Los Guéré forman uno de los grupos étnicos más interesantes y culturalmente ricos de África occidental.
Conocidos por sus máscaras, en los últimos años se han hecho especialmente populares entre los viajeros a Costa de Marfil por la existencia del ritual de las niñas serpiente, del que la verdad es que cuesta encontrar literatura académica confiable.
De hecho, nosotros llegamos al poblado de Dourouzon, habitado por esta etnia, después de un par de horas transitando por carreteras de tierra embarradas, para poder disfrutar de estos dos ritos: las danzas de máscaras y el ritual de las niñas serpiente de Costa de Marfil.
En líneas generales, los Guéré son un pueblo de África Occidental que vive al oeste de Costa de Marfil (especialmente en el departamento de Guiglo) y al otro lado de la frontera con Liberia, y que, junto a sus vecinos Wobé, pertenecen al grupo Wé.
En Liberia también se les conoce como Krahn. Estrechamente relacionados con los Guéré están los Wobé, a veces descritos como subgrupos o tribus hermanas dentro del amplio conjunto de pueblos Wé.
POBLACIÓN Y DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA
Los datos demográficos más recientes estiman que los Guéré de Costa de Marfil son algo más de medio millón de personas, mientras que en Liberia las cifras son menores. Como suele pasar en África, los datos poblacionales hay que cogerlos con pinzas.
Los Guéré hablan lenguas kru, integradas dentro de la gran familia lingüística Níger-Congo. Al otro lado de la frontera, los Krahn de Liberia hablan una lengua emparentada con la de los Guéré.
Este pueblo habita mayoritariamente regiones boscosas y rurales, donde históricamente su economía se basó en la agricultura de subsistencia —cultivando arroz, mandioca, ñame, maíz y otros alimentos básicos— y, en menor medida, en la caza y la pesca.
ORGANIZACIÓN SOCIAL Y VIDA COMUNITARIA
Tradicionalmente, los Guéré se organizan en aldeas patrilineales donde el liderazgo recae en ancianos y jefes locales, figuras respetadas por su sabiduría, experiencia y capacidad de negociación dentro y fuera de la comunidad.
La familia extensa y el linaje son pilares fundamentales de la cohesión social, y las decisiones relativas a disputas, alianzas matrimoniales y eventos religiosos suelen involucrar a estos líderes. Este es un aspecto que comparten con gran número de grupos étnicos que hemos podido ir conociendo a lo largo de los años en el África Subsahariana.
Como muchos pueblos de la región, la cosmovisión guéré es animista, concibiendo la naturaleza y los seres invisibles (espíritus) como fuerzas activas que influyen en la vida humana. Todo, desde los cultivos hasta la salud familiar, está mediado por la relación con estos espíritus que habitan el bosque, un espacio considerado sagrado y, al mismo tiempo, peligroso si se lo cruza sin invocaciones apropiadas.
Esto último no impide que, a lo largo del siglo XX, numerosos grupos Guéré fueran adoptando el cristianismo, ya que, en la práctica religiosa habitual de los pueblos del Golfo de Guinea, el sincretismo religioso es una realidad aceptada comúnmente.
LOS POBLADOS GUÉRÉ
Las comunidades guéré se sitúan principalmente en zonas de bosque tropical húmedo, con aldeas dispersas entre claros agrícolas y selva. Las viviendas tradicionales son sencillas: estructuras de adobe y techos de palma o paja, construidas colectivamente.
En función de la evolución de cada poblado, muchas comunidades han adoptado materiales modernos y configuraciones urbanas, aunque la forma de organización y la distribución espacial de las aldeas rurales reflejan siempre la importancia del linaje y la vida comunitaria compartida.
LAS MÁSCARAS: CORAZÓN DE LA CULTURA WÉ/GUÉRÉ
Como dije, el motivo principal que nos llevó hasta la población guéré de Dourouzon fue poder conocer los bailes de máscaras y el rito de las niñas serpiente.
En este sentido, una de las expresiones culturales más destacadas de los Guéré es la tradición de las máscaras rituales, considerada central para la identidad social y espiritual de la comunidad. Las máscaras entre los Wé/Guéré no son simples objetos artísticos: representan espíritus invisibles del bosque y de los ancestros, mediando entre el mundo humano y el espiritual. Están talladas en madera y ricamente adornadas con fibras vegetales, pigmentos, conchas, plumas, campanas y otros materiales que, según la tradición, refuerzan su poder espiritual.
