Guía lugares que ver en Bretaña

Bretaña es una de las regiones con más personalidad de Francia. Castillos medievales, pueblos que parecen detenidos en el tiempo, espectaculares acantilados, yacimientos prehistóricos, ciudades amuralladas y una costa salvaje convierten cualquier viaje a Bretaña en una experiencia difícil de olvidar. Además, su identidad cultural, muy diferente al resto del país, hace que recorrerla resulte todavía más interesante.

En este artículo vamos a explicar qué ver en Bretaña en 5 días, siguiendo el mismo itinerario que realizamos nosotros. Hay que tener en cuenta que esta ruta se centra exclusivamente en el oeste de la región. Para visitar Bretaña con cierta tranquilidad y recorrer también la península de Crozon, la Costa de Granito Rosa, Quimper, Brest o la Pointe du Raz serían necesarios, al menos, ocho días.

Como nosotros no disponíamos de tanto tiempo, decidimos concentrarnos en la parte oriental y central de la región, donde se encuentran algunos de sus lugares más emblemáticos.

UN POCO DE HISTORIA DE BRETAÑA

Antes de comenzar la ruta merece la pena conocer brevemente la historia de esta singular región francesa. El nombre de Bretaña procede de los pueblos britanos que, entre los siglos V y VI, cruzaron el canal de la Mancha huyendo de las invasiones anglosajonas en Gran Bretaña. Estos grupos se asentaron en la antigua Armórica, dando origen a una cultura propia que todavía hoy mantiene una fuerte identidad.

Durante la Edad Media, Bretaña llegó a constituirse como un poderoso ducado prácticamente independiente. Sus duques levantaron castillos, fortificaron ciudades y fomentaron el comercio marítimo con Inglaterra, Flandes y el norte de Europa.

No fue hasta 1532 cuando el Ducado de Bretaña quedó unido definitivamente a la Corona francesa, aunque la región conservó numerosos privilegios durante siglos. Esa historia explica por qué todavía hoy los bretones se sienten profundamente orgullosos de su lengua, sus tradiciones y su patrimonio.

Qué ver en Bretaña

¿CUÁL ES LA MEJOR ÉPOCA PARA HACER UN VIAJE A BRETAÑA?

Aunque Bretaña puede visitarse durante todo el año, los meses comprendidos entre mayo y septiembre suelen ofrecer las mejores condiciones meteorológicas. Las temperaturas son suaves, los días son muy largos y es más fácil disfrutar de los paseos por la costa, las ciudades históricas y los monumentos al aire libre.

Nosotros realizamos este viaje a Bretaña durante el mes de julio. A pesar de viajar en plena temporada alta, nos sorprendió comprobar que únicamente encontramos una gran afluencia de visitantes en el Monte Saint-Michel. En el resto de destinos —Rennes, Vitré, Fougères, Cancale, Dinan o Carnac— pudimos pasear con bastante tranquilidad. Evidentemente había turistas, pero nada comparable a la masificación que suele encontrarse en muchas capitales europeas durante el verano.

Precisamente esa es una de las grandes ventajas de Bretaña: incluso en julio es posible disfrutar de la mayoría de sus localidades sin grandes aglomeraciones.

CÓMO LLEGAR A BRETAÑA

Para nuestro recorrido optamos por volar desde Barcelona hasta Nantes. Aunque Nantes pertenece administrativamente a la región de Países del Loira, su aeropuerto constituye una excelente puerta de entrada para recorrer el este de Bretaña. Desde allí recogimos un coche de alquiler y comenzamos directamente nuestra ruta.

Otra posibilidad es volar al aeropuerto de Rennes, una opción todavía más cómoda para iniciar un recorrido por Bretaña. Sin embargo, desde España no siempre existen vuelos directos, por lo que muchas veces resulta más sencillo y económico llegar a Nantes.

Ruta con lugares que visitar en Bretaña

DÓNDE NOS ALOJAMOS

Para nuestra ruta de 5 días en Bretaña, tuvimos 2 bases (Rennes y Saint-Maló). Desde aquí resulta muy fácil abordar los lugares más interesantes que ver en Bretaña.

