Cráter de Darzava

En pleno desierto de Karakum, en Turkmenistán, existe uno de los lugares más sorprendentes y extraños del planeta: el cráter de Darvaza, conocido mundialmente como la “Puerta al Infierno”.

El cráter de Darvaza és una enorme oquedad en llamas que lleva ardiendo desde hace más de cincuenta años y que se ha convertido en uno de los mayores atractivos que ver en Turkmenistán.

Ver este lugar en persona es una experiencia difícil de olvidar. El fuego, el calor, el olor a gas y la inmensidad del desierto crean una escena casi irreal, como si se tratara de otro planeta. Pero detrás de esta imagen tan impactante hay una historia geológica y humana muy curiosa.

En este artículo os contamos dónde se encuentra exactamente, cómo se originó, por qué sigue ardiendo y cómo fue nuestra visita al cráter de Darvaza.

Cráter Darvaza de Turkmenistán

DÓNDE ESTÁ EL CRÁTER DE DARVAZA

El cráter de Darvaza se encuentra en el desierto de Karakum, una enorme extensión de arena que ocupa gran parte del territorio de Turkmenistán. Está situado cerca del pequeño pueblo de Darvaza (también escrito Derweze), aproximadamente a unos 260 kilómetros al norte de Asjabad, la capital del país.

Llegar hasta allí no es especialmente sencillo. La mayoría de viajeros lo hacen en excursiones organizadas en vehículos 4×4, ya que gran parte del recorrido transcurre por pistas de tierra en medio del desierto, sin apenas señalización ni referencias claras.

El entorno es completamente árido y aislado. No hay grandes poblaciones cerca ni infraestructuras turísticas desarrolladas. Precisamente ese aislamiento contribuye a que la experiencia resulte tan especial.

El cráter principal mide aproximadamente entre 60 y 70 metros de diámetro y unos 30 metros de profundidad, aunque las cifras pueden variar ligeramente según la fuente. Desde lejos ya se aprecia el resplandor anaranjado, especialmente al caer la noche.

QUÉ ORIGINÓ EL CRÁTER DE DARVAZA

Aunque existen varias versiones sobre su origen, la más aceptada sitúa el nacimiento del cráter en el año 1971, durante la época de la Unión Soviética.

En aquella época, geólogos soviéticos estaban realizando perforaciones en busca de petróleo y gas natural en esta zona del Karakum, muy rica en hidrocarburos. Durante una de esas perforaciones, la plataforma de perforación atravesó una gran cavidad subterránea llena de gas natural.

El terreno, formado por sedimentos blandos y poco estables, no soportó el peso de la maquinaria y colapsó de forma repentina. La torre de perforación y gran parte del campamento quedaron engullidos por el hundimiento, formando así el enorme agujero que hoy conocemos como el cráter de Darvaza.

Algunos geólogos locales sostienen que el colapso pudo haberse producido en los años 60 y que el incendio comenzó más tarde, en los años 80, por lo que los detalles exactos siguen siendo algo confusos. Los archivos soviéticos de aquella época son escasos o inaccesibles, así que parte de la historia sigue envuelta en cierto misterio.

POR QUÉ ARDE Y CUÁNTO TIEMPO DEBERÍA DURAR

Tras el colapso, comenzaron a liberarse grandes cantidades de gas metano desde el subsuelo. Esto suponía un problema importante, ya que la acumulación de gases podía resultar peligrosa tanto para los trabajadores como para las pequeñas poblaciones cercanas.

Para evitar una fuga masiva de gases tóxicos, los ingenieros soviéticos tomaron una decisión aparentemente sencilla: prender fuego al cráter para que el gas se consumiera rápidamente.

La idea era que el incendio duraría apenas unos días o, como mucho, unas semanas. Sin embargo, se equivocaron.

Cráter Darvaza de Turkmenistán

El yacimiento subterráneo era muchísimo más grande de lo que imaginaron y el suministro de gas resultó prácticamente constante. Desde entonces, el cráter ha permanecido ardiendo sin interrupción durante más de cinco décadas, convirtiéndose en uno de los fuegos más largos y famosos del mundo.

