Viajar en grupo

A lo largo de los años, hemos tenido la oportunidad de viajar de distintas maneras y con distintas compañías: en familia, completamente por nuestra cuenta; con amigos de toda la vida; en solitario (algo que todo viajero debería probar); o en grupo, reservando plaza en alguna agencia que se encarga de formarlos, uniendo viajeros que prefieren viajar acompañados.

Viajar con desconocidos es una de esas ideas que despiertan curiosidad y, al mismo tiempo, cierto vértigo. A muchos viajeros les atrae la posibilidad de salir de su rutina a la vez que se tiene la oportunidad de conocer gente nueva durante los viajes. Sin embargo, enseguida aparecen los miedos: ¿y si no conecto con nadie?, ¿y si hay malos rollos?, ¿y si el grupo ya viene formado y me siento fuera de lugar?, ¿no será incómodo pasar tantos días con personas que no conozco de nada?

 

Los temores son normales. Educados en la idea de que viajar es algo que se hace en pareja o con amigos, emprender un viaje con desconocidos puede parecer, en un primer momento, una apuesta arriesgada.

Sin embargo, cuando la experiencia está bien diseñada, y para ello hay varias agencias especialmente especializadas en este tipo de viajes, la realidad suele ser muy distinta a lo que imaginamos. Quien esto escribe lo ha probado en varias ocasiones (por ejemplo, en Uganda o en África austral; y este verano ha reservado un viaje a Sri Lanka en grupo).

En este artículo vamos a desmontar algunos de los mitos más comunes y a contrastarlos con lo que suele pasar de verdad en viajes en grupo cuidados, como los que propone Desafío Zero.

MITO 1: “NO VOY A CONECTAR CON NADIE”

Este es, probablemente, el miedo más habitual. Pensamos que no tendremos nada en común con el resto del grupo, que las conversaciones serán forzadas o que nos sentiremos “raros” desde el primer día.

La realidad es completamente distinta. Principalmente porque quien reserva plaza en este tipo de viajes tiene, siempre, dos motivos principales como punto de partida compartido con nosotros mismos: las ganas de viajar, de salir de la rutina, de vivir algo diferente y, de conocer nuevos rincones del mundo; y las ganas de conocer gente afín. Es decir, los viajes en grupo suelen unir viajeros con inquietudes parecidas y expectativas realistas.

La conexión no tiene por qué surgir de grandes conversaciones profundas. Muchas veces nace de lo cotidiano: caminar juntos, compartir una comida, comentar un paisaje o reírse de un pequeño contratiempo. 

Y en agencias como Desafío Zero eso se potencia, porque no se trata solo de “viajar”: se trata de vivir una aventura en grupo, donde hay que superar desafíos trabajando en equipo, apoyarse de verdad y compartir emociones reales. Sin la presión de “tener que caer bien”, el vínculo aparece solo… porque cuando te ves resolviendo cosas con otros, animándote y siendo animado, la relación fluye de manera natural.

MITO 2: “SEGURO QUE HABRÁ MALOS ROLLOS”

La idea de convivir varios días con desconocidos despierta el temor a conflictos, choques de personalidad o tensiones constantes. Nos imaginamos discusiones por tonterías o ambientes cargados.

La realidad suele ser también bien distinta: en grupos reducidos y bien acompañados, los malos rollos no son lo habitual. Al menos, yo nunca he tenido esta sensación, por más que, como es lógico, dentro de un grupo viajero puedas tener más o menos afinidad con un compañero.

No se trata de que todos los viajeros sean perfectos en el mundo de los viajes en grupo, sino que la propia experiencia está pensada para fomentar el respeto y la convivencia. En este sentido, el tamaño del grupo es clave: no es lo mismo un autobús lleno de gente que un grupo pequeño donde todos pueden conocerse por su nombre.

Además, en este sentido, surge con su papel fundamental la figura de «Líderes de expedición». Su trabajo no se limita a coordinar horarios, rutas o alojamientos. Son quienes marcan el pulso del grupo: crean el clima, leen lo que está pasando (incluso cuando nadie lo dice), previenen tensiones antes de que exploten y ayudan a que todo fluya. 