RENNES. Nos alojamos en HOTEL DES LICES, muy bien situado en el pleno centro histórico (justo enfrente se celebra el segundo mayor mercado de Francia). Desayuno muy completo y plazas de parking propias. Muy recomendable.

SAINT-MALO. Optamos por el HOTEL SAN PEDRO, en núcleo histórico también. Excelente atención, sirven desayuno (aunque nosotros desayunamos fuera) y disponen de aparcamiento. Es muy buena opción.

LA MEJOR FORMA DE RECORRER BRETAÑA: EN COCHE

Después de recorrer buena parte de la región, tenemos claro que realizar una ruta en coche por Bretaña es la mejor opción. Aunque existe transporte público entre las principales ciudades, muchas de las visitas más interesantes se encuentran en pequeñas localidades, castillos o espacios naturales donde las conexiones son limitadas.

Además, disponer de coche permite adaptar completamente el itinerario, detenerse en miradores, visitar pueblos poco conocidos y optimizar mucho mejor el tiempo. Las carreteras están en muy buen estado, el tráfico es reducido fuera de las grandes ciudades y las distancias entre los principales puntos turísticos son relativamente cortas.

¿POR QUÉ HEMOS INCLUIDO EL MONTE SAINT-MICHEL?

Es posible que muchos lectores se sorprendan al encontrar el Monte Saint-Michel dentro de una ruta por Bretaña, ya que administrativamente pertenece a la región de Normandía. Sin embargo, la realidad es que se encuentra situado muy cerca de la frontera entre ambas regiones y forma parte de prácticamente todos los itinerarios turísticos por Bretaña.

Además de su proximidad geográfica, resulta una visita casi obligada para cualquiera que recorra esta zona del noroeste de Francia. Su espectacular abadía medieval, levantada sobre un islote rocoso rodeado por algunas de las mareas más intensas de Europa, constituye uno de los monumentos más impresionantes del país y un complemento perfecto para cualquier ruta en coche por Bretaña.

Mount Saint Michel

QUÉ VER EN BRETAÑA: NUESTRO ITINERARIO DE 5 DÍAS

Este fue el recorrido que realizamos durante nuestro viaje:

  • Rennes
  • Vitré
  • Castillo de Fougères
  • Castillo de Trécesson
  • Monte Saint-Michel
  • Mercado de las Ostras de Cancale
  • Cancale
  • Dinan
  • Carnac

Aunque existen muchos otros lugares imprescindibles, creemos que este itinerario permite descubrir una excelente muestra del patrimonio histórico, cultural y paisajístico de la región, combinando ciudades medievales, fortalezas, pueblos costeros y algunos de los monumentos más famosos de Francia.

1. CASTILLO DE TRÉCESSON, EL CASTILLO MÁS MISTERIOSO DE LA REGIÓN

Empezamos esta lista de lugares que ver en Bretaña con la que fue nuestra primera visita: el Castillo de Trécesson.

La verdad es que si existe un castillo capaz de transportarte a los cuentos y leyendas de la Bretaña medieval, ese es el Castillo de Trécesson.

Situado en pleno bosque de Brocéliande, a orillas de un pequeño lago que refleja sus murallas de esquisto rojizo, es uno de los lugares más evocadores de la región. A diferencia de las grandes fortalezas militares de Fougères o Vitré, el Castillo de Trécesson destaca por su atmósfera romántica y por el halo de misterio que lo envuelve desde hace siglos.

Castillo de Trécesson

Aunque sus orígenes se remontan al siglo XIII, el aspecto actual del castillo corresponde principalmente a las reformas realizadas durante los siglos XIV y XV por la familia Trécesson. A lo largo de su historia pasó por diferentes linajes nobiliarios, conservándose prácticamente intacto gracias a que nunca sufrió grandes destrucciones. Su ubicación, rodeada por bosques y lagunas, contribuyó a alimentar numerosas leyendas populares que todavía hoy forman parte del folclore bretón.

