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Que ver en Minsk, la capital de Bielorrusia.

Que ver en Minsk en 2 días. Minsk y Bielorrusia están abriéndose al turismo occidental a pasos occidentales. Si bien hasta hace bien poco las trabas burocráticas eran de tal envergadura que suponían que casi ningún occidental pusiera los pies en el país, en el último año (y especialmente desde julio 2018) las restricciones se han reducido hasta casi cero para los poseedores de pasaporte de hasta 80 nacionalidades, incluidas la española.

Y en estas nos hemos visto nosotros: visitando Minsk, una ciudad a la que le teníamos muchas ganas y que no nos ha defraudado en absoluto. La verdad es que no hay mucha información acerca de Minsk en la red, y solo Jesús, bloguero de Vero4travel, había publicado una guía con consejos acerca de como visitar Bielorusia justo una semana antes de nuestro viaje (y al que, por cierto, agradezco sus consejos).

Creo que un mínimo de dos días es lo que se requiera para visitar los lugares más importantes que ver en Minsk. Si se quiere disfrutar de alguno de los espectáculos que se programan (como la Ópera, el Ballet o el Circo, que disfrutan todos ellos de muy buen fama) o profundizar en alguno de sus museos, se requerirá alguna jornada más.

SEGURO PARA VIAJAR A BIELORRUSIA

Teneís que saber que para viajar a Bielorrusia es obligatorio estar en posesión de un seguro que cubra un mínimo de 10.000 en gasto médico. Tanto el seguro IATI Básico como el IATI Estándar cubren de sobra estas constingencias, son baratos y están bien valorados por los viajeros. Podéis mirar los precios y contratarlo desde aquí.

ALGUNAS IMPRESIONES SOBRE MINSK.

Antes de contaros los lugares más importantes que hay que ver en Minsk, dejadme que os cuente un poco sobre mis impresiones personales. La verdad es que éstas no pueden ser otras que muy positivas. Minsk es una ciudad moderna (no hay que olvidar que durante la Segunda Guerra Mundial fue completamente destruida, por lo que tuvo que reconstruirse nuevamente) y que responde al ideal soviético de grandes avenidas. Sin embargo, la sensación que nos ha dado es que la capital bielorrusa goza de una evidente prosperidad.

Los bares y restaurantes de diseño, las boutiques que nada tienen que envidiar a los Campos Eliseos o los cines y centros comerciales a la última parecen corresponderse poco con el sueldo medio para un funcionario de nivel superior, tipo profesor o médico, que nos cuentan que en Minsk no alcanza los 350 euros. Es esto algo que no logramos comprender, como tampoco entendemos que nos cuenten que el precio del metro cuadrado de sus avenidas principales sea de 2000 euros (¿y cómo lo pagan?) o que el parque automovilístico sea semejante al de cualquier ciudad occidental europea (lo dicho: ¿cómo e pagan estos coches con sueldos de 350 euros?).

Lo cierto es que Minsk parece gozar de una enorme vitalidad, los jóvenes visten a la última, como en Londres o Berlín, la pulcritud y el orden es norma en todas las calles y, durante nuestros tres días por la capital bielorrusa, no vimos ningún pedigüeño, los cuales suelen abundar en todas las capitales ex-soviéticas que hemos visitado, como Moscú, Bishkek o Tashkent.

Especialmente me gusto de Minsk la gran cantidad de parques que encontramos repartidos a lo largo y ancho de esta ciudad, que acoge a unos dos millones de bielorrusos. Parques como el Gorki, el Janki Kupali o el Pieramohi, arbolados por completo y que disponen de decenas de hectáreas repletas de senderos. Es habitual encontrarse por aquí a familias paseando o andando en bici o jóvenes practicando deporte. Según parece, Minsk fue alzada donde antiguamente se ubicaba un gran bosque, de manera que diseñar estos parques fue especialmente fácil.