En Desafío Zero, su rol es fundamental porque sostienen las emociones, impulsan retos y proponen dinámicas que convierten el viaje en una experiencia compartida, no en un simple itinerario.

Esto no significa que no haya momentos de cansancio o diferencias de opinión, pero sí que existe un acompañamiento que evita que esos roces vayan a más.

MITO 3: “EL GRUPO YA VENDRÁ FORMADO Y YO SOBRARÉ”

Muchas personas temen llegar a un grupo donde todos parecen conocerse, hablar de anécdotas compartidas y dejar al recién llegado en un segundo plano.

La realidad es también distinta: en la mayoría de estos viajes de este tipo, casi nadie se conoce de antes. Por ejemplo, para nuestro viaje a Uganda en grupo, había un grupo de tres chicos amigos y los demás, éramos viajeros en solitario, ávidos de disfrutar de la experiencia de viaje y de hacer nuevas amistades.

Cuando la experiencia está bien diseñada, se cuidan mucho los primeros momentos, como presentaciones, actividades suaves y espacios para que todo el mundo tenga voz. No se trata de forzar la integración, sino de crear las condiciones para que ocurra de forma natural. Al cabo de uno o dos días, la sensación de “grupo ya formado” suele desaparecer por completo.

MITO 4: “VA A SER INCÓMODO TODO EL TIEMPO”

¿Compartir habitaciones, silencios, comidas o trayectos largos con personas desconocidas podría generar incomodidad?

Pues, desde mi punto de vista o de mi experiencia en viajes en grupo, es que si existe, esta incomodidad suele durar poco. A medida que pasan las horas y los días, lo desconocido se vuelve familiar.

No se trata de buscar una convivencia forzada ni una intensidad constante. Hay espacios para compartir y también para estar a solas, respetando los ritmos de cada persona.

En mi caso, incluso, en alguna ocasión he compartido habitación con una persona de sexo distinto con la que nos llevábamos más de 20 años. Cada uno sabía tener su espacio y la verdad que la situación fue cómoda para ambos desde el minuto cero.

BENEFICIOS REALES DE VIAJAR CON DESCONOCIDOS

Más allá de desmontar miedos, viajar con desconocidos tiene ventajas muy concretas:

Conocer gente afín: no necesariamente amigos para toda la vida, pero sí personas con las que compartes valores, intereses y una forma similar de entender el viaje. Incluso con algunos nuevos amigos conseguidos a través de los viajes en grupo y a sabiendas que compartís la afición por conocer nuevas culturas, es fácil que surjan nuevas propuestas de viajes.

Sentirte acompañado aunque viajes solo: no tienes que cargar con toda la experiencia tú solo. Hay alguien con quien comentar lo que sientes, lo que te asusta o lo que te emociona. En mi caso, estoy acostumbrado a organizarme los viajes por mi cuenta: aviones, hoteles, excursiones, el día a día. Sin embargo, esto requiere también mucho tiempo, por lo que agradezco que para otros viajes, haya quien se encargue de organizarlo todo por mí.

Compartir miedos y logros: afrontar juntos pequeños retos, salir de la zona de confort o celebrar avances crea vínculos muy potentes en poco tiempo.

Salir de la burbuja del entorno habitual: escuchar otras historias, otras formas de ver la vida y otros ritmos ayuda a relativizar problemas y a ampliar la mirada.

Tener miedo a viajar con desconocidos, o al menos que surjan ciertas dudas, no significa que no sea para ti. Significa, simplemente, que estás saliendo de lo conocido. La diferencia está en dar el paso en un entorno cuidado, donde ese miedo se tenga en cuenta y no se ignore.

Cuando el viaje está bien planteado, lo que parecía incómodo se vuelve enriquecedor, y lo que daba miedo se transforma en una de las partes más valiosas de la experiencia. Al final, muchos viajeros coinciden en lo mismo: no solo recuerdan los lugares que visitaron, sino, sobre todo, a las personas con las que los compartieron.

Viajar con desconocidos no es una locura. Puede ser, de hecho, una de las formas más humanas y transformadoras de viajar.

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