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CASA AMATLLER, Barcelona. Visita a la obra cumbre de Puig i Cadafalch.

La Casa Amatller es una de las más bellas construcciones modernistas que ver en Barcelona y es obra del arquitecto de Mataró Josep Puig i Cadafalch. Situada en pleno Paseo de Gracia, la Casa Amatller comparte manzana con otras dos mansiones modernistas excepcionales como son la Casa Lleó y Morera (de Lluís Domènech i Montaner) y la Casa Batlló (de Antoni Gaudí).

En este sentido, se conoce a esta manzana del Eixample de Barcelona como la Manzana de la Discordia, pues los tres grandes arquitectos del modernismo de Barcelona compitieron en la transformación de esta zona de la capital catalana hasta tal punto de convertirla en la más bella de la ciudad condal y en uno de los lugares más emblemáticos de la Ruta del Modernismo de Barcelona. Sin embargo, esta competencia entre los tres genios catalanes no se trasladó al plano personal donde las relaciones fueron siempre cordiales y de mutuo respeto. Además, Lluís Domènech i Montaner fue maestro de Gaudí y Puig i Cadafalch.

LOS AMATLLER, FAMILIA DE CHOCOLATEROS.

Fue la burguesía barcelonesa la que impulsó la Barcelona de finales de siglo XIX y principios del siglo XX. Se trata de una burguesía de carácter industrial, catalizadora de la Revolución Industrial Catalana, pero también del desarrollo de las artes plásticas, actuando como mecenas de los más grandes arquitectos, artistas y artesanos de la época.

En este sentido, el Modernismo Catalán en un movimiento que comparte protagonismo con la conocida como Renaixença, un momento de máximo desarrollo de las artes catalanas, y en particular de la lengua catalana (buque insigne del nacionalismo catalán con figuras de la talla de Joan Maragall o Jacint Verdaguer). Joan Güell, mecenas de Gaudí, es uno de los nombres más destacados de la época, pero otros industriales como Antoni Amatller o Pere Milà también solicitaron los servicios de los mejores arquitectos de la época para construir sus residencias, en un movimiento que transformará, en muy poco años, la fachada de Barcelona.

Antoni Amatller, promotor de la Casa Amatller, era un rico industrial propietario de una de las más importantes empresas chocolateras de Barcelona. En realidad, Antoni supone la tercera generación de una familia de chocolateros de éxito. Sin embargo, tras volver de un viaje que lo llevó a conocer algunas de las fábricas chocolateras más exitosas de Europa, Antoni Amatller traslada la fábrica familiar ubicada en el Borne barcelonés hasta la cercana población de Sant Martí de Provençals (que actualmente forma parte del distrito de Sant Martí de la ciudad de Barcelona).

La transformación de la primitiva fábrica familiar es total, pues Antoni Amatller dota la nueva fábrica de la más novedosa tecnología, además de pasar a controlar todos los puntos de la producción, desde el control de las plantaciones de cacao en América hasta el desarrollo de las más novedosas técnicas publicitarias de la época, donde el cartelismo modernista tenía un papel preponderante.


Antoni Amatller se convierte en uno de los industriales de más éxito de Barcelona y por ende, en una de las personas más ricas de la ciudad. Con ello, en 1898 compra un edifico del Paseo de Gracia y contrata los servicios del arquitecto Josep Puig i Cadafalch, con el fin de que lo transforme en una de las residencias modernistas más notables de Barcelona y que pasará a ser conocida como la Casa Amatller.

Antoni Amatller vivió en la Casa Amatller, hasta su muerte en 1910, junto a su hija Teresa. La hija siguió residiendo en la mansión hasta su fallecimiento en 1960. Sin embargo, consciente de la falta de herederos (Teresa nunca llegó a casarse ni tuvo descendencia), Teresa Amatller funda el Insituto Amatller de Arte Hispánico, que sigue siendo el propietario de la Casa Amatller y que se encarga de su difusión.

