LYON: UN PASEO POR LA CIUDAD MEDIEVAL Y RENACENTISTA

El Vieux Lyon o Viejo Lyon es otro de los barrios imprescindibles de la tercera ciudad de Francia. Encajonado entre la colina de la Fourvière y el Río Saona, la mayor parte de los monumentos que ver en Lyon Viejo corresponden a las épocas medieval y renacentista, pese a que también se puede encontrar algún vestigio de los primeros siglos de nuestra era.

Al igual que la Colina de la Fourvière, el Viejo Lyon está también incluido dentro de la lista del Patrimonio de la Humanidad. Tras bajar a pie de la Fourvière, nos dirigimos a la Catedral de San Juan.


Aunque la Catedral de Lyon fue iniciada como un templo románico (las partes que corresponden al ábside y el transepto), su factura es principalmente gótica, habiéndose construido entre finales del siglo XII y final del siglo XV. El templo, como no podría ser de otra forma, es un edificio imponente, en el cual se usaron sillares de antiguos monumentos romanos, como suele ser habitual en las ciudades con este pasado. Damos un buen paseo por su interior, donde nos maravillamos con su alta nave central, cubierta por bóvedas de crucería hexapartitas y con alguna de las capillas laterales, como la llamada capilla de los Borbones, donde podemos observar que el estilo ha evolucionado ya hacia el gótico flamígero.

La estrella de la Catedral del Lyon es el reloj astronómico del siglo XIV, que compite en belleza con otros relojes astronómicos que hemos podido conocer en nuestros viajes, como el reloj astronómico de Praga o de Estrasburgo.


Es ahora momento de hacer un alto en el camino. La mañana ha sido provechosa pero el hambre empieza a acuciar. Es por ello que optamos por disfrutar de una comida en una de las varias Bouchons que se encuentran en esta zona de la ciudad. Una veintena de establecimientos son los reconocidos como Auténticas Bouchons de Lyon. Se trata de un sello de calidad que garantiza el poder disfrutar de la comida típica de esta bella ciudad.

Optamos por Daniel et Denise, una de las más reconocidas y que se encuentra en Rue Tramassac, 36, a escasos cinco minutos de la Catedral. Podemos degustar allí la famosa Quenelle de Brochet (realizada con una pasta de trigo o sémola a la que se añade carne o pescado), uno de los platos más conocidos de la cocina lionesa. Con el postre, L’Ile flottante aux pralines de Saint-Genix, creemos volar.



Si se dispone de al menos 48 horas para visitar Lyon vale la pena adquirir la Lyon City Card que permite visitar de forma gratuita la mayoría de museos y monumentos que hay que ver en Lyon, además de tener incluido todo el transporte público de la ciudad.

TRABOULES, FACHADAS RENACENTISTAS Y PRECIOSOS PATOS EN EL VIEJO LYÓN.

Con el estómago lleno es hora de seguir disfrutando del Viejo Lyon, en una zona donde lo medieval y lo renacentista cobran especial importancia. Nos perdemos así por los estrechos callejones y calles, como Rue Saint Jean, Rue du Boeuf o Rue de Gadagne, que a su vez, se abren a encantadoras plazas como Place de la Baleine o Place du Change.

Más allá de los apetitosos restaurantes y los cientos de bonitas tiendas de recuerdos y de productos artesanales y gastronómicos, es el momento de ir descubriendo las maravillosas fachadas renacentistas de esta zona de la ciudad. Fueron los florentinos quienes se asentaron en la corte francesa, acompañando a Catalina de Médici, que se había convertido en esposa del segundo hijo del Francisco I, rey de Francia. Es por esto que a partir de la segunda mitad del siglo XVI se construyeron una serie de preciosos palacios renacentistas que tienen la particularidad de estar estructurados alrededor de un patio interior, de bellísima factura, y que dispone la mayoría de las veces, de una preciosista escalera de caracol construida en piedra.

Es pues momento de ir descubriendo estos pequeños patios interiores, así como los palacetes, que en la mayoría de los casos no dejan de ser residencias particulares que no se pueden visitar. Sin embargo, la entrada a buena parte de estos patios interiores no suele estar restringida, siempre y cuando se visiten con el lógico respeto. La mayoría de mapas de la zona, como el que reparte de forma gratuita la oficina de turismo, indican la posición de buena parte de estos auténticos tesoros urbanísticos, por lo que una vez pasada la primera vergüenza de adentrarse en los primeros, no habrá más problema que irlos descubriendo y admirando, uno tras otro.





Así mismo, otra de las particularidades de esta zona de la ciudad son los traboules. Se trata de pasadizos interiores que comunican dos calles paralelas o perpendiculares (en este caso, el traboule tendrá forma angular).

