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OBERNAI. Visita a uno de los pueblos más bonitos de Alsacia.

Obernai, a medio camino de Colmar y Estrasburgo, supone una parada ideal para disfrutar de uno de los pueblos más bonitos de Alsacia, aprovechando su ubicación entre las capitales de los departamentos del Alto Rin (Colmar) y Bajo Rin (Estrasburgo).

De hecho, después de haber visitado durante la etapa anterior algunos de los preciosos pueblos de la Ruta de los Vinos de Alsacia y de haber visitado esta mañana el precioso castillo de Haut Koenigsbourg, la parada en la población de Obernai nos parece ideal para profundizar un poco más en esta preciosa región alsaciana antes de llegar a su capital, la ciudad de Estrasburgo, una de las ciudades más interesantes de Francia y que forma parte del Patrimonio de la Humanidad.

Obernai es una ciudad algo mayor a mayoría de pequeñas poblaciones de la ruta del vino que hemos conocido durante la etapa anterior. A pesar de todo, con sus poco más de 10.000 habitantes no llega a las proporciones de Colmar ni, desde luego, Estrasburgo. La población empieza a tener cierta relevancia cuando en el siglo XIII es elevada a la categoría de villa. Cabe decir que en esta época Obernai se convierte en ciudad libre imperial, por lo que junto con otras poblaciones de la zona es miembro fundador de la que se conocía como Decápolis Alsaciana.

Ya hemos conocido algunas de estas poblaciones que formaban parte de esta coalición o liga de ciudades libres, como Turckheim, Kaysersberg y Colmar. Curiosamente, Estrasburgo, la más importante de las ciudades libres no formaba parte de la Decápolis Alsaciana, cuya función era defender los comunes intereses frente a los del Sacro Imperio Romano Germánico, de la que formaban parte de forma libre asociada. De hecho, las ciudades de la Decápolis estaban representadas en la Dieta Imperial del Sacro Imperio. Pese a ello, gozaban de un autonomía política bastante amplia.

Como buena parte de las poblaciones de Alsacia, Obernai sufrió muchísimo durante la guerra de los treinta años y no es hasta finales del siglo XVII, cuando formando parte ya de la Corona Francesa, la ciudad vuelve a prosperar.

QUÉ VER EN OBERNAI

En poco más de media hora llegamos a Obernai procedentes del Castillo de Haut Koenigsbourg. Dejamos el coche aparcado justo en la calle de detrás de la monumental iglesia de San Pedro y San Pablo, es decir, a menos de tres minutos del precioso centro histórico de la población.

La vista de la parte oriental de la iglesia gótica, con el bonito cementerio en primer término es realmente impactante desde este punto y revela que esta iglesia, que parece más antigua de lo que realmente es, está construida con aires de catedral. Bajamos por la Rue Chamonine y entramos, ahora sí, en la iglesia. Desde el siglo XII han existido iglesias en esta localización. Primeramente un templo románico y a partir del siglo XV, uno gótico. Pero la iglesia actual data de 1872 y sustituye la iglesia gótica que había sido derruida unos años antes. El color rojizo en que se edificó la iglesia recuerda a lo que encontraremos después en la catedral de Estrasburgo. En el interior, de tres naves, destaca el órgano, los vitrales y el precioso púlpito policromado.

A pocos metros de la iglesia y en dirección a la Plaza del Mercado (en el centro de la población) encontramos el bonito y renacentista Pozo de los seis cubos, que data de 1.579 y donde tres columnas corintias soportan un baldaquín. Aunque en un origen el pozo habría estado pintado, actualmente no lo está.





Enseguida llegamos a la Plaza del Mercado, verdadero epicentro de la población ya desde la época medieval (el mercado semanal de los jueves data de principios de siglo XIV) y donde encontramos algunos de los edificios más importantes de Obernai. Uno de los más bonitos, es sin duda, el del ayuntamiento, un edificio que tiene orígenes góticos pero que se fue ampliando a lo largo de los años. En la fachada que da a la Plaza del Mercado, destaca la preciosa galería de piedra. Justo al lado del ayuntamiento, un edificio sobresale en altura de todos los demás. Es el Beffroi o Campanario de la Virgen, auténtica atalaya desde donde se podían controlar los arcenes de la población y que en su momento era en realidad la torre campanario de la Capilla de la Virgen, gótica de finales del siglo XIII y que fue destruida en 1873.