Minsk parece querer mirar al futuro. Cierto que por toda la ciudad podemos encontrar símbolos que nos remiten a la época soviética. La hoz y el martillo presiden, por ejemplo, las Puertas de Minsk o la Plaza de la Victoria. E incluso la bandera soviética ondea en el Gran Museo de la Guerra Patriótica. Pero es evidente que la ciudad, y el país entero, parece querer mirar hacia delante, como atentos tanto al este como al oeste al mismo tiempo, a fin de no perder pasada en una suerte de comunismo 2.0 que lo sitúa bastante más cerca de Rusia que de Corea del Norte. Quien piense que viajar a Minsk supone regresar a 1970 está bien equivocado. Nada queda en Minsk que nos remita a la Unión Soviética, más allá de algunos símbolos.

En fin, dejo aquí este apartado más filosófico para centrarnos en aquellos lugares que hay que ver en Minsk en 2 días, que es el tiempo que nosotros le dedicamos a la ciudad.

DONDE DORMIR EN MINSK.

APARTAMENTO PRIVADO EN LA AVENIDA INDEPENDENCIA. Contratamos con Booking un apartamento en la Avenida Independencia, la principal de la ciudad. Estábamos en el centro de Minsk, a 50 metros de lo que se considera el Km 0 de Bielorusia.

El apartamento es nuevo, limpio, espacioso y con todo tipo de utensilios. Ideal para hasta 4 personas. La verdad es que jamás hemos estado en un apartamento tan céntrico y tan bien cuidado. No es de extrañar que tenga una nota en Booking superior a 9.5.


QUE VER EN MINSK EN 2 DÍAS.

CIUDAD ALTA. AYUNTAMIENTO DE MINSK.

Empezamos nuestra visita a Minsk subiendo por la calle Lenin desde la Avenida Independencia. Llegamos en menos de cinco minutos a la Plaza de la Libertad, corazón de la que es conocida como Ciudad Alta de Minsk y de la Ciudad Antigua de la capital de Bielorrusa.

Esta zona se sitúa en una suerte de colina, de no más de una veintena de metros de altura. De hecho, si miramos al noroeste vemos como el río queda algo por debajo de la Ciudad Alta.

Es aquí donde encontramos algunos de los más viejos edificios que hay que ver en Minsk. De hecho, aunque el origen de la ciudad hay que encontrarlo en una fortaleza que se situaba cerca de aquí, en un meandro del río, nada queda de ello, de manera que los edificios más antiguos que se pueden visitar en Minsk los encontraremos en este barrio. Y suerte que siguen en pie, pues no hay que olvidar que Minsk fue una verdadera ciudad mártir durante la Segunda Guerra Mundial, a la altura de Varsovia o Nuremberg, cuando perdió la mitad de su población y fue destruida casi por completo.

El primer edificio que nos llama la atención es una edificación blanca, que no es más que el Antiguo Ayuntamiento de Minsk. Deriva de la etapa en que Minsk recibió lo que eran conocidos como Derecho de Magdeburgo, los cuales aseguraba que la ciudad pudiera administrarse por sí misma. Fue a finales del siglo XV. Desde luego, el edificio que podemos ver en la actualidad es bastante posterior. De hecho, el aspecto neoclásico nos podría hacer pensar que se trata de una remodelación del siglo XVIII. Sin embargo, no es más que la reconstrucción del siglo XX del edificio que habría sido volado durante el reinado de Nicolás I de Rusia. La verdad es que con sus pórticos con columnas jónicas y su torre, se trata de una edificación bastante elegante.


CATEDRAL DEL ESPIRITU SANTO

Justo enfrente del Ayuntamiento encontramos el que es el templo más importante que hay que ver en Minsk y, en realidad, el principal para los Cristianos Ortodoxos de Bielorrusia. No os esperéis encontrar, sin embargo, con una gran catedral al estilo europeo occidental o ruso. Se trata de una construcción de estilo barroco de dimensiones más bien modestas y que en el oeste de Europa no sería más que otra iglesia más.

El templo original dataría del siglo XVIII, momento en que en el mismo se profesaba la fe católica. Sin embargo, tras ser demolido fue nuevamente reconstruido para convertirse en templo ortodoxo.