El castillo es de propiedad privada, aunque algunas de sus salas sí que son visitables. Sin embargo, el mayor atractivo consiste precisamente en contemplarlo desde el exterior, reflejado sobre las aguas del lago y rodeado por el bosque.

Es uno de los rincones más fotogénicos de toda nuestra ruta en coche por Bretaña y una parada muy recomendable si se visita la zona de Brocéliande.

Castillo de Trécesson

2. RENNES, LA ELEGANTE CAPITAL BRETONA

Aunque visitamos el Castillo de Trécesson en la ruta entre el aeropuerto de Nantes y Rennes, podemos decir que Rennes fue el punto de partida de nuestro viaje a Bretaña. Fue una ciudad que nos sorprendió muy gratamente.

Aunque muchos viajeros pasan por ella de camino a otros destinos más conocidos, creemos que merece dedicarle al menos una jornada completa. Su casco histórico conserva un magnífico conjunto de casas de entramado de madera, amplias plazas, edificios monumentales y un ambiente universitario que la convierte en una ciudad muy animada durante todo el año.

Rennes

Los orígenes de Rennes se remontan a la época romana, cuando fue fundada con el nombre de Condate Riedonum sobre un importante cruce de caminos. Con el paso de los siglos se convirtió en una de las principales ciudades del Ducado de Bretaña y, posteriormente, en la sede del Parlamento de Bretaña.

Un gran incendio ocurrido en 1720 destruyó buena parte del centro medieval, lo que explica el curioso contraste entre las calles repletas de casas de madera que sobrevivieron al fuego y las elegantes avenidas y edificios clásicos levantados durante la reconstrucción.

Rennes

Ese equilibrio entre patrimonio medieval y arquitectura del siglo XVIII es uno de los grandes atractivos de la ciudad.

Rennes también nos pareció una ciudad muy cómoda para recorrer a pie. Casi todos sus principales monumentos se concentran en el centro histórico y resulta fácil combinar las visitas con alguna terraza o restaurante donde probar especialidades bretonas como las galettes o las famosas crêpes.

Rennes

Si realizas una ruta en coche por Bretaña, comenzar aquí el itinerario permite conocer la historia de la región antes de adentrarse en sus pueblos medievales y su espectacular costa.

Entre los lugares imprescindibles que ver en Rennes destacan:

  • El casco histórico, uno de los mejor conservados de Francia, con centenares de casas de entramado de madera construidas entre los siglos XV y XVII.
  • El Parlamento de Bretaña, elegante edificio clásico que fue la sede del antiguo tribunal supremo del ducado y uno de los símbolos de la ciudad.
  • La plaza des Lices, donde cada sábado se celebra uno de los mercados más famosos de Francia y que conserva un ambiente muy animado.
  • La catedral de Saint-Pierre, sorprendente por su monumental fachada neoclásica y su espectacular interior decorado con mármoles y dorados.
  • El parque del Thabor, considerado uno de los jardines públicos más bellos de Francia, perfecto para pasear entre rosaledas, estanques y jardines de inspiración francesa e inglesa.

Rennes

3. VITRÉ, UNA DE LAS CIUDADES MEDIEVALES MÁS BONITAS DE FRANCIA

Si tuviéramos que elegir una de las mayores sorpresas de nuestro viaje a Bretaña, probablemente sería Vitré.

A pesar de no figurar entre los destinos más conocidos de la región, conserva uno de los conjuntos medievales mejor preservados de toda Francia. Pasear por sus calles empedradas produce la sensación de haber retrocedido varios siglos, rodeado de casas de madera, antiguas mansiones de comerciantes y una impresionante fortaleza que domina toda la ciudad.

Durante la Edad Media fue una importante plaza defensiva frente a los dominios del reino de Francia y, al mismo tiempo, un próspero centro comercial gracias al comercio de tejidos y lino. Esa prosperidad permitió levantar numerosas residencias señoriales que todavía hoy se conservan prácticamente intactas.