En un principio el campanario tenía sólo cuatro plantas de piedra arenisca roja hasta que en 1597 se añadió la quinta, una obra que al igual que el Pozo del seis Cubos lleva ya la huella del renacimiento. Gracias a este nuevo piso la atalaya se eleva hasta los 72 metros, muy por encima de los 18 metros del torreón más alto de las murallas, por lo que desde aquí se hace más fácil vigilar los alrededores de la ciudad, trabajo que llevaban a cabo dos grupos de vigías que se turnaban día y noche y que tenían en de la torre, dos pequeñas habitaciones equipadas con camas, mesas y taburetes.

Justo en frente del ayuntamiento encontramos otra de las construcciones más emblemáticas de la ciudad, la fuente de Santa Odile, que rinde homenaje al personaje originario de Obernai más famoso, pues se trata nada menos que de la patrona de toda Alsacia.
Es una obra bastante moderna, diseñada por Alfred Marsolff, pues data de principios del siglo XX y que se construye para conmemorar la llegada del agua corriente en la ciudad.

Desde la Plaza del Mercado tomamos la calle del mercado (Rue du Marche), donde justo al principio destaca un gran edificio de color blanco que es conocido como Mercado del Trigo. Se trata de un edificio renacentista del 1554 pintado de inmaculado blanco y que hacía las funciones de almacén de trigo y también de carnicería pública. Es éste, un tipo de edificio que ya hemos ido encontrando durante todo nuestro viaje por la Selva Negra y Alsacia.

Toda esta calle del Mercado está llena de preciosas casas construidas con el típico entramado de madera, que tanto hemos visto durante este viaje. La misma calle del mercado nos llevará hasta las murallas, pero antes de llegar a ellas, destaca un edificio neorrománico de 1876: la sinagoga de Obernai. Se trata de una obra del arquitecto Antoine Ringeisen para dar cabida a las necesidades religiosas de la comunidad judía de la ciudad.

Al parecer se conoce de la existencia de una comunidad judía en la ciudad desde 1215 y desde mediados de siglo XV se tiene constancia de la presencia de al menos una sinagoga, aunque esta comunidad parece que era muy minoritaria. La historia de los judíos de la ciudad no difiere demasiado de la que tuvieron en otros lugares de Europa, siendo expulsados repetidamente de la ciudad durante el siglo XVI. De hecho, en 1689 se tiene constancia de que la comunidad judía se ha reducido a sólo 12 personas, que aumentaría a 168 en 1780 y a un poco más de 200 durante durante el siglo XIX, momento en que se decide construir la nueva sinagoga, financiada por la comunidad judía de la población y gracias al préstamo ofrecido por la ciudad de Obernai. Desafortunadamente, no podemos visitarla por encontrar cerrada.

Ahora sí, es momento de salir por la pequeña puerta que atraviesa las murallas de Obernai, justo al lado de uno de los torreones. Aunque no se conserva todo el perímetro de las murallas, que en la época medieval medían unos 1.400 metros, en esta zona sí podemos disfrutar de una preciosa vista que nos permite entender cómo sería la amurallada ciudad medieval. En aquella época, Obernai disponía de 4 puertas de entrada y la muralla estaba defendida por 20 torreones. Desde el paseo que rodea parte de las murallas podemos observar cómo los diversos edificios construidos posteriormente fueron incluidos dentro del perímetro de las murallas, tal y como ya hemos visto en otras ciudad amuralladas de la Ruta del Vino de Alsacia.

Para volver al centro de la villa utilizamos la comercial Rue du General Gouroud, llena igualmente de casas con entramado de madera. Esta vez, sin embargo, no nos paramos en la Plaza del Mercado sino que seguimos por el lateral del ayuntamiento hasta llegar a la Plaza Etoille o Plaza de la estrella, muy bonita y que en contra de lo que se podría pensar no tiene forma de estrella, sino que toma el nombre del letrero que hay en uno de los edificios de la plaza, que destacan, una vez más, por sus pintorescos edificios con entramados de madera. En esta plaza encontramos también un bonito carrusel de época, aunque en este día lluvioso que tenemos hoy, nadie sube.



Ahora sí, es hora de cerrar el círculo y volver hacia la iglesia de San Pedro y San Pablo, para coger el coche y dirigirnos hacia Estrasburgo, la preciosa capital de Alsacia, y ciudad que forma parte del Patrimonio de la Humanidad.

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