Dentro de este edificio de blanco inmaculado se cobija la imagen de la Virgen, en un icono que llegó a Minsk en 1500 y que es fruto de veneración por parte de los católicos del país.
Junto a la Catedral se ubica un monasterio y, unos metros más allá, un seminario.


CATEDRAL DE LA VIRGEN MARÍA.

Este templo, también barroco, se sitúa en la Calle Lenin, al otro lado de la misma si se viene desde la Plaza de la Libertad. Se trata del templo más importante para los católicos del país y fue erigido a principios del siglo XVIII por los jesuitas, también es estilo barroco. Una curiosidad es que durante la época soviética fue desacralizado para ser convertido en gimnasio. Solo a partir de 1997 fue nuevamente consagrado como catedral católica.

ISLA DE LAS LÁGRIMAS.

Bajamos unas escaleras que nos llevan a la Ciudad Baja y a orillas del río Svisloch. En realidad, en este lugar confluyen dos ríos. Sin embargo, el segundo de ellos, el Niamiha, fue soterrado por debajo de la avenida del mismo nombre, de manera que en la actualidad queda ajeno a nuestras vistas.

Andamos paralelos a la orilla del río Svisloch que baja mansísimo, acorde con el ritmo de la ciudad que nos parece, en general, bastante tranquila. En seguida un puente nos acerca hasta la que es conocida como Isla de las Lágrimas. Aquí se ubica el homenaje del pueblo de Bielorrusia a los jóvenes (y a sus madres) que murieron en las Guerras de Afganistán de los años 80 del siglo XX. Fueron las últimas guerras en que tomaron parte los bielorrusos, ya en las postrimerías de la época soviética. Unos 800 jóvenes bielorrusos perecieron en aquellos envites.

La capilla, con las imágenes de las madres esperando el regreso de sus hijos, es realmente emotiva, como lo es también el ángel que, literalmente, llora y que se localiza en el borde de la isla. Es este uno de los lugares que hay que ver en Minsk de forma obligada.

ÓPERA DE MINSK.

Regresamos a tierra firme para adentrarnos en el parque que queda justo enfrente de la enorme avenida Maksima Bahdanovica. No es más que uno de los numerosos parques que se reparten por toda la ciudad. Es esto algo que no pasa desapercibido y que nos alegra enormemente. Las superficies verdes en Minsk son muchísimas, particularmente en las zonas circundantes al río.

Pues bien, en este parque se ubica otro de los grandes edificios que hay que ver en Minsk. Se trata del Teatro de la Ópera. Desde luego, no se trata de un teatro tan histórico como el de las óperas de Viena o Budapest (ya hemos dicho que la ciudad fue destruida por completo durante la Segunda Guerra Mundial), pero con su color blanco inmaculado y sus sugerentes formas, no pasa desapercibido. Es más, enmarcada por el parque y con un conjunto de surtidores situados enfrente de su fachada, la verdad es que llama bastante la atención.

El edificio, aunque original de los años del siglo XX, debido ser reconstruido totalmente tras las Segunda Guerra Mundial y es la sede tanto de la Ópera como del Ballet nacional bielorruso. Por desgracia, y esto nos pasa cada verano, visitamos la ciudad en la época en que la Ópera Nacional cierra por vacaciones, de manera que no tendremos la oportunidad de disfrutar de ninguna representación que, por cierto, tienen muy buena fama.

DONDE COMER EN MINSK.

KUCHMEISTER. Karl Marx 40. Si queréis comer verdadera comida bielorrusia no os podéis perder este precioso restaurante situado a 100 metros del kilómetro 0 de Minsk, pero en una calle muy tranquila.

Se trata de un restaurante preciosamente decorado al estilo tradicional y donde a menudo se programan actuaciones en directo. Además, el servicio es perfecto.