Vitré

Nosotros recorrimos Vitré en apenas unas horas, aunque fácilmente podría ocupar una jornada completa si se visitan sus museos y el castillo. Es una ciudad muy tranquila, con un ambiente completamente distinto al de otros destinos más turísticos de Bretaña.

Precisamente esa tranquilidad es uno de sus mayores encantos y hace que sea una parada muy recomendable dentro de cualquier ruta en coche por Bretaña.

Entre los principales lugares que ver en Vitré destacan:

  • El castillo de Vitré, una de las fortalezas medievales mejor conservadas de Bretaña, con sus torres almenadas y un magnífico patio interior. Por cierto, para visitar el patio interior, no hay que pagar entrada.
  • La iglesia de Notre-Dame, construida entre los siglos XV y XVI, que combina elementos góticos y renacentistas y alberga hermosas vidrieras.
  • La rue de la Baudrairie, considerada la calle medieval más bonita de la ciudad, repleta de casas de entramado de madera perfectamente conservadas.
  • La plaza del Château, ideal para detenerse a contemplar la silueta de la fortaleza y disfrutar del ambiente de sus terrazas.

Vitré

4. CASTILLO DE FOUGÈRES, LA MAYOR FORTALEZA MEDIEVAL DE EUROPA

Apenas cuarenta minutos separan Rennes del impresionante Castillo de Fougères, una de las visitas imprescindibles de cualquier viaje a Bretaña.

Considerado la mayor fortaleza medieval conservada de Europa, este enorme complejo defensivo impresiona tanto por sus dimensiones como por su magnífico estado de conservación.

Castillo de Fougères

Los orígenes del castillo se remontan al siglo XI, aunque la fortaleza actual fue ampliándose durante los siglos XII y XIII para proteger la frontera entre el Ducado de Bretaña y el Reino de Francia. Sus trece torres, las murallas que rodean el recinto y el profundo foso natural muestran la enorme importancia estratégica que tuvo durante siglos.

Castillo de Fougères

La visita resulta especialmente interesante porque permite recorrer gran parte del recinto defensivo. Además, con la entrada se incluye una audioguía en español que te permite comprender la historia de la fortaleza.

La verdad es que tanto Isa como yo coincidimos en que este castillo es uno de los más impresionantes que hemos visitado jamás, de manera que haréis bien en incluirlo en una ruta en coche por Bretaña.

Castillo de Fougères

5. MONTE SAINT-MICHEL, UNA VISITA IMPRESCINDIBLE

Aunque administrativamente pertenece a Normandía, resulta imposible hablar de qué ver en Bretaña sin incluir el Monte Saint-Michel.

Situado a apenas unos kilómetros de la frontera entre ambas regiones, forma parte de prácticamente todos los itinerarios turísticos por Bretaña y constituye uno de los monumentos más impresionantes de Francia. Nosotros decidimos incorporarlo a nuestra ruta por Bretaña por su cercanía y porque habría sido un error pasar tan cerca sin visitarlo.

La historia del Monte Saint-Michel comenzó en el año 708, cuando, según la tradición, el arcángel san Miguel se apareció al obispo Aubert de Avranches ordenándole construir un santuario sobre este islote rocoso.

Con el paso de los siglos aquel pequeño oratorio fue transformándose en una poderosa abadía benedictina que llegó a convertirse en uno de los principales centros de peregrinación de la Europa medieval. Durante la Guerra de los Cien Años resistió todos los ataques ingleses, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia francesa.

Como llegar a los Meandros del Mount Saint Michel

Lo que hace verdaderamente espectacular al Monte Saint-Michel no es solo su arquitectura, sino también el paisaje que lo rodea. La bahía registra algunas de las mareas más intensas de Europa, con diferencias de hasta quince metros entre la bajamar y la pleamar.

Dependiendo del momento del día, el monte puede aparecer completamente rodeado por el mar o conectado al continente por una inmensa llanura de arena. Nosotros tuvimos la suerte de contemplarlo durante la bajamar, cuando resulta impresionante apreciar la inmensidad de la bahía.