La Fundación Instituto Amatller de Arte Hispánico es fundado por Teresa Amatller en 1942, siguiendo una cláusula del testamento de su padre, Antoni Amatller, que explicitaba que en caso de que Teresa mueriese sin herederos, la casa Amatller y sus colecciones se convertirían en un museo tutelado por el Ayuntamiento de Barcelona.

VISITA A LA CASA AMATLLER. FACHADA.

La Casa Amatller sufrió una enorme transformación, tanto interior como exterior, gracias al genio de Josep Puig i Cadafalch. El arquitecto catalán, uno de los más importantes del Modernismo, bebe de fuentes góticas del norte de Europa, de manera que no es extraño que tanto la fachada como algunas zonas de la planta noble tenga la apariencia de un pequeño palacete gótico.

La propia fachada de la Casa Amatller es ya una declaración de intenciones de Puig y Cadafalch. La simetría de la finca original se pierde, en particular en lo que refiere a las puertas de entrada y al diseño de las tribunas del primer piso.


La puerta principal se sitúa a mano izquierda, quedando dividida en dos. La de mayor tamaño era la usada por los carruajes, mientras la más pequeña, era la que utilizaban las personas. Actualmente encontramos también una puerta en el flanco derecho. Sin embargo, esto se debe a una intervención bastante posterior.

La asimetría se mantiene en el primer piso. Si bien en el centro de este primer piso (que corresponde al principal) encontramos tres ventanas rícamente decoradas que comparten un mismo balcón de hierro forjado, Puig i Cadafalch solo diseña una rica tribuna para este primer piso y la dispone a mano derecha. Se trata de una tribuna neogótica casi flamígera, que es marca de la casa de Puig i Cadafalch, pues podemos encontrar elementos semejantes en varias de sus edificaciones.

En el segundo piso encontramos cuatro ventanas, también bellamente decoradas, y en el tercero un conjunto de trece ventanas corridas. Aún encontramos un cuarto piso, con 6 ventanas neogóticas y un quinto con una única ventana trigeminada y que corresponde al desván de la finca, donde Antoni Amatller dispuso su estudio de fotografía.


El remate de la Casa Amatller, que recuerda otras de las obras de Puig i Cadafalch como la Casa Coll i Regàs de Mataró, se consigue con una disposición triangular plana en hastial escalonado que es característica del gótico flamenco de carácter civil. La técnica del esgrafiado en estuco comparte protagonismo con las cerámicas, el hierro forjado y con la abundante iconografía escultórica en piedra de Montjuich, obra todo ello, de los mejores artesanos de la época.

Una de las piezas más excepcionales es la bellísima escultura del Sant Jordi y el dragón, que se sitúa entre las dos puertas principales y que es obra de Eusebi Arnau, el gran escultor del momento. Otras esculturas en piedra hacen alusión a las aficiones y actividades a las que el señor Amatller dedicaba su tiempo: fotografía, industria o vidrio arqueológico (del que era un importante coleccionista).

La visita a Casa Amatller se realiza en grupos reducidos de un máximo de 12 personas que siguen un itinerario establecido. La visita es guiada, existiendo visitas en catalán, castellano e inglés y tienen una duración aproximada de una hora. También existen visitas express que duran una media hora.

CASA AMATLLER. INTERIOR.

Tras pasar por la puerta principal llegamos al vestíbulo de distribución de la Casa Amatller. Hay que tener en cuenta que, en aquella época, la burguesía se solía desplazar en carruajes, de manera que el amplio vestíbulo permitía que pudiera ser utilizado para el aparcamiento de los mismos.

En este vestíbulo encontramos una bellísima escalera que era la utilizada por los Amatller para subir al piso principal, que era el que ocupaba Antoni junto a su hija Teresa. No hay que perder detalle en este vestíbulo, como los originales esgrafiados, la decoración escultórica de capiteles, las bonitas ventanas neogóticas, las baldosas de cerámica en los arrimadores y, en particular, el excelente tragaluz o claraboya en forma de vidriera de color que matiza la luz entrante.