Aquí podréis degustar las típicas sopas como la de remolacha que en verano se sirve fría, los famosos dranikis (las deliciosas pankake de patata, auténtico plato nacional), los varényky (pasta rellena, también típica d Ucrania) o las riquísimas carnes cocinadas según las recetas tradicionales. Todo ello acompañado de bebidas tradicionales, como el kvas (a base de fermentado de pan) o el Mors (de deliciosos arándanos). Los postres también están riquísimos. No dejéis de probar sus helados. El menú es amplísimo y a un precio más que asequible. Os aseguro que en Kuchmeister no pasaréis hambre y gozaréis de un excelente servicio. Una apuesta segura en el centro de Minsk.



PARQUE JANKI KUPALY, CIRCO DE MINSK Y AVENIDA INDEPENDENCIA.

Junto a este parque, aunque en la orilla opuesta del río Svisloch que aquí dibuja otro meandro se ubica el parque que recibe el nombre de uno de los más importantes literatos bielorrusos: Janki Kupali. La estatua que lo honra es ciertamente espectacular, ni que sea por su tamaño.

Enseguida llegamos a la Avenida Independencia, la más importante de Minsk y que nos recuerda, en cierta medida, a la Avenida Nevski de San Petersburgo. Salvando las diferencias, desde luego.

Se trata de la más importante arteria de la ciudad. Por su subsuelo pasa la línea de metro. Justo enfrente del Parque Kupaly, a este nivel de la Avenida Independencia, nos encontramos con otro gran edificio que hay que ver en Minsk. Me refiero al enorme Circo, de estilo neoclásico y, una vez más, inmaculado blanco.

En casi todas las grandes capitales ex-soviéticas nos encontramos con un gran circo y Minsk no es la excepción. El circo Nacional Bielorruso tiene su origen en la década de los 90 del siglo XIX y era de madera. Sin embargo, el edificio actual data de 1956 y fue uno de los primeros grandes circos construidos en la URSS. Como nos ha pasado con la Ópera, en verano no es época de representaciones (¿pero no se trata del momento en que los niños hacen vacaciones?) de manera que nos hemos de conformar en ver el exterior.


PALACIO DE LA REPÚPLICA Y SEDE DEL KGB

Desde el Circo seguiremos por la Avenida Independencia para realizar un largo paseo hasta la plaza homónima. Se trata, como hemos dicho, de una vía amplísima, de varios carriles en cada dirección y de hasta 42 metros de anchura.

Se trata de la avenida principal de Minsk y la que llevaría directamente a Moscú, de manera que se trataba de algo así como de una fachada de la ciudad para todos aquellos que la atravesaban en dirección a la capital de la Unión Soviética.

Enseguida llegamos a la Plaza de Octubre, anchísima como muchas de las grandes plazas de la antigua Unión Soviética. Aquí nos encontramos con el Palacio de la República, una de las últimas muestras de la arquitectura soviética y que hoy es algo así como un centro de convenciones. También aquí se sitúa un bonito edificio neoclásico amarillo que es el Palacio de la Cultura, alzado en 1954. Aquí lo conocen como el Partenón de Minsk, por su evidente estética neoclásica.


Seguimos avanzando por la Avenida Independencia, dejando a mano derecha los Grandes Almacenes Centralny (en realidad hemos desayunado en la cafetería de este establecimiento los tres días en que hemos permanecido en Minsk) y un poco más allá, los Grandes Almacenes Gum, los más famosos en la época soviética. Cuentan que cuando se inauguraron, en 1951, las colas eran kilométricas. El segundo día tuvieron que cerrarse porque las existencias se habían terminado en una sola jornada.

Poco más allá nos sorprende un edificio amarillento y con gran portalada neoclásica. Se trata de la sede de la Agencia de Inteligencia de Bielorrusia. Curiosamente en este país sigue recibiendo el nombre de KGB.

Toda esta avenida es de nuevo cuño, pues fue alzada tras la Segunda Guerra Mundial (como casi toda la ciudad). En parte podemos encontrar edificios realmente majestuosos, como la sede central de Correos. Sin embargo, otras construcciones resultan mucho más funcionales.