Los principales lugares que no deberías perderte son:

  • La abadía del Monte Saint-Michel, auténtica joya del gótico normando y uno de los conjuntos monásticos más espectaculares de Europa. Hay que pagar para visitarla.
  • La Grande Rue, la calle principal del islote, repleta de antiguas casas, pequeños comercios y restaurantes.
  • Las murallas, desde donde se obtienen magníficas vistas sobre la bahía y las mareas. Se visitan libremente.
  • La iglesia parroquial de Saint-Pierre, dedicada al patrón de los habitantes del monte.
  • La bahía del Monte Saint-Michel, que puede recorrerse mediante visitas guiadas para conocer el fenómeno de las mareas y las arenas movedizas.

Cuando lleguéis debéis aparcar el coche en los grandes aparcamientos situados a unos 2,5 km del Mount Saint Michelle (de pago, en julio y agosto) y tomar el shuttle bus o andar hasta el Mount Saint Michelle (uso 30’ de paseo, muy agradable, sobre una pasarela).

Guía para visitar el Mount Saint Michel

6. MERCADO DE LAS OSTRAS DE CANCALE

Uno de los lugares más curiosos de nuestro viaje a Bretaña fue, sin duda, el Mercado de las Ostras de Cancale.

Más que un mercado tradicional, se trata de una pequeña sucesión de puestos instalados junto al puerto donde los propios productores venden las ostras cultivadas en la bahía. La experiencia es sencilla, auténtica y completamente ligada a la identidad gastronómica de Bretaña.

La tradición ostrícola de Cancale se remonta a la época romana, aunque alcanzó su máximo esplendor durante los siglos XVIII y XIX. Las particulares condiciones de la bahía, con fuertes mareas y aguas ricas en nutrientes, favorecen el crecimiento de ostras de gran calidad, reconocidas con diferentes sellos de origen.

Lo mejor del mercado es que puedes comprar las ostras directamente al productor y degustarlas allí mismo, frente al mar. Cada puesto las abre en el momento y las sirve acompañadas únicamente de un trozo de limón. Además, resultan muy baratas, bastante por debajo del euro la pieza, incluso las de mayor tamaño.

Nosotros lo acompañamos con una sidra local, algo que os recomiendo. Fue uno de los lugares que más disfrutamos en nuestra ruta en coche por Bretaña.

Además, hay que echar un vistazo a los criaderos de ostras, visibles durante la bajamar, cuando quedan al descubierto cientos de mesas de cultivo.

Cancale

7. SAINT-MALO, LA CIUDAD DE LOS CORSARIOS

De Cancale nos fuimos a Saint-Malo, donde nos alojamos. Son duda, Saint-Malo es otra de las ciudades obligadas que ver en Bretaña.

Rodeada por imponentes murallas de granito y completamente abierta al mar, esta histórica ciudad portuaria combina un extraordinario patrimonio monumental con algunas de las playas más bonitas de la costa bretona.

Aunque durante el verano recibe numerosos visitantes, basta pasear por sus calles o recorrer el adarve de las murallas para comprender por qué está considerada una de las ciudades imprescindibles que ver en Bretaña. Lo cierto es que tampoco en Saint-Malo encontramos ningún turismo de masas, ni mucho menos.

Saint-Malo

Los orígenes de Saint-Malo se remontan al siglo VI, cuando unos monjes procedentes de Gales fundaron un pequeño asentamiento en una isla rocosa. Sin embargo, su verdadero desarrollo llegó durante la Edad Media gracias a su excelente puerto natural. Entre los siglos XVII y XVIII alcanzó una enorme prosperidad gracias a los célebres corsarios malouins, navegantes autorizados por la Corona francesa para atacar barcos enemigos.

Hoy resulta difícil imaginar que buena parte de la ciudad sea una reconstrucción moderna. Sus estrechas calles empedradas, las plazas animadas y las sólidas casas de granito conservan intacta la atmósfera de la antigua ciudad corsaria.