En 2022, el gobierno de Turkmenistán anunció su intención de apagar definitivamente el cráter de Darvaza, tanto por razones medioambientales como económicas, ya que se trata de una importante pérdida de gas natural. En los últimos años se han perforado nuevos pozos alrededor para capturar metano y reducir la intensidad del fuego, y de hecho las llamas parecen haber disminuido bastante respecto a décadas anteriores.

Aun así, el cráter sigue activo y nadie puede asegurar con exactitud cuándo dejará de arder por completo.

interior Cráter Darvaza de Turkmenistán

LOS OTROS CRÁTERES DEL KARAKUM

Aunque el cráter de Darvaza es el más famoso, no es el único. En esta zona del desierto de Karakum existen varios cráteres más relacionados con la actividad gasística de la región.

Durante nuestra ruta nos detuvimos en dos de ellos. Uno de los más llamativos era un cráter con una laguna de aguas turquesas burbujeantes en su interior. La imagen resultaba sorprendente: en medio del desierto, una especie de piscina natural de color azul intenso que parecía completamente fuera de lugar.

Su origen también está relacionado con el gas natural. En este caso, el subsuelo libera gases que emergen a través del agua, provocando ese constante burbujeo visible desde la superficie. La composición mineral del terreno y los sedimentos ayudan a darle ese característico color turquesa.

No se trata de un lugar para bañarse ni mucho menos, sino de otra manifestación geológica de la enorme riqueza gasística del Karakum.

Cráter del Karakum en Turkmenistán

El segundo cráter era mucho más discreto, pero igualmente interesante. Menos espectacular visualmente, permitía entender mejor que toda esta zona funciona como una gran reserva subterránea de gas y que Darvaza no es una excepción aislada, sino parte de un fenómeno mucho más amplio.

Cráter del Karakum en Turkmenistán

Cráter del Karakum en Turkmenistán

Cráter del Karakum en Turkmenistán

NUESTRA VISITA AL CRÁTER DE DARVAZA

Llegamos al cráter de Darvaza justo antes del anochecer, algo que recomendamos totalmente. Poder verlo con los últimos rayos de sol del día permite apreciar mejor sus dimensiones reales y el contraste entre la arena del desierto y el enorme agujero en llamas.

Cráter de Darvaza

Sin embargo, es cuando cae la noche cuando realmente se aprecia bien el cráter.

La oscuridad transforma completamente la escena. El resplandor anaranjado ilumina todo el entorno y el fuego parece mucho más intenso. Es entonces cuando entiendes perfectamente por qué lo llaman la “Puerta al Infierno”.

Cráter de Darvaza

El olor a gas se nota muchísimo desde bastante distancia. No es algo exageradamente molesto, pero sí muy evidente durante toda la visita. En el interior pueden verse varios lugares donde el fuego emerge con más fuerza, aunque no se trata de una superficie completamente cubierta por llamas uniformes, sino de distintos focos de fuego repartidos por el cráter.

Una valla de protección protege a los visitantes, aunque es posible acercarse bastante hasta el borde del cráter, siempre con precaución. La sensación de asomarse y notar el calor saliendo desde abajo impresiona bastante.

Además, una suave colina cercana permite observar el cráter desde algo más de altura, ofreciendo una perspectiva todavía mejor y permitiendo hacer algunas de las mejores fotografías del lugar.

Mientras nosotros visitábamos el cráter, nuestro guía preparaba la cena. Fue una cena sencilla, a base de ensaladas y pollo, pero muy sabrosa. Después de varias horas de carretera y desierto, aquello supo muchísimo mejor de lo esperado.

Esa noche dormimos en pequeñas yurtas para dos personas. Eran muy simples, con apenas una cama que no era mucho más que una tabla con un colchón encima, pero fue más que suficiente para pasar la noche.

yurtas en Cráter de Darvaza

No había lujos, pero tampoco hacían falta. Dormir en mitad del desierto, a pocos kilómetros de uno de los lugares más extraños del planeta, ya era una experiencia inolvidable por sí sola.

La visita al cráter de Darvaza resulta obligado en cualquier viaje a Turkmenistán y la verdad es que a nosotros no nos defraudó en absoluto.

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