Si queréis profundizar en la herencia soviética de Minsk y oir relatos acerca de aquellos años, os recomiendo realizar el tour de White Wings «Soviet Tour«, donde a lo largo de 2 horas se explican los lugares más importantes que ver en Minsk en relación a la época soviética. El Tour tiene una duración de 2 horas y empieza junto a la estatua de Lenin en la Plaza de la Independencia. También podéis realizar con ellos el free tour que se realiza a diario y empieza en el Ayuntamiento de Minsk.

PLAZA DE LA INDEPENDENCIA, ESTATUA DE LENIN E IGLESIA DE SAN SIMÓN Y SANTA ELENA.

En estas llegamos a la Plaza de la Independencia, un enorme espacio que se abre en la misma Avenida Independencia. Aquí encontramos una de las sedes de la Universidad de Minsk. Sin embargo, nuestras miradas se dirigen a otros de los hitos que hay que ver en Minsk. Me refiero a la enorme estatua de Lenin, de varios metros de altura, y que se sitúa justo enfrente del Palacio del Gobierno de la República de Bielorrusia.

Justo al lado se ubica una de las iglesias más populares de la ciudad para la comunidad católica. Me refiero a San Simón y Santa Elena, conocida como la Iglesia Roja por el color de los ladrillos con que está diseñada. Durante la época soviética fue reconvertida en cine, pero en la actualidad ha sido nuevamente sacralizada. Justo enfrente de la iglesia nos fijamos con una bonita escultura de bronce que representa al Arcángel San Miguel y la Campana de la Paz, que rinde homenaje a los fallecidos por la Bomba Atómica de Hiroshima y Nagasaki, pero también a los afectados por la explosión de Chenobyl.

PLAZA DE LA VICTORIA E IGLESIA DE ALEXANDER NEVSKI

Empezamos una segunda jornada tomando el metro hasta la Plaza de la Victoria, otra de las grandes ágoras que se abren en la Avenida Independencia. Aquí se ubica un enorme obelisco que rinde homenaje a los fallecidos durante la Segunda Guerra Mundial, aquí conocida como Gran Guerra Patriótica, y a la lucha contra el fascismo.

Son varios los signos de la Unión Soviética que podremos ver en Minsk. En el obelisco, por ejemplo, podemos observar la hoz y el martillo. Sin embargo, tampoco hay que creer que Minsk es una oda a la Unión Soviética, ni mucho menos. El país mira al futuro, aunque sin dar la espalda al pasado, de manera que la mayoría de símbolos que encontramos hacen referencia a la República Bielorrusa y no a la Unión Soviética.


Seguimos por la Avenida Independencia en sentido noreste pero tomamos la Calle Kazlova a mano derecha. A los pocos minutos llegamos a otra de las iglesias que hay que ver en Minsk y que, casi milagrosamente, no sucumbió a los envites de la Segunda Guerra Mundial. Me refiero a la Iglesia de Alexander Nevski, uno de los escasos ejemplos de estilo ruso y de finales del siglo XIX. Quizá su interior es el más bello entre las distintas iglesias que hemos visto en Minsk.

El templo está rodeado de un frondosísimo parque que desempeña también las funciones de cementerio. Algunos ilustres bielorrusos están enterrados aquí, como el escritor Janki Kupali, del que ya he hablado.

MERCADO KAMAROUSKI

Otro de los lugares que hay que ver en Minsk es su mercado principal, el Kamarouski. Se ubica a unos 15 minutos andando de la iglesia, de manera que regresamos a la Avenida Independencia para tomar Viery Charuzaj, esta vez a mano izquierda.

Es este el mercado más grande de Minsk y la verdad es que por la mañana bulle de actividad, como no podría ser de otra manera. Se articula en dos espacios: en el exterior se vende la verdura, las hortalizas y las frutas; en un pabellón interior, la carne y los derivados de la leche. Todo parece muy ordenado, en realidad un reflejo de lo que estamos viendo en toda la ciudad. Nada de gritos ni desorden. Lo que se vende parece en excelente estado y casi todas las carnes se disponen en frigoríficos.