Subimos por la escalera para entrar en el piso principal. Al igual que en la Casa Batlló o la Casa Milà, la familia propietaria del edificio residía en el principal mientras el resto de pisos eran ocupados por inquilinos que ayudaban, con las rentas que pagaban por sus alquileres, a sufragar el mantenimiento del edificio.

Lo primero que nos llama la atención en el piso principal es la falta de luz. Quizá sea por querer mantener la atmosfera de la época en que los Amatller residían en la casa en un momento en que la incipiente luz eléctrica era de tonalidad francamente escasa. Sin embargo, esto dificulta un poco la visita y en particular, el disfrute de los múltiples matices que ofrece la Casa Amatller. Sí que se agradece, y esto es una clara diferencia respecto a la Casa Lleó y Morera o la Casa Batlló, por ejemplo, que la decoración sea, casi en la práctica totalidad, la original de la vivienda.

Antoni Amatller era un amante del arte en la más amplia expresión de la palabra, además de ser un gran viajero. De manera que, formando parte de la decoración de la vivienda, podemos encontrar antiguos baúles de madera, recuerdos de sus viajes o cuadros, tanto de época gótica como contemporáneos del momento, como algún Casas, uno de los pintores más solicitados en aquel momento.

Una de las estancias que más llaman la atención es la del comedor, sin duda la más lujosa de la Casa Amatller. La chimenea es uno de los elementos más destacados de la estancia, destacando el bellísimo grupo escultórico en mármol que la decora y que hace alusión al origen de la materia prima que enriqueció a la familia: el cacao americano. No hay que perder detalle de las esculturas en piedra de Montjuic que decoran la puerta de entrada a este comedor (con una araña y una langosta), así como la bella lámpara que pende del trabajado artesonado, la cerámica vidriada que cubre el arrimador de la habitación o la amplísima y bella ventana con tracería gótico flamígera.



Tres arcadas lobuladas separan el comedor de la Sala de Música, donde encontramos algunos instrumentos musicales traídos por el propio Amatller durante sus viajes por el mundo. En el friso de este salón de música encontramos escritos los versos de dos canciones: la canción del marinero (una melodía popular catalana) y la versión original de Els Segadors (himno nacional catalán y que hace referencia a la profundas convicciones nacionales de la familia Amatller, como era habitual entre la burguesía catalana).

En el pasadizo que queda justo a la entrada del salón comedor nos llama la atención un bello lavamanos. Tampoco hay que perder detalle ni de los suelos (a menudo decorados recordando los mosaicos romanos) ni de los techos, que son un compendio de bellos artesonados.






Otras dos estancias que llaman poderosamente la atención son las de las habitaciones de Antoni Amatller y su hija, Teresa. Quizá la más interesante sea la de Teresa, con un destacado, aunque sencillo, mobiliario modernista obra de Gaspar Homar, uno de los mejores ebanistas del modernismo. Toda esta estancia es una auténtica delicia con una tribuna que da al Paseo de Gracia (la bella tribuna gótico flamígera que se puede observar en la fachada) y una contorneada columna de mármol rosa decorada con bellos detalles de hierro forjado y con un capitel de mármol que representa las Edades de la Mujer (la infancia la adolescencia, la madurez y la vejez), obra de Eusebi Arnau.

El vestidor adyacente al dormitorio sorprende por su decoración Art Decó que nos pone sobre aviso sobre la anchura de miras de Teresa Amatller así como sus conocimientos sobre las artes contemporáneas mundiales.



Pasamos por varias estancias más, que son utilizadas para mostrar parte de las colecciones del señor Amatller hasta llegar al despacho del chocolatero, donde nuevamente nos sorprendemos con el mobiliario original de la época, la bonita lámpara que recuerda a las tiffany y que pende el artesonado (y que acerca nuevamente la Casa Amatller al Art Decó) o con las bellas vidrieras que separan esta habitación de las contiguas.



Y así termina nuestra visita a la Casa Amatller, una de las más bellas mansiones de la Eixample barcelonés, que desde mediados de 2015 está abierta al público y que merece la pena ser visitada.

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