Saint-Malo

Nosotros recomendamos dedicar al menos tres o cuatro horas a recorrer el recinto amurallado (aunque lo ideal sería media jornada, que nosotros no tuvimo) y, si la marea lo permite, acercarse caminando hasta las pequeñas islas fortificadas situadas frente a la costa. Es una de esas ciudades donde merece la pena perderse sin un itinerario fijo, descubriendo rincones con vistas al océano a cada paso.

Los principales lugares que ver en Saint-Malo son:

  • Las murallas, construidas entre los siglos XII y XVIII, permiten rodear completamente la ciudad disfrutando de magníficas vistas sobre el puerto, las playas y el océano. Es, probablemente, el paseo más bonito de Saint-Malo.
  • La catedral de Saint-Vincent, levantada entre los siglos XII y XVIII, combina elementos románicos y góticos y conserva las tumbas de destacados marinos y exploradores vinculados a la ciudad.
  • El castillo de Saint-Malo, antigua residencia de los duques de Bretaña y posteriormente fortaleza real francesa. Actualmente alberga el Museo de Historia de la Ciudad y ofrece excelentes panorámicas desde sus murallas.
  • El Fuerte Nacional, construido en 1689 por el ingeniero Vauban para proteger el puerto. Puede visitarse durante la bajamar, cuando un camino de arena lo conecta con la ciudad. Nosotros no coincidimos con la marea baja, de manera que no lo pudimos visitar.
  • La playa de Bon-Secours y la piscina de agua de mar, uno de los lugares más fotografiados de Saint-Malo. Desde aquí se obtiene una de las mejores perspectivas del recinto amurallado y del litoral bretón.

Saint-Malo

8. DINAN, LA CIUDAD MEDIEVAL MEJOR CONSERVADA

Si tuviéramos que elegir la ciudad medieval más bonita de toda nuestra ruta en coche por Bretaña, probablemente sería Dinan.

Rodeada por casi tres kilómetros de murallas y situada sobre una colina que domina el río Rance, conserva un casco histórico excepcional donde parece que apenas haya transcurrido el tiempo.

Pasear por sus calles empedradas, entre casas de entramado de madera y antiguos palacios de comerciantes, fue uno de los momentos que más disfrutamos del viaje.

Dinan

A diferencia de otras muchas ciudades medievales, Dinan apenas sufrió transformaciones urbanísticas en los siglos posteriores, lo que explica el magnífico estado de conservación de su centro histórico.

Uno de los mayores atractivos consiste simplemente en recorrer la ciudad sin prisas. Las calles están llenas de pequeños comercios, galerías de arte y cafeterías instaladas en edificios históricos.

Dinan

Además, el descenso hasta el antiguo puerto permite contemplar una de las imágenes más conocidas de Bretaña: la empinada Rue du Jerzual, considerada una de las calles medievales más bonitas de Francia.

Los principales lugares que ver en Dinan son:

  • Las murallas, que pueden recorrerse parcialmente y ofrecen excelentes vistas sobre la ciudad y el valle del Rance. El paseo por el adarve es gratuito.
  • La Rue du Jerzual, una espectacular calle medieval que comunica el centro histórico con el puerto fluvial y concentra numerosos talleres artesanales. Es, quizás, la calle más bonita que ver en Bretaña.
  • La basílica de Saint-Sauveur, cuyo origen se remonta al siglo XII y que combina elementos románicos y góticos.
  • El puerto de Dinan, uno de los rincones más pintorescos de la ciudad, ideal para pasear junto al río o disfrutar de alguna terraza.
  • Place des Merciers y la Place des Cordeliers. Dos placitas preiosas, con varios edificios de entramado de madera.

Dinan

9. CARNAC Y EL MAYOR CONJUNTO MEGALÍTICO DEL MUNDO

Carnac es uno de los lugares más fascinantes de Bretaña y una visita completamente diferente al resto de la ruta.

Mientras que castillos y ciudades medievales dominan buena parte del itinerario, aquí el protagonismo corresponde a la Prehistoria. Sus famosos alineamientos de menhires constituyen el conjunto megalítico más importante del mundo y siguen siendo uno de los grandes misterios arqueológicos de Europa.