No podemos evitar comprar un buen puñado de arándanos, que aquí se venden a muy buen precio y a Marc le encantan.

BIBLIOTECA NACIONAL

Toca tomar el metro en la estación Jakuba Kolasa para bajarnos en Uschod, 4 paradas más allá en la línea azul. Aquí se ubica la Biblioteca Nacional, uno de los edificios más modernos de la ciudad y uno de los lugares que hay que ver en Minsk si uno se quiere hacer una idea de cómo está evolucionando la capital bielorrusa.

La biblioteca se dispone en una suerte de poliedro de cristal francamente espectacular. Cuando llegamos de noche a Minsk procedente del aeropuerto el edificio estaba iluminado y por momentos creímos pensar que se trataba de un casino.

Damos una buena vuelta por el interior de la biblioteca aunque no alcanzamos a subir a la terraza, desde donde sabemos que se tiene una buena vista de toda la ciudad. Justo enfrente de la biblioteca se disponen un buen número de edificios de corte soviético, algunos de ellos con grandes murales en su fachada.

IGLESIA DE TODOS LOS SANTOS Y PEQUEÑA IGLESIA

Desde la Biblioteca Nacional damos un paseo en cuesta que en 10 minutos nos lleva a una de las últimas iglesias que visitaremos en Minsk. En realidad son dos, que están juntas y que merecen la pena.

La primera es la Iglesia de Todos los Santos que, con 74 metros de altura, es la más alta entre las existentes en las exrepúblicas soviéticas (o eso leemos). La verdad es que con sus cinco cupulillas doradas y su aguja central en forma de octógono, resulta francamente bella. No se trata de ningún templo histórico, ni muchísimos menos, pues el proyecto se inició en 2016 y hasta 2010 no fue inaugurada. Sin embargo, creo que es una de las iglesias más bellas que hay que ver en Minsk de manera que os aconsejo llegar hasta aquí. Por desgracia, encontramos su interior cerrado.


Justo al lado de la Iglesia de Todos los Santos encontramos un segundo templo, ciertamente precioso. Se trata de la Iglesia ortodoxa de la Trinidad, construida enteramente en madera. Fue consagrada en 2001. Es decir, también se trata de una iglesia contemporánea, pero la verdad es que es una auténtica delicia. Al estar situada al lado de la Iglesia de Todos los Santos puede parecer un templo más bien pequeño. Sin embargo tiene una altura nada desdeñable de 34 metros de altura.

En esta ocasión sí que podemos entrar al interior del templo. Entre las dos iglesias, se ha ubicado una escultura de Moisés con las tablas de la ley, ciertamente bella.

MUSEO DE LA GRAN GUERRA PATRIÓTICA

El lugar que cierra la lista de estos sitios que hay que ver en Minsk es el Parque y el Museo de la Gran Guerra Patriótica. Para llegar allí se puede tomar el autobús número 1. Como ya hemos dicho, Bielorrusia mira al futuro pero sin dar la espada a su pasado. Y particularmente a su lucha de liberación contra el fascismo. Este museo, de diseño bastante futurista y precedido por una estatua de la Madre Patria, cuenta la Guerra de Liberación de 1941 a 1944. Es decir, los episodios bielorrusos de la Segunda Guerra Mundial, que permitieron que el Ejército Rojo liberara la nación del yugo nacionalsocialista. No es de extrañar que la bandera de la URSS ondee en este museo.

El museo da para un buen rato y es bastante detallista. Sin embargo, si vais justos de tiempo, os aconsejo que al menos os acerquéis hasta aquí para disfrutar del edificio y del parque adyacente, muy frondoso como todos los que hemos encontrado en la ciudad y que se sitúa al rededor del cauce del río Svisloch.



Y hasta aquí esta pequeña guía con los lugares más importantes que ver en Minsk. Una ciudad que nos ha sorprendido con su orden, su pulcritud y con un nivel de vida, al menos aparentemente, más alto de lo que esperábamos, particularmente si lo comparamos con otras capitales ex-soviéticas que hemos tenido la oportunidad de conocer.

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