A menudo, a medio camino del traboule encontramos también un precioso patio interior, pues al igual que éstos, los traboule forman parte de este entramado de la ciudad renacentista que se construyó en la Vieux Lyon. Desde luego, fachadas renacentistas, traboules y patios interiores son tres de las cosas que hay que ver en Lyon y que nadie debería perderse.

Son varios los patios especialmente populares dentro de estas construcciones urbanísticas del Viejo Lyon. Entre ellos, el que lleva a la Tour Rosse o Torre Rosa. La torre redonda de color rosa que se encuentra en la Rue du Boeuf es una de las más fotografiadas.

No hay que dejar de admirar también el bonito Palacio de Justicia, de factura neoclásica e inmaculada y porticada fachada, que se asienta directamente en la orilla del Saona.

EL GUIÑOL, UN ARTE TÍPICAMENTE DE LYON. MUSEO DEL GUIÑOL Y TEATRO DEL GUIÑOL.

Pues hemos de reconocer que hasta visitar Lyon no teníamos ni idea que el guiñol, el conocido títere de guante que se maneja con los dedos, tiene su origen en esta ciudad. Según parece, el lionés Laurent Mourguet, tras quedarse sin trabajo (trabajaba en el negocio de la Seda, una de las industrias más fructíferas de la ciudad durante muchos años) montó un negocio de sacamuelas. En una época donde la anestesia brillaba por su ausencia, Mourguet ideó unos títeres con el fin de distraer a sus clientes mientras ofrecía sus servicios.

Pronto se dio cuenta de que sus dotes como titiritero superaban a los que tenía como sacamuelas, de manera que a principios de siglo XIX el sacamuelas dió paso al titiritero a tiempo completo, montando numerosos espectáculo que hacían las delicias de la gente más humilde de Lyon.

Guiñol, en francés Guignol, era en realidad uno de los primeros personajes creados por Laurent Mourguet, y el que a la postre, dio nombre a este tipo de títeres.
La cuestión, es que son varios los teatros y teatrillos que realizan de forma programada y casi continua, espectáculos de guiñol. Y algunos de ellos, se encuentran en el Viejo Lyon. Con estas premisas, está claro que una de las cosas que hacer y que ver en Lyon son los espectáculos de guiñol, así como algunos de los museos dedicados a la historia del mismo.

De este modo, acudimos al Hôtel Gadagne (entiéndase Hôtel como edificio), que se encuentra en uno de los edificios renacentistas más bonitos del Vieux Lyon (aunque no os apetezca visitar sus museos, os aconsejo que al menos entréis al patio central, que es de entrada libre). En este edificio de principios del siglo XVI se encuentran dos museos: el de Historia de la Ciudad y el Museo de las Marionetas del Mundo. Aunque no tenemos tiempo para ambos museos sí que lo tenemos para el Museo de las Marionetas, donde podemos disfrutar de un recorrido por este arte universal, ya sea conociendo la historia del guiñol lionés, el Polichinela napolitano, el Wayang kulit balinés, los títeres de centroeuropa o el Bunraku japonés.

Visitado este museo, aún tenemos tiempo de acercarnos al Pequeño Museo Fantástico del Guiñol, un segundo museo dedicado a los títeres, aunque este sí, centrado únicamente en el más famoso de los ciudadanos lioneses: Guiñol. Se trata de un pequeño museo, automatizado, donde una voz en off (en lengua española si así se desea) cuenta la historia del Guiñol. La verdad es que se trata de un pequeño museo, en la trastienda y en el sótano de una tienda, pero que nos pareció encantador. Si se dispone de la Tarjeta Lyon Card, no está de más visitar ambos museos, que se complementan perfectamente, y que están incluidos en dicha tarjeta.

La tarde va pasando y es momento ahora de poder disfrutar de un verdadero espectáculo de guiñol, como dije, una de las cosas que hay que ver en Lyon. Acudimos al teatro la Maison de Guignol donde se programan funciones de unos cuarenta minutos de duración que dan cabida a los personajes más famosos del guiñol. El teatro es pequeño y la verdad es que no debemos ser ni una veintena los espectadores que acudimos a la función de las 5 y media de la tarde. Mitad adultos y mitad niños, la actuación es ciertamente interactiva, con los niños disfrutando y respondiendo a la preguntas y provocaciones de los títeres. Por desgracia, nuestro francés nos impide entender bien poca cosa, pero la verdad es que vale la pena acudir a un espectáculo de guiñol en la tierra de donde es originario.




Después de este intensivo de guiñol, y antes de que anochezca, subimos nuevamente con el funicular hasta la colina de la Fourvière. Ahora sí, desde el mirador y con el sol a nuestras espaldas, podemos contemplar una de las mejores vistas que se pueden tener de Lyon, con el Vieux Lyon a nuestros pies, el Río Saona más allá, y entre el Saona y el Ródano, el barrio de la Presqu’ile.

Es así, una bonita manera de terminar nuestro primer día en Lyon, una ciudad con mucho que ver y disfrutar.

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