Hace aproximadamente entre 6.500 y 4.500 años, las comunidades neolíticas levantaron más de tres mil piedras distribuidas en varios kilómetros de longitud. A pesar de las numerosas investigaciones realizadas durante las últimas décadas, todavía no se conoce con certeza cuál fue su función.

Visitar Carnac

Algunas teorías apuntan a un uso religioso o ceremonial, mientras que otras los relacionan con observaciones astronómicas o con antiguos espacios funerarios. Sea cual sea su significado, caminar entre estos monumentos prehistóricos produce una sensación difícil de describir.

Para visitar Carnac hay que dejar el coche el aparcamiento y recorrer los senderos, que son gratuitos. También se puede optar por una visita guiada, pero es el francés.

Hay varios itinerarios, pero nosotros recorrimos el que permite rodear los alineamientos de Ménec, el conjunto más famoso, con más de mil menhires perfectamente alineados.

Muy cerca de los alineamientos de Carnac se alza el Gigante de Manio, uno de los menhires más espectaculares de la región. Con una altura cercana a los 6,5 metros, destaca por su imponente presencia en medio del bosque y por encontrarse prácticamente aislado, lo que le confiere un aire aún más enigmático. También hay un aparcamiento cerca. Desde ahí, un sendero de 5 minutos nos lleva al menhir.

Otros alineamientos famosos son los de Kermario y los de Kerlescan, menos concurridos y con un entorno especialmente tranquilo.

alineamientos de Ménec en Carnac

10. VANNES, LA JOYA MEDIEVAL DEL GOLFO DE MORBIHAN

Vannes fue la última parada de nuestro viaje a Bretaña y un magnífico broche para una ruta de cinco días.

Situada a orillas del golfo de Morbihan, una de las bahías más bellas de Francia, combina un cuidado casco histórico medieval con un animado puerto deportivo y un ambiente muy agradable.

Fundada por los romanos con el nombre de Darioritum, la ciudad adquirió una gran importancia durante la Edad Media como residencia de los duques de Bretaña y centro comercial del sur de la región.

Sus murallas protegieron la ciudad durante siglos y, gracias a ellas, buena parte del casco antiguo ha llegado hasta nuestros días en un magnífico estado de conservación. Las características casas de entramado de madera, muchas de ellas construidas entre los siglos XV y XVII, reflejan la prosperidad que alcanzó Vannes gracias al comercio marítimo y a su privilegiada ubicación junto al golfo de Morbihan.

Nosotros recomendamos dedicar al menos medio día a recorrer la ciudad. Su centro histórico es relativamente compacto y puede visitarse cómodamente a pie, aunque lo ideal es tomarse tiempo para disfrutar del puerto y del ambiente de sus calles.

Entre los principales lugares que ver en Vannes destacan:

  • El casco histórico, uno de los mejor conservados de Bretaña, con numerosas calles peatonales repletas de casas de entramado de madera, pequeñas plazas y edificios históricos.
  • Las murallas y los jardines de las Murallas, que conservan torres, baluartes y un precioso jardín de inspiración francesa a sus pies. Es uno de los rincones más fotografiados de la ciudad.
  • La catedral de Saint-Pierre, construida entre los siglos XII y XIX, que combina elementos románicos, góticos y renacentistas y alberga las reliquias de san Vicente Ferrer, fallecido en Vannes en 1419.
  • El puerto deportivo, situado a pocos pasos del centro histórico, donde se concentran numerosos restaurantes y cafeterías. Es el lugar perfecto para pasear al atardecer o embarcar en una excursión por el golfo de Morbihan.
  • La Porte Saint-Vincent y la Place Gambetta, la entrada monumental al casco antiguo desde el puerto y uno de los espacios con más ambiente de la ciudad. Muy cerca se encuentra también Vannes y su mujer (Vannes et sa Femme), una curiosa escultura policromada del siglo XVI que se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad.

Estos son 10 de los lugares más bonitos que ver en Bretaña. Al menos, en la parte occidental de la región, que es lo que pudimos visitar en nuestra ruta en coche por Bretaña.

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