Existen diferentes tipos de máscaras según sus funciones:
Máscaras sagradas: invocadas para la protección de la aldea, para pedir buenas cosechas o para alejar fuerzas dañinas.
Máscaras guerreras: con rasgos intensos y terroríficos, diseñadas para simbolizar coraje y autoridad, actuando a veces como forma de control social.
Máscaras festivas o lúdicas: usadas durante celebraciones y reuniones sociales, con fines en parte educativos y en parte de entretenimiento ceremonial.
Además de su fuerte impacto visual, las máscaras participan en la justicia comunitaria tradicional: cuando surge un conflicto que la justicia local no puede resolver, la intervención de la máscara es vista como un veredicto espiritual que debe ser respetado por todos.
Las máscaras, encarnando a estos espíritus, emergen de un santuario sagrado en el bosque, acompañadas por música, canto y danzas que convocan a los ancestros. Las mujeres tradicionalmente no tocan las máscaras y se mantienen a distancia respetuosa, a la vez que participan en cánticos ceremoniales que alaban el papel de estas figuras espirituales.
Y esto es a lo que pudimos asistir durante nuestra estancia en Dourouzon: hasta cuatro bailes de cuatro máscaras distintas, que danzaron al ritmo de los percusionistas. La verdad es que este tipo de bailes, que con sus lógicas diferencias pudimos conocer a lo largo de los distintos grupos tribales que visitamos en Costa de Marfil, resultó lo mejor del viaje.
LAS NIÑAS SERPIENTE GUÉRÉ DE COSTA DE MARFIL
Y ahora el plato fuerte, porque bailes y ritos de máscaras hemos visto ya bastantes en África. Sin embargo, el ritual de las niñas serpiente era algo nuevo para nosotros.
Este ritual, poco conocido más allá de los círculos viajeros y blogs etnográficos, y del que en realidad hay muy poca información en la literatura académica, tiene lugar en aldeas tradicionales, como Dourouzon, que se encuentra a un par de horas de Man y a la que hemos llegado, como dije, tras un trayecto un tanto complicado.
La ceremonia de las niñas serpiente transcurre entre ritmos de tambores, mientras el simbo (el chamán o maestro) y las niñas serpiente (jóvenes iniciadas de menos de 7 años, con la cara pintada con motivos geométricos de color blanco y adornadas con tocados vegetales donde no faltan las habituales conchas de caurí) realizan un ritual de lo más inquietante, que es una combinación de gestos, danza y acrobacias, bajo un estado que parece acercarse al trance.
Por lo visto, el chamán o simbo es quien observa a las pequeñas desde muy jóvenes, eligiendo para formar parte de esta práctica ritual solamente a quienes demuestran especial destreza y habilidad. Quizá por este motivo, por su agilidad y destreza, las niñas son conocidas como “niñas serpiente”.
La ceremonia empieza convocando a las niñas (son seis) al centro de la plaza del poblado, que es donde se realiza el ritual. Las niñas avanzan en silencio, impertérritas, sin mediar ni media sonrisa, como así será durante toda la ceremonia.
Las primeras fases del baile son tranquilas, con suaves contoneos de cadera, que poco nos pueden hacer pensar en lo que vendrá a continuación. Tras estas presentaciones y, una a una, las niñas serpiente son tomadas por el simbo o chamán, que las lanzará repetidamente al aire para que realicen todo tipo de piruetas y acrobacias, con giros imposibles y, a menudo, con la presencia de afilados y amenazadores cuchillos.
Desde luego, no podemos ni sabemos interpretar los medidos gestos que incluye el ritual, que transcurre en un ambiente que casi parece de trance por parte de las chiquillas y que seguro es de suma concentración.
Cada una de las niñas hará dos rondas de bailes/rituales/acrobacias. De hecho, entre la primera y la segunda tanda, se dará espacio al baile de las máscaras Guéré de las que ya hemos hablado.
Es difícil describir con palabras lo vivido, con los simbos lanzando al aire a las chicas o cogiéndolas de los tobillos mientras las hacen girar a gran velocidad, a apenas unos centímetros del suelo, sin mediar en ningún momento gesto alguno de las niñas, que se muestran impasibles.
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Las aproximadamente dos horas que estuvimos en la población guéré de Dourouzon, viendo a las niñas serpiente y la máscaras, supusieron algunos de los momentos más intensos de nuestro viaje a Costa de Marfil, un país que tiene en su variedad étnica y su folclore asociado su mayor aliciente.
